El fallido Nunca Más del gobierno

Todos los orientales espiritualmente sanos desean fervientemente que nunca más se produzcan enfrentamientos violentos entre compatriotas. No obstante y desgraciadamente, la sociedad uruguaya aparece fracturada en torno al posicionamiento frente a los muy tristes y dolorosos hechos de violencia política que azotaron al país desde principios de la década de 1960 y durante el período de facto.

La nefasta resolución del Presidente de la República de escenificar el día 19 de Junio – nada menos que en el natalicio del Prócer y en medio de un mensaje muy confuso – el Día del Nunca Más, ciertamente, no hizo otra cosa que pronunciar la fragmentación preexistente.

Una de las pruebas de lo que venimos de señalar, pasa por la presurosa decisión presidencial de desactivar su idea original respecto del acto del 19 de Junio (desfile militar incluido) en razón de las gruesas disonancias verificadas al interior de su propia fuerza política.

La otra prueba, la más evidente, radica en los tibios apoyos recibidos y, en cambio, los tajantes distanciamientos que generó el acto en sí mismo: una muy escasa concurrencia de público, todos los partidos políticos divididos, y la enorme mayoría de las organizaciones sociales, gremiales y estudiantiles, que le dieron rotundamente la espalda a la convocatoria (contra-actos y escraches también incluidos)

Notoriamente, así no se construye ni edifica la tan ansiada y no menos manoseada reconciliación nacional. Reconciliación que se mostraba como francamente improbable con el advenimiento del gobierno del Frente Amplio (prometiendo en su campaña electoral mantener la plena vigencia de la Ley de Caducidad y derogándola en los hechos a partir del 1/3/2005) y que luego del Día del Nunca Más se ha alejado otra vez.

Estamos plenamente convencidos de que la gran mayoría de los uruguayos no quiere revisionismos ni revanchismos; la gente está cansada del constante desfile de testigos e indagados por la sede de los juzgados penales (en buena medida un show o circo mediático que distrae la atención respecto de otras acuciantes preocupaciones ciudadanas); la población está saturada de que la noticia recurrente de todos los días sea la nueva denuncia excluida por el Poder Ejecutivo de la Ley de Caducidad (sobre delitos todos prescriptos)

Por eso se equivocaron algunos oportunistas que concurrieron al acto pensando mucho más en supuestos réditos electorales que en el dictado de su conciencia. Olvidan que la vida de los hombres y de las sociedades se sustenta imprescindiblemente en una escala de valores que éticamente privilegia el compromiso con la verdad histórica, y la coherencia y la lealtad para con los principios y convicciones que se profesan.

Decíamos que el mensaje del Presidente de la República y del Gobierno en torno al tema, no fue claro. Se refirió explícita y reiteradamente al Nunca Más Terrorismo de Estado; pero no expresa ni directamente al Nunca Más Terrorismo Tupamaro, que fue ­ históricamente – su factor desencadenante.

Dejemos a Artigas (factor aglutinador entre orientales por excelencia) en su sitial superior, lo más lejos posible de los desencuentros entre orientales. Busquemos la verdadera reconciliación nacional recurriendo a un viejo y sabio instituto del Derecho que ha desafiado el paso de los siglos, la amnistía. Vayamos a las leyes de amnistía vigentes (mejorándolas si es necesario) como lo han hecho en otros tiempos y contemporáneamente otros pueblos, que se vieron aquejados de violencias tan o más desgarradoras que las nuestras. *

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