Aclarando posiciones
Siempre discrepo y repudio los imperios ya sean de derecha como de izquierda. Y también por similares razones repudio las dictaduras ya sean de un lado como del otro. Tal vez, pienso que por ser hijo de un país pequeño y descendiente de otro similar, Uruguay y Euskadi, con realidades también similares geopolíticas entre dos monstruos, me hacen tener profunda antipatía y asco por el desborde y abuso del grande sobre los derechos legítimos del chico o del más débil. Planteado este preámbulo, aclaro que también en la realidad latino indo americana, he marcado defendiendo con simpatía a Chávez y su revolución bolivariana venezolana. La izquierda americanista se quedaba sin líderes. Por una razón de ciclo vital y sin desearle la muerte a nadie como cristiano que soy, a Castro le queda un razonable tiempo limitado. Si bien es un ejemplo marxista mucho más que un vago nacionalismo, no obstante ello, justo es reconocerle que ha sido un representante emblemático contra el desborde imperial yanqui. Eso es real, mal que tenga que reconocerlo yo que no soy marxista y sí muy nacionalista. Pero fue, en América, el que enfrentó por décadas esa realidad si bien con el apoyo del otro imperio, el soviético.
Pero ante el declive castrista agravado por la caída del comunismo del cual, objetivamente, Fidel fue su súbdito por necesidad o por lo que fuere en el continente quedaba acéfalo aparentemente el cargo de marras. Y surge Chávez. En su trono giraba todo un esquema nacionalista original bolivariano sin apoyo de ningún imperialismo, como fue el soviético, que agrandaba su mérito de enfrentar solito nada menos que al imperio más grande y tal vez poderoso de los tiempos. ¡Por supuesto que cometió errores! ¡El haber intentado un golpe de estado vaya si lo fue! Pero posteriormente, limpió con el codo lo que erró con la mano. Y a partir de allí creó una imagen y conciencia antiimperialista tratando de lograr un frente continental con países ideológicamente afines, como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, etc. Y particularmente en un sutil proyecto de crear un frente petrolero con naciones árabes, de autodefensa mutua. No subordinándose a imperios, diferencia sustancial con Castro, sino con la independencia de una asociación de la que nadie podía imaginar que los socios árabes podrían tener intervenciones más allá de un block natural de intereses y autodefensas de sus riquezas que a la postre era y es la ambición inoculta del imperio. La posesión del oro negro. Hasta allí macanudo.
Me simpatizaba y si así siguiera siendo, me simpatizaría a rabiar. Pero lo tengo últimamente en stand by. A aquel Chávez que apareció blandiendo un librito de la Constitución bolivariana revolucionaria con un rosario con el crucifijo bien visible en ristre de hace un par de años, lo veo cambiante. No me parece y quisiera, lo digo sinceramente, no equivocarme, ver al mismo nacionalista actual. Y no lo digo sólo por la ausencia del rosario y el crucifijo, que constata que no lo blande ya. No es por cierto, por una ausencia mística que puede tomarse como engañosa que por supuesto tampoco me parece bien. Sino por las actitudes autoritarias que pasan a arbitrarias como el caso del cierre de la prensa opositora.
No simpatizo específicamente con esa prensa que también intervino desembozadamente en el golpe organizado por los yanquis en apoyo a Carmona. Pero un cáncer no se combate con otro cáncer.
No es sellando la libertad de prensa opositora como se combate el totalitarismo y desborde contrario. Es con ideas, con ejemplos, sacando el pueblo a la calle como el propio Chávez lo hizo en su momento. Siendo ese propio pueblo venezolano quien lo liberó de las tropas carmonistas vende patrias. Si el cierre inclusive, hubiese sido en la ocasión del golpe de Carmona, probado el hecho, el cierre era justiciable. Pero, años después, aprovechando la ocasión del término del permiso, deja un tufo a totalitarismo difícil de digerir. El atentar en su momento contra el gobierno hubiese sí sido, la oportunidad y no ahora donde incluso se amenaza a la demás prensa con situaciones similares. O sea, «si no me gusta lo que publicás, te cierro». No es democrático ni se permite en los hechos la libertad de prensa. Y eso, empieza a oler abiertamente a régimen totalitario. Cierto también es que hay hechos e intervenciones que agravan situaciones y pueden llegar hasta justificar porque no, reacciones nacionales legítimas. Lo de Uribe, ofreciendo la cadena Caracol colombiana para hacer transmisiones del canal cerrado venezolano, es una clara y evidente intervención en asuntos internos de Venezuela, que transforma la situación tan ríspida tanto de un lado como del otro. Si Chávez optase por medidas más contundentes, aunque fuese lamentable en ese respecto, tendrá razón. La salida de Lula, heredero de la diplomacia portuguesa muy fina por cierto a través del tiempo, no deja de ser lógica. En última instancia, es un problema de Venezuela que sólo ellos deben resolver según su leal saber y entender.
Pero cabe agregar, que sería de desear en democracia y respetando las libertades y derechos de todos. En estas realidades, los extremos se tocan. Por supuesto, el defenderse de los imperios es válido y como nacionalista, lo apoyo.
Pero el cierre de la prensa es muy delicado. Supimos estar en su momento en contra hace muchos años, de cierres de periódicos como Ya, De Frente, incluso El Popular, discrepando obviamente con sus prédicas como blancos que éramos y seguimos siendo. Y aunque hoy, el sol no está pegando en las sienes, no cambiamos de trillo ni posición. Ni aquí, ni en ninguna parte del mundo.
La arbitrariedad no se combate con arbitrariedades opuestas y similares. Tanto para atacar como para justiciar. *
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