La sociedad discute su futuro

A la corta o a la larga, dice el saber popular… los resultados de las decisiones que se toman hay que asumirlos, sufrirlos o disfrutarlos según el grado de acierto o error. Escribo estas líneas pensando que aunque anuncios catastróficos anteriores no tuvieron correspondencia con la realidad, hoy nuevamente los oráculos vislumbran futuros de espanto.

No es difícil de entender que la Rendición de Cuentas, ya no más de «gasto cero», sea tema de debate. Puede sí, sorprender que blancos y colorados griten «es poco», luego de que los legisladores del gobierno acordaran la fórmula para darle a la enseñanza 30 millones de dólares más. Aunque sea difícil entender cómo se hace para bajar los impuestos y aumentar los recursos para la enseñanza, yo me congratulo del cambio. Enorme cambio. Por fin todos estamos de acuerdo en que la educación es una prioridad impostergable.

Hay debate por la reforma impositiva que dijo basta y se echó a andar y también apocalípticas afirmaciones se cuelan en discursos cuasi histéricos. Otro tanto pasa con la reforma de la Salud, aprobada en Comisión de la Cámara de Senadores.

Unos ganan y otros pierden, cuando hay cambios tan importantes en la sociedad. La diferencia está en si los que pierden tienen capacidad de hacerse escuchar o no. Si tenemos en cuenta la forma en que han sido abordados por los grandes medios de comunicación masiva estos cambios, puede concluirse que pierden sus dueños, amigos, correligionarios y parientes.

Todos ganan algo, en pocas ocasiones. Una lectura más atenta de la suma de los efectos de las reformas propuestas parece sugerir que los grandes intereses no son gravemente afectados y los sectores de menos recursos verán incrementada su capacidad adquisitiva de inmediato. Algún sector verá reducidos sus ingresos a corto plazo, pero más adelante recibiría a cambio beneficios tangibles. En la medida en que se cambie el rumbo de una sociedad que caminaba hacia el abismo, sería posible mejorar la convivencia y avanzar hacia otras formas de relación social. Todos podríamos ganar algo si no medimos sólo los aspectos monetarios de la redistribución. Para los insatisfechos y los que se sienten amenazados, en poco tiempo serán perceptibles los efectos generales de las reformas. Podrán corregirse rumbos y llegarán encrucijadas en las que deberá resolverse por uno u otro camino.

Seguramente que entonces habrá nuevos conflictos y nuevos desafíos. No es un problema de creer o no en las clases y sus luchas. Existen.

Todos pierden mucho, si nos enredamos en lo anecdótico, lo transitorio y lo que no es sustancial. No es fácil para cada sector tener una perspectiva global, menos lo es para cada uno de nosotros. Todos y cada uno vemos la feria según nos va en ella. Una visión compartida por amplias mayorías, del futuro a construir, es mejor que la polarización inmediata y extrema de la sociedad. No es razonable esperar unanimidades, pero sí que los corporativismos no hagan perder la noción de país. Y mucho menos el rumbo.

Creo que ha sido ejemplar la actitud de la bancada de gobierno. No se acatan visiones y mandatos cupulares, se discute y se buscan alternativas y si no hay acuerdo se vota en un ámbito plural para decidir, por dos tercios (amplia mayoría) lo que votarán todos. Es un gran desafío para la oposición, cuyas definiciones involucran a la gente en la discusión, en el análisis de las cosas. Eso no tiene marcha atrás, el que lo haga bien políticamente gana.

Y la sociedad nutre su interés sobre temas que le atañen directamente. Los medios, si legitiman el debate, lo hacen ahora y para siempre.

Las grandes reformas están en marcha, su rumbo está en líneas generales definido. Podrá ser (o parecer) zigzagueante, pero hay grandes definiciones que son compromisos ineludibles.

La tolerancia a la espera, o a los desvíos, no es infinita.

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