Sin cambios fundamentales en el Mercosur
U ruguay asumió un nuevo período de presidencia en el Mercosur, pero la reunión de Asunción, más allá de las palabras elogiosas y esperanzadas, no redundó en el logro de soluciones para algunos problemas apremiantes de los socios chicos del bloque, agobiados por las enormes asimetrías.
Al parecer, como posibilidad significativa se obtuvo que Brasil y Argentina aceptaran comenzar a discutir una vieja reivindicación de Uruguay y Paraguay, de que se les admita como propios, bienes industriales que tengan componentes importados de hasta un 55%, proporción que será considerada como originaria del bloque y sobre la que no se aplicaría el llamado Arancel Externo Común.
De consolidarse esa salida, Uruguay y Paraguay podrían incrementar sus exportaciones y atraer, a la vez, inversiones interesadas en la apertura que tendría el comercio regional para ciertos productos de elaboración nacional. Sin embargo el manido tema no es la primera vez que se plantea, En ocasiones anteriores Argentina se opuso tenazmente a la decisión aduciendo que con la misma se abría la puerta a empresas de procedencia china, que seguramente se instalarían en territorio uruguayo, con el fin de explotar ese beneficio abierto por el Mercosur para los países menores.
En el capítulo de las trabas no arancelarias tampoco se avanzó mayormente en esta reunión, por lo cual los exportadores uruguayos seguirán expuestos a los arbitrios de aduanas, parlamentos estaduales o diversos organismos de los países limítrofes, que detienen los vehículos cargados con productos uruguayos, todos ellos en regla y cumpliendo plenamente cada uno de los mecanismos establecidos en la unión aduanera.
Sin embargo, los «filtros» muchas veces se hacen infranqueables y, lamentablemente, los perjuicios para las empresas uruguayas se vuelven irreparables. Recordemos el caso de las bicicletas y de las cubiertas de vehículos reconstruidas que, durante meses, lucharon en contra de todo tipo de trabas de la Argentina sin poder nunca traspasar la maraña burocrática interpuesta.
Del lado brasileño las trabas no arancelarias han sido también de todo tipo y color. Desde los piquetes de presuntos «productores» de arroz en la frontera, que se oponen al paso de los camiones, hasta las decisiones de los parlamentos estaduales o las medidas bromatológicos, absolutamente inesperadas, que también dificultan el libre comercio.
En Brasil, el nivel de dificultades es tan alto para la producción uruguaya que es reconocido hasta por el propio gobierno brasileño. Recordemos que en un pasado encuentro de presidentes del Mercosur realizado en Brasilia, el presidente Lula ordenó transportar –como gesto de buena voluntad– agua mineral uruguaya, directamente por vía aérea, para evitar los «trancazos» conocidos, si la importación se hubiera realizado por los conductos habituales.
Así las cosas, los presidentes del Mercosur enfatizaron en su declaración final de la cumbre de Asunción la necesidad de retomar las conversaciones iniciadas en 1999 con la Unión Europea (UE) para firmar un ambicioso acuerdo de asociación política y comercial.
Estas negociaciones están estancadas hace meses y el Mercosur las quiere resucitar antes de que finalice el año para recuperar el tiempo que se perdió esperando que la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) diera los frutos suficientes como para cerrar el acuerdo.
Sin embargo, hasta el momento todas parecen expresiones de buena voluntad, envueltos los países en un crecimiento inusual provocado por las favorables condiciones internacionales que, en alguna medida, determinan que alguno de ellos menosprecie el comercio interregional.
La historia ha demostrado que los procesos económicos en una y otra dirección no son permanentes, por ello es necesario afirmar los lazos de interrelación entre los países vecinos que, en cuando se ingrese en el azimut, son un respaldo comercial firme y permanente. *
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