A medida que pasa el tiempo, se advierte con más claridad la torpeza criminal de la invasión a Irak. Cada día las agencias de noticias internacionales nos informan de más y más muertos en cifras que deberían obligar a reflexionar a la Casa Blanca y sus aliados. Además de la destrucción material causada por los ejércitos invasores, además de los daños económicos, el precio en vidas humanas resulta francamente indecente.
Hace un año escribíamos lo siguiente:
Desde que el 11 de setiembre de 2001 EEUU sufrió los brutales atentados que destruyeron las Torres Gemelas y causaron miles de víctimas inocentes, la espiral de violencia ha adquirido un ritmo vertiginoso.
Como era de prever, aquel ataque criminal tuvo por efecto unificar a la clase política y a la opinión pública estadounidense. Con el orgullo imperial herido, la Casa Blanca no tuvo dificultad en obtener el apoyo casi unánime para responder a su manera: con más violencia. Una violencia –dicho sea de paso– que también se manifestó hacia el interior de los EEUU por medio de medidas liberticidas que cercenaron los derechos y garantías constitucionales en aras del supremo fin de combatir el terrorismo y ‘defender a la patria en peligro’. Una violencia que se resumió en la amenazadora expresión de Bush: ‘el que no está con nosotros, está en contra nuestra’.
Para justificar esa nueva incursión bélica, la Casa Blanca se ocupó de convencer al mundo de que el gobierno dictatorial de Saddam Hussein estaba en posesión de temibles armas de destrucción masiva. Armas atómicas, químicas y biológicas conformaban un arsenal de funesto poder letal que podía ser usado en cualquier momento contra cualquier país occidental. A esa cruzada contra el mal liderada por EEUU se unieron en santa alianza la Inglaterra del laborista Blair, la Italia de Berlusconi y la España de Aznar. A sangre y fuego los aliados lograron derrocar el régimen de Saddam Hussein, capturaron al dictador y ocuparon el país.
No obstante, esa fulminante victoria militar se ha ido convirtiendo en una estrepitosa derrota política. Al cabo de cuatro años de guerra, la resistencia interna iraquí ha causado más de dos mil muertos a las tropas de ocupación. Desde luego que las víctimas civiles iraquíes suman decenas de miles, pero la cifra de soldados estadounidenses muertos es demasiado voluminosa, teniendo en cuenta el optimismo de Bush y sus aliados al comenzar la ofensiva.
A esta altura de los acontecimientos, puede decirse que EEUU se halla empantanado. Obligado a mantener la ocupación, sufriendo ataques de ese “ejército de las sombras” que empezó a actuar después de la derrota de las tropas regulares iraquíes, con una opinión mundial adversa y con una opinión pública interna cada vez más opuesta a la guerra, el gran imperio no encuentra salida.
Deberá comprender y aceptar que al terrorismo no se lo combate con terrorismo, pues de ese modo se entra en una espiral de violencia incontrolable”.
Un año después, la situación no ha hecho sino agudizarse, y las víctimas civiles se cuentan por miles cada mes. Todo ello para que la amenaza de nuevos ataques terroristas se mantenga intacta. *
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