Interpelación: el menosprecio al Parlamento y a la oposición
En agosto de 1954 encalló en el Banco Inglés, a poco más de 30 kilómetros de Montevideo, el pesquero «Isla de Flores» del antiguo Servicio Oceanográfico y Pesca.
El pedido de socorro se recibió de inmediato y el destructor «Uruguay» de la Armada Nacional llegó al lugar.
Tras muchos esfuerzos, ocho tripulantes de esta nave consiguieron llegar al barco varado y en peligro. La tormenta arreció y finalmente doce personas murieron ahogadas.
En aquel momento Carlos Quijano, que militaba con su Agrupación Demócrata-social dentro del Partido Blanco, escribió un editorial, «La impertinencia de los muertos», del que extractamos algunas consideraciones.
«… Cuán inconcebible resulta que el país haya asistido, impotente, durante más de treinta horas a la agonía de los náufragos. Ello en este año de 1954, a pesar de todos los perfeccionamientos técnicos–desde la radio hasta el radar– que poseemos; no obstante los millones y millones que gastamos en la marina (…) Lo ocurrido ¿no es una prueba de la desaprensión que nos corroe, de este vivir al día en que nos vamos deslizando, como en una ciénaga, sin previsión, sin ardor ni coraje, bajo el signo de la incompetencia?»
«Ahora se discutirá de quién fue la responsabilidad principal pero tarde o temprano los organismos oficiales retornarán a su cansino ritmo. Pero los muertos, esos sí ya no retornarán. Esos muertos que tuvieron la impertinencia de interrumpir nuestra siesta. Ellos, las víctimas crucificadas en el mástil de su barco, por nuestra incuria, por nuestra satisfecha comodidad, por nuestro mezquino juego de compromisos y de intereses y de silencios».
Casi medio siglo después, la tragedia se ha reiterado. Con algunas diferencias significativas. La del 54 fue en gran medida una lucha contra la inclemencia despiadada de una tormenta que jugó con el rumbo de los navíos y la suerte de sus tripulantes.
Los equipos de salvamento de la Marina llegaron de manera bastante rápida y se aprestaron al socorro. No pudieron ante la intensidad del temporal. Muchos de los miembros del buque socorrista murieron heroicamente luchando contra la naturaleza implacable.
El desgraciado episodio, que fue vivido con angustia por la población montevideana, que dio muestras de su dolor y su solidaridad, fue absolutamente transparente, ante la población, ante la prensa, ante el Parlamento.
No es eso lo que surge hoy, cuando en el Senado se examinan las actuaciones oficiales referidas al hundimiento en Rocha del barreminas «Valiente» que costara la vida a once marineros uruguayos.
Resulta claro que las autoridades del Ministerio de Defensa y de la Marina ocultaron información, dieron una versión radicalmente distinta a los hechos reales, sucesos y circunstancias que ya conocían desde los interrogatorios a los sobrevivientes realizados al día siguiente de la tragedia.
Es absolutamente inadmisible que el ministro de Defensa decida, con el respaldo que sea, falsear o retacear la información que vierte en las comisiones de Defensa del Senado y de la Cámara de Diputados.
Al actuar de esa manera el ministro Brezzo está revelando que no conoce los mecanismos constitucionales que regulan las relaciones entre los poderes.
Está demostrando que no tiene sensibilidad democrática ni respeto real y profundo por el funcionamiento legítimo de las instituciones.
Brezzo expresa el estilo prevaleciente, de impronta sanguinettista, de primacía del Poder Ejecutivo y de menosprecio por el Parlamento como instancia de contralor.
Se actúa así desde un agrupamiento sectario, la mayoría de la coalición de gobierno, contra la oposición, para «cortar el pasto bajo los pies» de las bancadas progresistas en el Parlamento.
El desarrollo del debate mostró, además, que el secreto ministerial tiene finalmente algo de Brancaleone.
Las informaciones «misteriosas» que Brezzo juega a reservarse estaban en manos de los senadores de la oposición por lo que resulta menos entendible que el titular de la cartera se permita la guarangada de celebrar la excelencia de los «servicios de Inteligencia» de que disponía el senador interpelante: en las actividades que gobierna Brezzo no hay posibilidades de ser transparente ni oscuro. La información no se puede brindar, pero tampoco se puede mantener en reserva.
¿No bastaría con esa demostrada inoperancia para que se diera por finalizada su temporada ministerial?
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