Desarrollo sostenible
En la actualidad se habla de participación ciudadana, del poder del pueblo, de que quien manda, manda obedeciendo, de la participación de las bases en la toma de decisiones, en síntesis, se habla de democracia.
La historia de los países ha estado ligada en algún momento a determinada forma de gobierno. Estamos en una época de cambios, de apertura de mercados, de privatizaciones, estamos dentro del proceso de globalización en el que la competencia cada día produce exclusión sectorial tanto humana como ambiental y en donde se ha sentado cada vez mas el crecimiento económico, no así la distribución del mismo.
La paradoja surge de lo antes mencionado: cómo combinar la democracia y su participación ciudadana con la globalización y su exclusión social.
Es difícil concebir esta realidad más hoy en día cuando los comentarios frecuentes de políticos y economistas son: que el que se quede al borde de la globalización seguirá estando sumido en la pobreza, el analfabetismo, y que por tanto si queremos salir del subdesarrollo debemos estar al tanto de la «aldea global» y cumplir los requisitos de confianza, competitividad y estabilidad que ello conlleva. Pero ¿cómo lograremos estos requisitos si aún estamos en un incipiente estado de crecimiento económico (y aun así estamos entrando en los famosos tratados de libre comercio) y si todavía nuestro capital humano no está preparado para sobrellevar todas las presiones de intromisión de cultura que presupone la globalización ¿cómo podemos negociar importaciones y exportaciones en un tratado de libre comercio cuando nuestro aparato productivo no es lo suficientemente fuerte? Tal vez esta acción se vería justificada si se le estuviera dando más apoyo a este sector, pero la realidad es contraria a ello, en vez de apoyar se quita presupuesto destinado a este sector para equilibrar en alguna manera el creciente déficit fiscal.
Si a los ojos de los demás países están los requisitos de confiabilidad, estabilidad y competitividad para ingresar a la globalización y nosotros no cumplimos ni tan siquiera el de confianza ¿cómo nos verán entonces en este escenario donde sólo sobreviven los más fuertes? ¿Estaremos entregando aun más nuestros recursos en las manos de las potencias mundiales? O ¿acaso la riqueza de los más ricos algún día se derramará y generará nuestra propia riqueza?.
Por un lado, la riqueza económica y, por otro, la exclusión social, que trae consigo la búsqueda continua por elevar la eficiencia y la productividad de las empresas. Además de que la concentración de riquezas en unos pocos también genera marginalización, porque la pobreza de muchos alimenta la riqueza de pocos.
Hasta ahora sólo se ha globalizado la pobreza, la corrupción y la delincuencia pero, porque nadie se preocupa de globalizar la ética y la responsabilidad.
También la democracia tradicional se presta para acrecentar la ya de por sí larga lista de «males globalizados» por ejemplo, que la democracia permite a unos pocos tomar decisiones que afectan a muchos, o que dentro de este sistema muchas veces se abre la oportunidad de elegir al más popular y no al más capaz de los candidatos ( que ya de por sí difícilmente representan en sus planes de gobierno las verdaderas necesidades y voluntades del pueblo).
En la mayoría de los países «la democracia es tan mal practicada que empieza y termina con el sufragio ciudadano» y, para colmo de males, este vota por un plan de gobierno que ni tan siquiera fue llamado a conocer y si lo conoce, lo aceptó porque le pareció el menos peor, no porque esté pleno de soluciones – y si las tiene son solo un guiño electoral, por lo tanto coyuntural.
Ante los grandes desafíos grandes soluciones, para empezar es necesario un profundo cambio en la democracia incentivando la participación ciudadana y haciendo que la población en general se inmiscuya en los procesos de desarrollo. «Que sea ella la protagonista de su propio desarrollo».
Es indispensable descentralizar el poder del Estado y dejar en las municipalidades el poder de tomar decisiones para mantener sus propios sistemas educativos y de salud.
Es necesaria la aprobación de mecanismos de participación de las bases tales como el plebiscito y el referendo, así como el fortalecimiento de las mesas agrícolas, culturales, ambientales, de salud y los diálogos nacionales.
La participación de las personas será un incentivo para que puedan cumplir lo que ellos mismos han propuesto y que suponen son las necesidades más urgentes de solucionar.
Todo esto en el marco del desarrollo sostenible es decir integrando el crecimiento económico, el desarrollo social y la protección ambiental, conscientes de que las futuras generaciones también necesitarán usar los recursos que nosotros estamos usando y que muchas veces lo hacemos indiscriminadamente.
Para finalizar, es necesario que el Estado procure por todos los medios apoyar las instituciones que fomenten los valores culturales. Esto sería fundamental para dar inicio a un profundo cambio en busca de la identidad nacional siendo este factor tan importante, que determina el empeño por la búsqueda de un mejor futuro con más y mejores oportunidades para todos… sería justo y admirable lograr el prodigio de cristalizar lo dicho en acto. *
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