Dale gas a la libertad de expresión
Hasta la campaña informativa que se llevara a cabo previo al plebiscito del 7 de diciembre de 2003, nadie o muy pocos periodistas sabían lo que pasaba en el sector energético de nuestro país, y mucho menos en Ancap. Hoy, por suerte para la democracia y el periodismo, hay unos cuantos especialistas, por supuesto todos críticos de lo que se hace en esa materia desde que asumiera el Directorio designado por la administración Vázquez.
Y a mí me parece muy bien.
Si de energía opina un ex ministro que hizo tres caños para traer gas de un país que no puede siquiera autoabastecerse, ¿por qué no puede opinar un periodista que nunca fue titular de una cartera de Estado?
¿No está bien que Escanlar opine sobre la «obsolescencia» de la Refinería desde una página de la sección cultural de un semanario?
¿No sería peor, amigo lector, que además opinara sobre cultura? ¡Bendita prensa!
Entonces ¿por qué Antonio Ladra no puede opinar sobre el error que significa hacer las tareas de mantenimiento en la refinería «en vísperas de invierno?».
Supongo que es partidario de darle un toque más primaveral o veraniego al paro de Refinería, porque no creo que el periodista supiera los stoks de productos en las plantas de Ancap y la disponibilidad en la región en la temporada primavera verano que parece gustarle para los trabajos metalúrgicos.
Tampoco creo que tenga conocimiento de lo informado a la empresa por parte de los principales proveedores de equipos y repuestos acerca de su disponibilidad en esa agradable época del año.
Entonces se preguntará el versátil secretario de Redacción y columnista de la novel publicación, por qué no esperar a que se vaya el invierno y paramos la Refinería en la época en que hay menos consumo de supergás.
Y lógicamente, como buen investigador habrá averiguado que en esas fechas no habría problemas de abastecimiento de los productos necesarios para el transporte, la pesca y levantar varias cosechas en el campo. Estoy seguro que se tomó el trabajo de averiguarlo. Por eso propone hacerlo en temporada más grata para que los 800 trabajadores afectados al mantenimiento de la Refinería no pasen frío por gusto y los usuarios de GLP por necesidad.
También descarto que obtuvo la información necesaria para afirmar que los equipos podían seguir funcionando con un margen de seguridad adecuados, tanto para los operadores como para los vecinos de la zona.
Sabía (como Al Gore) y no dijo nada (ni a Ancap, ni a Torraca) que el Calentamiento Global provocaría el Cambio Climático en la región y que las temperaturas de pleno invierno se producirían en pleno otoño en el cono sur americano y por lo tanto se consumiría más supergás que el otoño pasado. Omitió en su columna de opinión interrogar a la Dirección Nacional de Medio Ambiente del porqué no sacó un comunicado exhortando a la población a no emitir gases de efecto invernadero, como forma de atenuar el pronunciado cambio de clima.
Tampoco dijo -porque supongo que lo averiguó como un buen profesional de los medios- que el Superior Gobierno de la Nación Argentina cortaría o reduciría los envíos de GLP a los países vecinos entre los cuales tenemos la dicha (a veces) o la pena (otras veces) de encontrarnos.
Pero estos son sólo detalles a la hora de opinar. Lo importante es reivindicar la libertad de expresión y que cada uno pueda expresar lo que se le ocurra y con la rigurosidad que entienda conveniente, un día desde la izquierda otro desde la derecha o mañana desde el centro.
Esto es lo bueno. Lo malo es que estas campañas de desprestigio pesan más que un piano sobre las espaldas de algunos actores del gobierno con el cuero poco curtido o con poca convicción para soportarlas.
Y es esta campaña, encabezada por portavoces del Partido Nacional y amplificada por diversos medios la que ha transformado la escasez de GLP en caos de abastecimiento en el imaginario colectivo, incluido el Poder Ejecutivo.
Justo es decir, que el gobierno no encontró la forma de pararse unido para enfrentarla y mostrarla en su real dimensión. Por el contrario, se mantuvo a la defensiva, resultó permeable a esta campaña y adoptó desde el Consejo de Ministros medidas muy discutibles desde el punto de vista de las formas y de la oportunidad temporal.
Medidas que en forma oportunista aplauden algunos de los que contribuyeron consciente o inconscientemente a inflar el problema real, el que verdaderamente existe y se procura superar. Aplauden los que nunca dijeron nada sobre décadas de inacción gubernamental en materia energética.
Recuerdo que no hace mucho, cuando había dificultades de abastecimiento de combustibles, productos de primera necesidad o agua, la prensa, lejos de exacerbar a la población colaboraba con el gobierno en sensibilizarla.
Claro, eran otros gobiernos. *
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