Escrito por: IVONNE PASSADA - Diputada por el Frente Amplio
En la nueva estructura del trabajo derivada del avance tecnológico, se infiere que las nuevas calificaciones no necesitan conocimientos especializados sino capacidades y aprestamientos; obteniendo conocimientos de esta forma, los trabajadores llegan al resultado sin conocer la causa.
Este concepto desarrollado en las políticas educativas y sociales de los últimos veinte años fue creando una masa de trabajadores formados para lo inmediato. De esta manera, el conocimiento no es adquirido como parte del desarrollo del individuo -capaz de transformar y transformarse-, sino para una tarea específica, en un momento específico en espacio y tiempo.
En el marco actual, las políticas de empleo deben ser uno de los puntos clave para combatir la pobreza y la exclusión social, teniendo en cuenta que sin crecimiento económico y sin apropiación de los beneficios de ese crecimiento, será imposible crear políticas de empleo ciertamente serias y superadoras de estados anteriores.
En esta etapa no podemos calificar o especializar solamente, sino instalar una escuela que permita al ciudadano formarse como tal y ser dueño de sus propios conocimientos; una escuela que nos prepare a todos por igual y no que desarrolle una cualidad en detrimento de otra.
Entender que el pensamiento también se desarrolla y se complementa con las manos es ser capaces de descubrir el concepto del equilibrio entre el orden social y el orden natural bajo el fundamento del trabajo, y esta discusión es la que deberíamos reflotar para entender los procesos de transformación.
Entonces tenemos una gran discusión filosófica: de qué forma queremos crecer como país y qué educación desarrollaremos para el mundo del trabajo.
Creo que ha sido un error de este Codicen no incluir en su Consejo una mirada fuerte del mundo del trabajo integrando a su equipo, un o una representante de la Enseñanza Técnica, que ha sido por años la gran ausente. `Es un concepto que aún nos cuesta romper, y un mundo que muchos desconocen: no sólo existió la Reforma Vareliana, muy pocos hablan de la Reforma Educativa de Pedro Figari, es más, muchos quizás lo descubran por su arte, pero sin lugar a dudas fue uno de los propulsores de la educación técnica y de la vieja escuela de Artes y Oficios, donde el trabajo manual era para los jóvenes menos calificados. El artista descubre que la expresión máxima deberá ser para un obrero el despertar a la formación integral y desarrollar su estética, implantando allá por 1920 que el pensamiento no puede ir separado del desarrollo manual, desarrollando el concepto o idea del obrero-artista. Ochenta años después seguimos creyendo que los oficios son un espacio para aquellos que no tienen desarrollo del intelecto.
Por otro lado debemos recuperar la generación pos-dictadura, donde la educación fue pensada para el desarrollo del capitalismo: ya no se educaba para el mundo del trabajo sino para la economía del mercado. El neoliberalismo no sólo fue una teoría económica de los ochenta sino que representa una concepción del mundo, el deterioro de las relaciones laborales y la ruptura del pensamiento integral e integrador.
Nuestros jóvenes no son capaces de asociar fácilmente un hecho histórico con uno científico, producto de la profundización del pensamiento hegemónico, reestructuración del trabajo por el trabajo chatarra o sub empleo, exclusión social en todo el mundo y valores nuevos que deben convivir con viejos esquemas: el hacé la tuya.
En ese marco debemos insertar nuestro proyecto social y económico para poner a caminar el país productivo, que comenzó a dar tímidas señales. La tierra y el proceso sucroalcoholero en el Norte van en ese sentido. Más allá que los tiempos de gobierno no sean los mismos que el de las organizaciones sociales, acompasarlos será un desafío que debemos sortear. La educación y la transformación de la enseñanza técnica y tecnológica deben ser uno de los motores esenciales para que los cambios se produzcan a mayor velocidad, sabiendo que debemos romper con grandes trabas burocráticas que aun permanecen en nuestro Estado, pero la primera gran traba es romper con el concepto de “m’hijo el doctor”.
El conocimiento científico y tecnológico y su apropiación masiva, especialmente para los sectores más empobrecidos, deben ser uno de los puntos a tratar en forma más urgente; pero si pensamos que tales cambios deben darse solamente desde la escuela, seria incurrir en un nuevo fracaso o frustración. Tanto desde los ámbitos políticos como empresariales se debe insistir con los cambios que precisamos para que la evolución del conocimiento vaya por caminos más ágiles, ya que la educación no es una variable aislada sino que opera directamente sobre el modelo socio-político y económico de nuestro país.
Debemos buscar procesos que acorten los 20 años de exclusión social que nos colocaron gobiernos anteriores; aunque suene utópico o demagógico para algunos. ¿Pero para qué queremos entonces crear poder popular?, ¿Para aquellos que entraron a la Universidad? ¿Para los que ya están incluidos? ¿O peleamos por poder popular para que todos puedan ser dueños de su propio destino?
Nos debemos un sinceramiento: la ética, el valor de la palabra y la entrega deben ser valores que no podemos poner en discusión, sino que debemos recobrar. La educación en ese sentido aun tiene un debe con este país, el proceso debe ser más fuerte y profundo para recuperar el tiempo perdido, la educación y el trabajo lo precisan. Si no, generaciones futuras serán aun más excluidas, el compromiso para estos cambios está sobre la mesa. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21