La crisis de las garrafas

Miércoles 20 de junio de 2007 | 4:59
  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

L as imprevisiones en materia energética en el país no son nuevas, se han sucedido en un largo rosario de ineficiencia por parte de las empresas públicas que, por su carácter monopólico, siempre han impedido que los afectados recurramos a otras fuentes para solucionar las gravísimas contingencias planteadas.

Recordemos en el pasado reciente, en momentos en que el país ya llevada tres de crecimiento sostenido, cuando en razón de la endémica falta de inversión por parte de UTE y por la contingencia de una larga sequía, se debió recurrir a restricciones eléctricas, apagándose luminosos, reduciéndose el servicio de ascensores y de escaleras mecánicas y, por supuesto, encareciéndose en fluido eléctrico para lograr un “mejor” equilibrio entre la crecida demanda y la escuálida oferta. En ese momento era que UTE, como había ocurrido en ocasiones anteriores, no había previsto que las contingencias climáticas podrían reducir la producción hidroeléctrica y todavía no estaba a punto la central de Puntas del Tigre que, insólitamente, funciona con combustible enteramente importado, petróleo o gas.

Este año la imprevisión fue de Ancap, cuando el país ingresó en su cuarto año de crecimiento sostenido y parecía obvio, luego de que se había instado a la población por la crisis anterior de UTE a calefaccionarse con gas, que crecería de manera exponencial la venta de ese combustible. Por que hablamos del crecimiento, porque a la población se la indujo a calefaccionarse con supergás y era elemental que la venta de estufas, en las épocas previas al ingreso del invierno, se multiplicara por miles. Si los responsables de Ancap hubieran hecho una evaluación de cómo se agotaron los stock de estufas en las grandes superficies y en los comercios específicos, se habrían dado cuenta que los metros cúbicos que se comerciarían cuando apretara el frío serían muchos más que los del año anterior.

Por ello es grave que algún director de la empresa pública, a este altura, cuando se produce la crisis de desabastecimiento, diga que le sorprende que el consumo de supergás haya aumentado en un 70%, cuando simplemente estudiando el número de garrafas que hay en manos del público, podría haber hecho la cuenta casi con exactitud y afirme que existe una actitud de acaparamiento por parte de sectores de la población. ¿Acaparamiento? Nadie tiene en su casa un depósito de garrafas para poder adelantarse a la crisis y atesorar el combustible, porque ello está contra la lógica de la operativa. Generalmente se tiene una garrafa para cada uno de los elementos de la llamada línea blanca que funciona en base a ese fluido y quizás, cuando mucho, una garrafa más como repuesto.

Paralelamente a las carencias de las reservas de supergás está la detención de la planta gasífera de Ancap, una decisión al parecer imprescindible, pero tomada a destiempo. ¿Por qué se comenzaron los trabajos de puesta a punto en el momento menos oportuno, cuando la producción de esa planta era imprescindible para cubrir las exigencias del consumo?

Por ello no debe sorprender la drástica decisión del Presidente de la República, exigiéndole al directorio de Ancap, a través del ministro de Industrias y Energía, el cese del gerente general del ente, mientras se pone en marcha una auditoria privada que analizará las responsabilidades de las autoridades de la empresa pública en esta grave crisis.

No recordamos otra medida de esta significación en una empresa pública que, en general, siempre han sorteado las crisis de desabastecimiento castigando a los usuarios y, para regular el consumo, generalmente reduciéndolo a la medida de las imprevisiones de los funcionarios, recurriendo al peor arbitrio, que es ajustar los precios al alza para lograr un más adecuado (para la empresa) nivel de equilibrio.

Es de esperar que haya llegado a su fin el largo tiempo de los intocables, de las “moscas blancas” inimputables, que nunca recibían siquiera una reprimenda por las políticas erradas que se emprendieron en cientos de ocasiones y de una vez por todas se racionalice la energía a las necesidades de un país en crecimiento.

Porque, la ecuación que tiene como resultado el progreso, requiere no solo del crecimiento de los índices de exportación, de una mejoría de la capacidad de compra en el mercado interno, sino también de inversiones que, obviamente, tienen que estar sustentadas para desarrollarse en una fluida y adecuada provisión de energía.

Un país sin gas y con apagones no crece. *

  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

OTRAS NOTICIAS EN LARED21

    Comentarios


    Sabado 11 de Febrero, 2012
    Montevideo, UY
    Despejado, 26 °C