"Chapó", señor Presidente

Grandes cambios históricos tienen su origen en un hombre, en su perseverancia, en su visión, a pesar de que los medios de que disponía en los comienzos eran ridículamente reducidos. La historia así lo demuestra. En el plano político, las reformas estructurales y los cambios sociales los llevará adelante el individuo que por su capacidad, su personalidad y su responsabilidad asuma el liderazgo de una fuerza política que bajo su dirección obtenga el poder y el gobierno de su país, con el apoyo de la opinión pública y de las mayorías ciudadanas.

Siendo las instituciones políticas (partidos) una obra de conjunto que subsiste independiente de los hombres que la componen, coincidamos en que el poder más grande le pertenece al hombre que la conduce, quien por sus dotes personales se distingue de sus semejantes.

Cuando falta el elemento humano, los otros quedan impotentes. Grandes movimientos políticos que tenían vasto arraigo en las masas fracasaron por no haber hallado jefes (líderes) que transformaran en poder esas fuerzas espontáneas y naturalmente anárquicas.

En el punto de partida, la fuerza política gobernante se halla estrechamente integrada en el poder. Queda por resolver y es de vital importancia si el poder obtenido – a pesar de las discrepancias provenientes desde su propio seno, de las críticas de los partidos de oposición (control constitucional de las minorías), de los planteamientos de los colectivos sociales y de la desconfianza inducida desde el poder que no se muestra a cara descubierta pero no por ello es menos influyente ­ se consolida, se afianza y asegura su madurez política y cumple sus objetivos o bien el poder irá perdiendo en parte su antigua fuerza que le imposibilitará conservarlo.

Expuestas nuestras reflexiones como introducción al análisis de los acontecimientos políticos que tienen su centralidad en la Resolución del Poder Ejecutivo de fecha 26.12.2006 y en el mensaje a la Nación del 3.06.2007 efectuado por el señor Presidente, consideramos pertinente expresar nuestros puntos de vista.

En primer lugar, debo interpretar que la resolución en cuestión por el solo hecho de haber sido avalada por la totalidad de los ministros, la mayoría de ellos cabeza de lista y líderes de las diferentes corrientes políticas que componen el Frente Amplio, estaban de acuerdo con el espíritu y la letra de la misma.

De la misma manera, interpreto que el Parlamento nacional con sus diferentes corrientes de pensamiento ideológico y político evaluará el mensaje del Poder Ejecutivo, y en forma libérrima y democrática adoptará las responsabilidades políticas que cada una de sus bancadas, grupos o integrantes independientes entienda pertinente de acuerdo con la posición que sustente al respecto.

Las instituciones del Estado, cualesquiera sean ellas, quedan fuera de sus competencias las opiniones, consideraciones o interpretaciones de la resolución adoptada que como tales les es vedado expresar por mandato constitucional. A las Fuerzas Armadas de hoy, respetuosas del poder civil y de su máximo exponente el Presidente de la República, queremos creer que no es justo imputarles de reminiscencias con aquel pasado oprobioso. Queremos creer que por el respeto, el honor y la dignidad que se merecen las FFAA, no admitirán vinculación alguna con quienes mancillaron las instituciones en el proceso cívico-militar. Queremos creer que sería una equivocación de los mandos militares las reuniones que pudieren mantener con dirigentes políticos sin poner en conocimiento al mando superior. Queremos creer que, en este contexto, los ciudadanos debemos percibir claramente, por la salud misma de la nación, el grado de compromiso que asumen las FFAA con la democracia y la institucionalidad republicana. Creo oportuno incorporar al texto la sentencia ética expresada por Wilson Ferreira Aldunate sobre las FFAA de la época: «¿De qué han valido los fuertes mandos, faltándole esa cordial obediencia que, en el Uruguay, sólo puede aparecer como fruto de profundas solidaridades en el quehacer nacional?».

A la sociedad civil, que en esta administración ocupa su verdadero rol de ciudadanos sujetos de plenos derechos civiles y políticos que intervienen ejercitándolos en el gobierno del país, le corresponde asumir el compromiso de reinventar certidumbres. A poco que nuestra capacidad de diálogo con discrepancias y matices distintos, de análisis responsable y de comprensión entre todos los actores sociales, se compadezca con nuestro sentido de pertenencia, nos encontraremos en óptimas condiciones de ir construyendo una convivencia pacífica creativa y con futuro para el mejor goce de nuestra sociedad. Quizá sea un primer paso hacia el reencuentro nacional, en lo que podríamos llamar una «clase magistral de civismo» dada por un pueblo que no renuncia a su destino. Así lo interpreta nuestro Presidente cuando establece en su informe del pasado 3 de junio: «No se decretó que trabajaran juntos en las inundaciones civiles y militares, ni que los militares apoyaran fuertemente el Plan de Emergencia, como lo hicieron, o el plan de Salud bucal para los niños escolares de todo el territorio nacional. Ahí está el camino, no es un decreto. Ese camino lo tienen que encontrar todos los uruguayos juntos». En otro pasaje establece: «Memoria y verdad, pero también justicia… la justicia como poder del Estado y como sistema que trasciende al mismo».

El paso por la Justicia de los casos de violaciones a los DDHH es imprescindible para que el Uruguay sienta que no tiene ni tuvo nada que ver con aquel pasado y su estilo.

En cuanto al mensaje a la Nación expuesto por el doctor Tabaré Vázquez, permítaseme definirlo con una metáfora, con un viejo juego de billar que proclama al ganador de una partida con una sola palabra – que pese a formar parte del vocabulario del Diccionario de la Lengua Española- su significado sólo lo conocen aquellos que practican el juego: «CHAPÓ» señor Presidente.

Es la confirmación de su liderazgo, de su estatura moral y cívica, de los principios inamovibles de un auténtico demócrata y de un ciudadano sensible y preocupado por la «salud» del pueblo uruguayo. Es, en mi modesta opinión, por si algo le faltaba, un estadista con perfiles propios.

El 1 de marzo de 2005 un diario de la época (LA REPUBLICA) tituló, preciso y decidor: » Asumió Tabaré, un incendio moral que alertó las conciencias y provocó la gran catarsis nacional».

No es el motivo de esta nota abundar en el análisis de su mensaje a la Nación, este ciudadano ya se expresó. Otros lo harán encontrando el camino y el momento propicio y las circunstancias para sacar sus propias conclusiones sin tener que recurrir a falsos profetas.

En cuanto a la reelección, quién otro que no sea el señor Presidente puede analizar los hechos con la objetividad de ser el protagonista, el verdadero involucrado en una «decisión» que ya la había tomado el 1 de marzo de 2005. A partir de esa fecha jamás formuló opinión alguna al respecto.(Recomiendo su lectura).

Es difícil para el ciudadano corriente entender los alcances de la «inquisición» que se llevó a cabo durante tantos años; pero debemos reconocer que son coherentes, baste recordar cuando a 24 horas del acto de su investidura se le pidió explicaciones por el costo que insumió la iluminación del Palacio Legislativo y si el pago se había realizado con fondos públicos…

Pero todo tiene su explicación. «En el debate político, un recurso poco recomendable consiste en contradecir al adversario exigiéndole explicaciones por lo que nunca dijo; es la táctica seguida…» (Enrique Rubio-Búsqueda-5.10.2006).

Al señor Presidente, aceptamos su invitación, el martes 19 de junio a las 11 de la mañana allí estaremos. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje