Albania y el reloj de Bush

Escrito por: JORGE SCURO - Director del CIPES

Lunes 18 de junio de 2007 | 2:29
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Hace unos meses, al regreso de Tirana, escribí un artículo titulado “Albania es Europa”. Allí decía: “a Albania la vivo como una reserva de humanidad encajonada en Europa”.

Hace unas horas, los medios informan con bombos y platillos, como si fuera un acontecimiento importante, que al presidente Bush recorriendo Tirana le robaron su reloj pulsera. Luego se aclaró que el robo no existió y la realidad es que el reloj se le cayó y un guardia lo recogió entregándoselo prontamente a su esposa.

El asunto parece insignificante. Si se quiere informar que Bush fue a Albania es parte de la tarea de los medios. Sería interesante dedicar energía a difundir qué acuerdos se hicieron, en qué EEUU entra a colaborar con este país devastado por el nazismo y en vías de recuperarse del peor régimen stalinista.

Desde los ilirios en la antigua Grecia (antes de Cristo) hasta el siglo XII los albaneses luchan por sobrevivir entre el aislamiento y el abuso de sus vecinos. En el S XV, el héroe Jorge Castriota Skanderbeg, con tenacidad y el fervor del pueblo albanés logran resistir el impulso arrollador del imperio turco. En el siglo XX la Beata Teresa de Calcuta conmueve al mundo con su estilo firme y apasionado comprometido con los más postergados. Los albaneses son gente dura para el sacrificio y noble para la entrega. Ninguno de ellos se agachó para quedarse con el reloj del señor Bush. Otra cosa es lo que se les indilga por una fama que no se merecen.

Un millón de millones de dólares gastó el mundo en guerras durante el año 2006. Estados Unidos es responsable del 46% de ese derroche criminal. Se hacen guerras “preventivas”, con motivos falsos y se saltean todos los códigos internacionales que pretenden “humanizar” la guerra. Bien por Bush si va a Albania y se deja impactar por ese heroico pueblo y se percata de que con menos del 1% de lo que dilapidó en 2006 solucionaba por décadas las necesidades para el desarrollo del pueblo albanés.

Albania es un hermoso país con una geografía endiablada que es su gracia, su pena y su defensa histórica. Tiene 450 kilómetros de costas sobre el Adriático en una superficie de 28.750 kilómetros cuadrados, (igual a la superficie de Rivera y Tacuarembó), donde habitan tres millones de personas.

Hay depositaciones fantasmales que recorren el mundo y se viven como evidentes: los gitanos, los judíos, estos y los otros y por qué no: los albaneses.

Albania merece estar en Europa, aún es demasiado pobre (según el estándar de la UEE) para aspirar a tal rango de asociación, pero a través de Europa merece ser recibida en el concierto mundial de las naciones.

Treinta mil mártires albaneses caídos en la segunda guerra lo demandan desde la Historia. Esperemos que la visita del señor Bush no haya servido para comprar mercenarios con espejitos de colores, de esos que los latinoamericanos sabemos reconocer. *

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