Tareas democráticas y la decisión de Vázquez
Decíamos, qué dolor más infinito nos provoca a todos los uruguayos conscientes releer los hechos de nuestra tiranía militar, tal como surgen del «libro blanco», presentado por la Presidencia de la República, sobre ese período atroz de nuestra existencia como país y del devenir histórico del pueblo uruguayo que sirvió, eso sí, para medir la caladura democrática de sectores y personas, algunas de las que hoy quieren erigirse, en base a otro discurso, en posibles candidatos a la Presidencia de la República.
Por supuesto que la decisión de Tabaré Vázquez de renunciar a una posible candidatura presidencial habla muy bien de él, en un país en que parecería que la carrera política lo envuelve todo, perjudicando los necesarios ritmos que debe tener un gobierno para gobernar, en una seguidilla de afrentosas y continuas ponderaciones y autoponderaciones, especulaciones de los personajes y de los medios que, quizás por falta de un método más adecuado para conseguir información, prefieren meterse y remeterse a diario en el tema remanido de las candidaturas.
Es verdad, es tanta la presión mediática, que en el gobierno todo debe estar distorsionado, porque un día sí y otro también están apareciendo los perfilismos. Y Tabaré Vázquez, de alguna manera, cortó por lo sano, anunciando que no aceptará ningún tipo de candidatura a la reelección, logrando así tener las manos libres para su tarea específica: la de gobernar.
Hay quienes dicen que eso le quitará poder. Que los integrantes del propio gobierno, con apetencias de perdurar, buscarán nuevos focos de atención para crear grupos de poder que les permitan una continuidad. Es posible, pero en esta contingencia, afirmamos que Tabaré Vázquez también tendrá las manos libres para exigir eficiencia a la hora de aplicar las políticas decididas y ante cualquier flaqueza o transgresión, tomar una decisión drástica, recambiando a la gente, que desde el día de su anuncio se convirtieron en peones de brega de un gobierno que quiere trabajar para no fracasar, con un Presidente de la República que tiene claro su objetivo. En el actual escenario, Tabaré Vázquez no se dejará escamotear su objetivo principal. ¡Es evidente!
Por supuesto, y esto lo decimos desde nuestro convencimiento, a muchos de nosotros con la decisión de Tabaré Vázquez nos han reducido en mucho nuestras expectativas electorales, especialmente a quienes valoramos en un candidato presidencial su trayectoria personal democrática, su lucha bien clara y permanente, por los valores de un sistema que, más allá de sus defectos, es el mejor que conoce la humanidad, largamente expediente en fracasos de izquierda y de derecha, para permitir el desarrollo armónico y en paz de las personas y las sociedades.
El voto es el elemento sustancial que tenemos en democracia para hacer valer nuestros derechos y obligar a quienes se lo otorgamos o se lo negamos, a acatar ciertas reglas de juego que están estampadas en las normas constitucionales y en costumbres democráticas, como la de defensa irrestricta de las libertades, como la de prensa, que hoy se encuentra en un cono de sombras a nivel continental.
Sabemos muy bien de los éxitos y de los fracasos de la actual administración, como también nos preocupan ciertas desatenciones se manifiestan pero que, por supuesto, configuran un todo lleno de claros, importantes y de oscuros, también importantes.
Cuando vemos que una de las instituciones públicas más desatendidas del Uruguay es la Biblioteca Nacional, en donde se debería encontrar la memoria escrita del país, que nuevamente se encuentra paralizada la obra del Estudio Auditorio del Sodre y que las obras del Teatro Solís, a las que les faltan las dos alas, se desarrollan con una decadente morosidad que determinará, quizás, que cuando terminen las mismas se deberá comenzar a recauchutar el propio teatro, tenemos que concluir pensando en que el tema de la cultura no es prioritario para esta administración del país.
Si a ello le sumamos la actitud de total desaprensión que tiene la gente que concurre a las salas de lectura, que depreda obras de consulta, sin reparar que está cercenando un bien quizás único para el futuro del país, y paralelamente observamos que tampoco la Cinemateca del Uruguay puede preservar de la forma adecuada su acervo cinematográfico, quizás el más importante del continente, por falta de rubros adecuados de una entidad que no ha sabido organizarse empresarialmente y funciona con mecanismos puramente artesanales,
¿A qué queremos llegar en este conglomerado que tratamos de hilvanar rápidamente desde Buenos Aires? A que la actitud dignísima de Tabaré Vázquez que, para el colega Lincoln Maiztegui, es visualizada como la de un «estadista», corta personalmente nuestras alas, porque nos resta a nosotros y a muchos otros, una candidatura posible y democráticamente probada a la Presidencia de la República.
Los demás caminos que se abrirán los tendremos que valorar y medir en base a los antecedentes democráticos que reclamamos, porque sería atroz para nosotros hacer jugar nuestra mayor expresión democrática, el voto, a favor de candidatos que despeñaran a los uruguayos en caminos mesiánicos, aventureros, contradictorios que llevaron o lleven al país a cumplir viejos roles en la división internacional del trabajo.
Claro está, hay una labor previa esencial. Colaborar para que el gobierno salga adelante en esta etapa. Quedan casi tres años de labor a un Presidente que ya ha dicho estará lejos de la contienda electoral y sólo velará por que las tareas esenciales que se emprendan por el país salgan adelante con la mayor rapidez y eficiencia.
El país de la morosidad, la lentitud, de los problemas endémicos, como el de las cárceles, que se mantiene desde hace décadas sin solución alguna, sabiéndose a todo nivel que es necesario ampliar la capacidad de los edificios, porque es inconstitucional y violatorio de los derechos humanos encarcelar a un hombre en una celda ideada para dos personas, pero en las que conviven siete.
El tema de las cárceles, como el de la cultura, es otro de los que han quedado en el tintero, pues evidentemente los presos no pueden hacer huelgas y paros, ni paralizar el Clearing, ni detener los sanatorios y hospitales. La organización política uruguaya es sensible a la presión directa, como se vio en el tema de los Call Center de Antel, movilización a la que se sumó el PIT-CNT, que logró ampliar la plantilla de funcionarios públicos.
Sin embargo, sobre la sistemática violación de los derechos humanos que se concreta a diario en todas las cárceles del país, no existe ningún tipo de presión. Sólo la de los propios presos, con sus métodos, muchos de ellos insólitamente indebidos, hacen conocer una problemática brutal y vergonzosa. El anterior ministro del Interior, José E. Díaz, en más de una oportunidad se refirió al tema pero su prédica, al parecer, cayó en saco roto, porque la comunidad alarmada por la delincuencia que gana terreno por una multicausalidad a analizar, traslada su miedo y victimiza a los presos en las cárceles. Una reacción primaria, absurda, y atroz en su contenido. Como se verá, en esta etapa que Tabaré Vázquez se ha asignado exclusivamente para gobernar, las tareas de contenido social son muchas e importantes. Es de esperar que las partidas que, según el ministro de Economía, se destinarán a los rubros de contenido social, sean suficientes para recuperar las instituciones que preservan la memoria histórica del país y que también destinen a evitar que en el Uruguay se siga, a la vista de todos, violando flagrantemente los derechos humanos.
En las últimas horas ha habido una reacción de parte del Poder Ejecutivo que, esperemos por el bien de nuestra conciencia colectiva, desemboque en medidas concretas.
Es algo de lo que se debe hacer. *
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