“Intento de contaminación”, es la novedosa acusación que el gobernador de la Provincia de Entre Ríos le quiere imponer a los directivos de la empresa Botnia, reclamando que sean convocados por la justicia de su país para ser investigados sobre el hecho.
Entenderá el lector la magnitud del dislate del gobernador, Jorge Busti, que nuevamente subido sobre el brioso corcel de la locura piquetera, trata de colocar nuevos obstáculos en un conflicto regional, gratuito y con un grave sentido en la relación de los dos países que, obviamente, ya está gravemente lesionada por tanta arbitrariedad.
Este gobernador, que en materia ambiental nunca ha movido un dedo para detener la contaminación que realizan varias curtiembres en la zona misma de Gualeguaychú, ni tiene planteadas medidas al respecto, ni tampoco le preocupan los cultivos transgénicos que cubren toda su provincia, pero sigue insistiendo en que la planta de Botnia contaminará, sin tener en cuenta que la misma está siendo terminada sobre la base de las más exigentes especificaciones que se utilizan en la Comunidad Europea.
Pero además, en su dislate, este insólito gobernador no tiene en cuenta siquiera las necesidades de una población común que tiene un entramado social fuertemente vinculado afincado en los dos países.
Familias que se han desarrollado de uno y otro lado del río, para las que nunca existieron las fronteras geográficas, que desde hace 18 meses se encuentran cerradas por la locura seudomilitantista de un grupo de piqueteros que ahora son financiados abiertamente por la Gobernación de Entre Ríos.
El “intento de contaminación” es un absurdo de tal magnitud que no tiene asidero, que, obviamente, fue rechazado por improcedente por la fiscalía interviniente y por el juez federal al que le llegara el dislate del inefable personaje que, sin duda, pasará a la historia, como quien logró que dos pueblos hermanos tuvieran que enfrentar la agresión de una cuña agresiva cuya persistencia tiene una sola explicación: que siempre esos piquetes de Gualeguaychú fueron financiados desde el gobierno provincial.
Es muy difícil encontrar en la historia de la humanidad una acción permanente, con tanta movilidad, como la que llevan adelante estos grupos intolerantes e irresponsables, por objetivos absolutamente inexistentes, sin que exista una logística que la sustente.
Objetivos inexistentes, decimos, porque si todavía existe un equivocado entre ellos, el error desaparecerá en el momento en que la planta comience a funcionar y no haya pescados con dos cabezas, no caigan lluvias ácidas sobre toda la zona, no desaparezca la fauna y la flora, ni se produzcan las siete plagas de la humanidad como pronostican Busti y sus lugartenientes piqueteros. *
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