La vida de los otros

El libro de reciente aparición presentado el pasado lunes por el propio Presidente de la República, Tabaré Vázquez, es una notable profundización histórica que desentraña aspectos de la tiranía que se vivió en nuestro país durante la dictadura militar, en que se convirtió a esta tierra promisoria que recibió una inmigración aluvional y esperanzada, en un páramo de odio y persecución.

La tragedia uruguaya no sólo se debe medir en los presos, los torturados, los muertos, los desaparecidos y los exiliados. Esas fueron las víctimas que quizás sufrieron más duramente la represión, sin embargo aquí, dentro de fronteras, la dictadura creó mecanismos de persecución brutales, que determinaban niveles de contralor ideológico que no encontramos en otros regímenes tiránicos del continente.

Concretamente, en un documento publicado en este libro aparece un informe elevado en el año 1981 al ministro del Interior de la época, el inspector Víctor Castiglioni, director de la tenebrosa Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), además de referirse a otro temas de la actuación represiva de su repartición, indica que esa Dirección se había visto abocada a la tramitación del documento denominado «Constancia de Habilitación para Cargos Públicos», afirmando que esa tarea está a su cargo desde 1/VII/80, en cooperación con el Servicio de Inteligencia de Defensa y la Justicia Penal Militar (JPM). Concretamente cuenta: «Los formularios correspondientes, tanto los de la capital como los del interior ,son informados por los ficheros de esta Dirección, en una cantidad de aproximamente 2.000 mensuales. Antes –sigue diciendo–, ese documento se denominaba «Solicitud de Anotaciones en Ficheros Policiales de Inteligencia» y era manejado exclusivamente por la DNII y JPM, y durante un período de cuatro años se informaron alrededor de 300 mil formularios, tanto para la permanencia como para el ingreso a la Administración Pública».

Más adelante, el inspector Castiglioni da cuenta de que ante los recursos de primera y segunda instancia que presentan las personas afectadas e incluidas en los grupos «B» y «C», se «da lugar a una investigación a veces muy compleja, con interrogatorios escritos de testigos, búsqueda en archivos de todo tipo, a veces en períodos de más de veinte años».

Hasta aquí lo que estampó en un informe interno uno de los connotados represores, el inspector Víctor Castiglioni, en torno al funcionamiento de la categorización represiva que se realizó de nuestra población, que se dividió en tres categorías: los impolutos clase «A», los manchados clase «B» y los réprobos clase «C», que eran denostados, perseguidos y expulsados de la administración pública, cuando no detenidos y las personas, no sólo pasaban por el desatino de la persecución, sino que se convertían en víctimas directas del régimen.

Sin duda que el libro «Detenidos desaparecidos», presentado por el Presidente Vázquez, contiene una cantidad muy importante de documentos de esta categoría que servirán para que los uruguayos sigamos acercándonos a la esquiva verdad, sabiendo que la misma, como una totalidad simbólica, se vuelve casi en inalcanzable, ya que a cada paso que se da, surgen nuevas líneas para la investigación.

Muchos uruguayos fueron víctimas del mecanismo persecutorio que se aplicara para dividir a los uruguayos en categorías ideológicas, para perseguir a las personas por su pensamiento, ideas y formación. Por cosas dichas, hasta con veinte años de antigüedad, dejando de lado todo tipo de libertades.

Este libro servirá para refrescarnos el pasado a los que vivimos por aquellos tiempos aquel horror tiránico y a las nuevas generaciones, para que sepan por qué es necesario que en este país todos digamos y nos conversamos, que es necesario un clamoroso «nunca más». *

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