Reflexiones sobre el crecimiento y la crisis
De acuerdo con lo que afirman importantes economistas, algunas de las cosas positivas que se han ido dando por estos tiempos en la coyuntura internacional han llegado para quedarse, lo que significa que las corrientes positivas que han favorecido el crecimiento de nuestra economía en los últimos cuatro años podrían mantenerse.
¿Qué quiere decir esto? Simplemente que la estructura del comercio exterior se ha modificado, manteniéndose la apetencia por algunos rubros. En esta etapa, los commodities, por la voracidad del crecimiento de China e India, que siguen en un proceso exponencial de crecimiento interno y requieren materias primas para su industria en expansión dinámica.
Hay coincidencia en que la incógnita está en la economía de EEUU, que ha crecido a un ritmo mucho menor al necesario, dentro de una mediocre performance, y un crac de la misma, sin duda, podría determinar convulsiones diversas a nivel planetario sobre las cuales Uruguay debería haberse puesto alerta en base a una clara política de ahorro de reservas, en un camino anticíclico, del que siempre se habla, pero el que parece difícil emprender aunque, como en el caso de nuestro país, cuando su economía se expande desde hace cuatro años debiera haber sido una de las rutas prefijadas.
El inicio de la anterior crisis del país la podemos fijar en el año 1998, producida en razón de la devaluación brasileña y expresada con un paulatino enlentecimiento de nuestra economía, la que culminó en el cataclismo de 2002, cuando vivimos el drama de que casi el 50 por ciento de los uruguayos debieron comenzar a mal subsistir debajo de la línea de la pobreza.
Hoy la situación del país es casi idéntica a la previa a la del comienzo de la crisis en 1998. El PIB medido en dólares se acerca al que se registraba en 1998, apareciendo otros indicadores con valores que muestran, con algunas diferencias, situaciones bastante similares caracterizadas las dos por el alto consumo de la población.
Por otro lado, el proceso de crecimiento en Brasil parece desestimar una modificación cambiaria y, además, ocurre que las exportaciones uruguayas tienen hoy un destino mucho más diversificado que en 1998, cuando la devaluación del real determinó que importantes rubros de nuestro trabajo quedaran fuera de competencia.
Por otra parte, la fortaleza de la moneda brasileña, que le da una competitividad manifiesta a Uruguay en ese mercado, no es reflejo de problemas vinculados a dificultades en el país del norte, sino el resultado del gigantesco crecimiento industrial que está viviendo Brasil que se ha convertido en una de las potencias más importantes del planeta en varios rubros.
Brasil no necesita mejorar su competitividad, porque exporta más que nunca, y la fortaleza de su moneda es el fiel reflejo de lo que ocurre en su economía, sustentada en un mercado interno también en expansión que multiplica, sin lugar a dudas, la actividad.
Entonces, ¿cuál es el talón de Aquiles de Uruguay? En este panorama internacional, con un mundo que parece que ha consolidado algunos mecanismos que se mantendrán, el país seguramente solo podrá mantener altos niveles de exportación con un ingreso aceptable de divisas que, de lograrse una mayor cantidad de mano de obra incorporada, lo que podría comenzar a distribuirse con mayor equidad. Sin duda, todo un desafío.
Quizás uno de los temas más importantes que tiene planteado el país es cómo combatir la pobreza en base a la creación de fuentes reales de trabajo abandonado en el tiempo los paliativos parciales que, tal como se ha demostrado a nivel mundial, a la vuelta de los años reiteran los mismos niveles de marginación.
Si se tensan las fuerzas del país, se mejoran con imaginación las posibilidades para la transformación de las materias primas en base a la incorporación de la técnica moderna, para realizar productos de alta calidad, pero que sean competitivos. Para ello, es necesario que varios factores confluyan, como tarifas públicas, combustibles, comunicaciones, etc., a precios internacionales que hagan posible que el resultado del trabajo uruguayo pueda llegar a los mercados exteriores con posibilidades de competir.
Desde allí el crecimiento será una contingencia de las condiciones básicas propias, no tan dependientes de la situación internacional. *
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