Imperialistas y resistentes
En LA REPUBLICA del 22 de octubre, página 13, bajo el título «Pérdida de las denominaciones», el prestigioso escritor –y asiduo colaborador de este diario– Sarandy Cabrera, publica una nota que en su mayor parte es compartible plenamente. No obstante, algunas consideraciones laterales resultan polemizables, lo cual no disgustará al espíritu crítico y abierto que siempre ha demostrado su autor.
En primer lugar, calificar a Mao Zedong como el «líder liberador de China» no puede hacer olvidar –sin ir más atrás de los últimos años de su reinado– que también fue el impulsor de la nefasta llamada ‘Revolución Cultural’ de los años sesenta, que se mantuvo prácticamente neutral ante la infame guerra llevada a cabo por EEUU contra Vietnam, y que prestó su apoyo al genocidio perpetrado por los jemeres rojos de Pol Pot en Camboya (los restos de cuyo régimen fueron sostenidos por China y EEUU en virtud de su postura antisoviética y antivietnamita).
En segundo término, nadie puede dudar de que los bombardeos e intervenciones de EEUU y sus dóciles aliados en Iraq (1991) y Yugoslavia (1999) fueron acciones criminales que tuvieron como víctima principal a la indefensa población civil de dichos países. Pero hay una distancia enorme entre ello y calificar a los gobiernos iraquí y yugoslavo como resistentes al yugo imperialista. Para lo cual habría que ocultar que Saddam Hussein fue armado por EEUU, cuando aún gozaba de sus favores, en la larga guerra que mantuvo contra el Irán del fanático fundamentalista y antiyanqui Jomeini. No es tampoco admisible ignorar que Hussein es un déspota de ambiciones vitalicias, represor de sus súbditos y del sufrido pueblo kurdo.
Tampoco puede merecer el calificativo de resistente al yugo imperial Slobodan Milosevic, un pequeño Stalin corrupto, fraudulento y racista, perseguidor implacable de las minorías étnicas en una verdadera política de ‘limpieza racial’ que era razonable pensar que había terminado con la caída del Tercer Reich.
Y por último, entender que la universalización del inglés es un mero epifenómeno negativo de la globalización neoliberal encabezada por EEUU, causa sorpresa por provenir de un hombre inteligente como Sarandy Cabrera. La expansión del uso del inglés puede ser –y lo es– un instrumento útil para la mayor fluidez de la comunicación entre los pueblos separados por barreras idiomáticas y para la comprensión e intercambio recíprocos de sus respectivas culturas.
Como anécdota, cabe recordar que en EEUU, la gran mayoría de los estudiantes que según los planes académicos deben cursar el aprendizaje de una lengua extranjera optan por el idioma español. Y nosotros, ¿deberíamos renunciar al español porque su implantación provino del dominio colonial hispánico que durante varios siglos se impuso en la mayor parte de América Latina?
*Abogado
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