Escrito por: JORGE R. BRUNI. - Subsecretario de Trabajo y Seguridad Social.
Se puede trabajar muy en serio y con humor. Rodolfo Tálice decía: “La risa y la sonrisa son tan necesarias en la vida como la comida y el vino”. Entre bromas varias se analizaba el futuro de la actividad de la construcción en la reunión realizada en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social el 29 de mayo, con participación de los más importantes empresarios de la construcción, los principales dirigentes sindicales agrupados en el Sunca y los ministros Mariano Arana, Víctor Rossi y Jorge Lepra, junto a los subsecretarios Jaime Igorra y el suscrito en carácter de ministro interino. El ámbito era el Compromiso Nacional.
Sin duda que existen muy buenos resultados generales en materia de empleo, salario real, reducción del desempleo, pobreza e indigencia, y cifras exitosas en la construcción. Estamos en un momento particular de la historia del país: atravesamos un período de crecimiento constante que nos permite proyectar futuro con cierta tranquilidad. Porque convengamos: si vienen tiempos de recesión el asunto será mucho más difícil. Tendremos que salir a apagar incendios, lo que originará necesidad de planes focalizados, asistencialistas, como parte de estrategias de inclusión social, tan necesarios siempre como igualmente insuficientes.
De ahí que pensar en el futuro del país, en su “trazabilidad” resulta esencial. Es decir: no dormirse en los laureles que nos dan los buenos resultados porque los problemas del país no están solucionados. Estamos en vía de, pero falta. Quedan miles de pobres e indigentes, lo que no es aceptable para Uruguay. A lo que se suman algunas desigualdades que persisten, a pesar de la gran mejoría producto de los notables esfuerzos del gobierno.
Trazar el futuro significa adoptar pautas activas de un modelo de país, que las tenemos, pero que hay que mejorarlas. No estamos en la década de los 90 cuando la estabilidad de los precios y el funcionamiento del libre mercado era lo único que importaba y la mejor estrategia era la que no existía. Sólo se pensaba en la inversión privada especulativa generadora de ganancias, y si de paso creaba empleo, mejor. La vida demostró que las cosas no eran tan fáciles, sino que había que orientar el funcionamiento de la vida económica del país. No sólo se trata de objetivos, sino de la elección de herramientas adecuadas. No significa más, sino mejor estado e institucionalidad, y no que sólo se piense en él para hacerse cargo de las inequidades sociales, de los desechos del funcionamiento del “libre mercado”, sino que funcione manteniendo los equilibrios económicos, redistribuyendo y ayudando a sortear crisis económicas en economías abiertas y globalizadas, anticipándose a la inseguridad. Dialogando, tratando de consensuar mecanismos para enfrentarlas. Hoy nadie puede discutir seriamente que la autorregulación, estrechamente ligada a los intereses individuales, pueda hacerlo.
El sector construcción con más de 40.000 trabajadores hay que proyectarlo junto a todo el país. De estas cosas hablábamos el 29 de mayo en el cuarto piso del MTSS. Surgen preguntas. ¿Cuántos empleos se necesitarán por año en las próximas dos décadas? Algunos hablan de 15.000. ¿Se piensa en absorber el crecimiento de la población, la reducción del desempleo y facilitar el retorno de los que se fueron y aún continúan haciéndolo, fundamentalmente jóvenes? La industria de la construcción ¿tendrá la tecnología, infraestructura y mano de obra calificada en cantidad suficiente como para enfrentar los desafíos del futuro? Se requerirá inversión privada y pública. Aprovechemos la herramienta del diálogo social que distingue a Uruguay en el mundo. Por eso estábamos en el MTSS el martes 29, con mucha seriedad y un poco de humor. Eso sí, don Rodolfo Tálice: sin comida y sin vino. *
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