Los recuerdos del contador Bensión

E l seminario organizado sobre las enseñanzas de la crisis de 2002 con la presencia de los miembros del equipo económico, ex ministros de Economía, dirigentes bancarios e importantes directivos del Fondo Monetario Internacional (FMI), sorprendentemente excluyendo a los actores nacionales de aquellos acontecimientos, sirvió recomponer el pasado, tener una mirada más aguda sobre lo ocurrido y, de alguna manera, comprender algunos puntos oscuros que quedaban por dilucidar.

Entender, por ejemplo, que la política contractiva que llevó adelante el gobierno desde su asunción hasta la devaluación posterior a la crisis, cuando el país había perdido su competitividad ya en el año 1998, en razón de la imprevista devaluación brasileña que nos dejó fuera de los mercados internacionales.

La intervención del ex ministro de Economía Alberto Bensión, uno de los «no invitados», de los pocos que se hicieron presentes en el evento, fue quizás uno de los puntos más importantes de todo lo que se habló durante esas largas jornadas de palabras y saludos. El ex ministro afirmó que durante toda su gestión, y especialmente durante los dos años previos a la crisis de 2002, el Ministerio de Economía cumplió fielmente todo lo estipulado en las dos cartas de intención firmadas en los años 2000 y 2001, exceptuando la meta fiscal, ello por razones vinculadas a la situación interna del país.

La intervención del ex ministro de Economía dejó en claro que el país cumplió una receta estricta del FMI, que determinaba una política restrictiva, buscando siempre lo que el mismo Bensión llamaba en el pasado la política del «rebote», que los uruguayos debimos soportar con un empobrecimiento paulatino, una caída del PBI que culminaría en la crisis de 2002, cuando como extensión de la crisis bancaria argentina se produjo una corrida masiva de «ahorristas» foráneos en nuestra banca.

El desastre fue mayúsculo, el sistema financiero armado en el Uruguay, ideado para trabajar con depositantes argentinos, no pudo soportar la corrida y varios bancos de capital nacional, luego de un «default» desastroso que dejó el tendal de damnificados, debieron cerrar sus puertas.

Claro, pero en el vórtice de la crisis recomienza la historia del FMI que cuenta Bensión: «Cuando la crisis empezó a tomar forma, en febrero de 2002, reiteradamente le pedí al Fondo Monetario un auxilio, que llegó seis meses después, desafortunadamente para el país y para quienes ya no estábamos»

Y llegó al país por la intervención del gobierno de los EEUU, por decisión del Presidente, George W. Bush, que luego de ser impuesto de la situación por el por entonces subsecretario para Asuntos Internacionales del Tesoro de Estados Unidos en el período 2001-2005, John B. Taylor, otro de los participantes del seminario, autorizó la concesión de un «crédito puente», o sea una cuerda de salvataje que luego se convirtió en deuda con el FMI, que desde allí asumió una responsabilidad que durante la crisis eludió.

Conocer la historia reciente del país, las enseñanzas que nos debiera haber dejado la crisis de 2002 es sumamente importante. Sin embargo, la ausencia en las mesas redondas armadas de protagonistas directos de lo ocurrido dejó puntos todavía oscuros.

Esperemos que aprendamos de lo ocurrido en aquella crisis, que todo nos sirva para una justa valoración de las políticas que el gobierno colorado aplicó cumpliendo las exigencias de las Cartas de Intención firmadas con el FMI, que significaron un empobrecimiento paulatino del país en el que funcionaba un sistema financiero no ideado para apuntalar la actividad empresarial nacional, sino para especular en negocios off shore.

Que esta experiencia nos sirva para no tropezar por segunda vez con la misma piedra. *

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