Cuando se juegan cosas fundamentales
En ocasiones, una instancia judicial que se produce en cualquier lugar del mundo, más allá de su motivo concreto, se convierte en una circunstancia que nos atañe a todos. Es que muchas veces está en juego la condición humana, sus valores fundamentales, y aparece en esos casos la oportunidad de una reafirmación trascendente de los mismos, para apuntalar esos valores, como por ejemplo el derecho y la obligación de informar, que que son basamento de la democracia.
De alguna manera, lo que se está viviendo en el Juzgado de la doctora Rosario Berro es uno de esos momentos en que la humanidad pone en juego esos conceptos fundamentales que hacen a los ciudadanos iguales ante la leyes. En este caso tratan de ser conculcados por el establishment. ¿Qué otra cosa se está debatiendo en esta espectacular alternativa judicial?
Lo que trata hacer la «patota» de los empresarios periodísticos vinculados a la SIP (que no es más, hay que tenerlo bien claro, que una agrupación de las patronales de la prensa), es tratar de acallar a uno de los únicos medios de prensa que reiteradamente ha denunciado las trapisondas que ocurren en el poder o a su amparo.
¿Se sabría lo ocurrido con las transacciones ruinosas realizadas por personeros de distintos gobiernos en la venta de bancos en poder del Estado sin las denuncias de LA REPUBLICA? ¿Se conocerían los detalles de las «coimas» intentadas por algunos para torcer licitaciones? ¿La gente se habría enterado de las andanzas de algunos «intermediarios» que han hecho fortunas incalculables con la venta de «chatarra» a nuestras Fuerzas Armadas? ¿Se hubiera conocido en este país la responsabilidad de muchos de quienes cometieron delitos durante la dictadura y fueron amparados por la Ley de Caducidad? ¿Hubiera trascendido lo ocurrido con algunos «secretarios privados» que utilizaron su cercanía con el poder para medrar a favor de sus intereses privados? ¿Se hubieran conocido los detalles de la afrenta que el propio Arbilla le realizó a la Justicia, cuando intentó –con «amigos» en el poder– que se archivara una investigación que lo afectaba?
Podríamos seguir infinitamente dando cuenta de informaciones que ha brindado LA REPUBLICA con el fin de terminar con el silencio que siempre se mantiene desde «arriba» para amparar cualquier tipo de andanza, aunque ésta esté dirigida contra los más importantes intereses del país. Y de paso preguntarle al actual presidente de la SIP cuáles han sido las cosas que bajo su conducción ha desentrañado el semanario que dirige y que, de alguna manera, afectaran al establishment.
Aquí está en juego algo mucho más profundo que el honor de Fasano: está en juego la libertad de prensa real (no la que quiere la SIP, que es la libertad de empresa), y los valores que están en el basamento mismo de nuestra democracia, que debemos defender a toda costa, pues en ello le va la vida al país.
Sabemos que el acusado por calumnias e injurias hizo gestiones ante algún dirigente de la izquierda, con el fin de que el Encuentro Progresista-Frente Amplio entendiera que su andanada contra LA REPUBLICA y su director, no tenía como objetivo indirecto perjudicar a la coalición de izquierda. Claro, la gestión de Paolillo en esa dirección (y de su patrón Arbilla) no perseguía otro fin que reducir el peso de sus adversarios y no abrir más flancos de lucha, entendiendo que su agresión contra LA REPUBLICA y su director debía circunscribirse al ámbito judicial, pese a que por mil caminos tratan de lograr su objetivo principal: desacreditar ante la opinión pública a un diario atípico, que no se ha atado a nadie, que juega un papel antisistémico que desagrada y confunde al poder y, que además, le sirve a la izquierda. Es bien claro que tras Paolillo no está solamente la empresa Búsqueda y la «patota» uruguaya de la SIP, sino también representantes de los últimos gobiernos que tratan de convertir a LA REPUBLICA en una publicación marginada de las fuentes de información y, por consiguiente, matar la esencia misma de esta publicación que trata de cumplir cada jornada con su obligación de llevar a sus lectores lo que ocurre en el país y en el exterior, sin estar atada a otra cosa que a su objetivo de informar.
Que no se crea nadie que estas reflexiones tienen como objetivo defender a Fasano. El sabe defenderse solo, sin que ni tránsfugas ni alcahuetes saquen la cara por él.
Por ello –volviendo a lo del principio– es que seguimos pensando que en esta instancia judicial no sólo está en juego el honor de una persona, ni el prestigio de una publicación. Están sobre la mesa elementos fundamentales que hacen a la vigencia de nuestra sociedad, en los que están apuntaladas las sociedades modernas, como la democracia y, fundamentalmente, las libertades, incluida la de prensa.
* Periodista
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