Una verdad incómoda

Nos remitimos al título del premiado y elogiado documental de David Guggenheim que tiene como protagonista al ex senador, vicepresidente de los EEUU y ex candidato a la titularidad de la Casa Blanca, Al Gore. Su presencia en América Latina durante estos días de mayo ha concitado revuelo por tratarse de uno de los operadores políticos más potentes y pertenecientes a la casta gobernante del mismo imperio, empeñado hoy en cuestionar y poner énfasis en los daños causados al planeta por la devastadora e inescrupulosa explotación capitalista. Se vaticina que, de persistir el actual proceso de calentamiento global, podría exterminarse una cuarta parte de las especies de plantas y animales de la tierra hacia el año 2050. El actual y asfixiante nivel de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera podría duplicarse a partir de los próximos 30 años. El hueco de la capa de ozono, ya en las dos últimas décadas, se ha hecho cuatro veces más grande sobre la Antártida, con consecuencias nefastas. En fin, realidades sobre las que la conciencia universal está advertida y proactiva en sus análisis y diagnósticos.

Datos tan evidentes como el brutal aumento de la población mundial que en un plazo de pocas décadas pasará de 6.000 a 9.000 millones de seres, las necesidades por cubrir la alimentación y el agua para la supervivencia del género humano y demás especies, la desaparición de bosques, selvas, nieves eternas y glaciares y sus efectos traducidos en tornados, huracanes y lluvias cada vez más agresivas y fuera de cualquier equilibrio ­como las que ha vivido Uruguay recientemente­ ponen en jaque y evidencia a quienes precisamente no han suscripto el Protocolo de Kyoto: los propios EEUU, gobernados por el Sr. Bush y Australia, en particular. El 11 de diciembre de 1997 se produjeron, como es de dominio público, acuerdos trascendentes en la citada ciudad japonesa. Tomando referencias de 1990, los países industrializados reunidos allí se comprometieron a la adopción de medidas suficientes como para reducir en un 5,2% de media, las emisiones de gases de efecto invernadero. Esa cantidad debía alcanzarse entre 2008 y 2012… Sin embargo, el histórico acuerdo sólo vino a entrar en vigor el 16 de febrero de 2005, después que Rusia ratificara el Protocolo tres meses antes. Además, el gobierno de Estados Unidos, que firmó el acuerdo, no lo ratificó, por lo que su adhesión fue solamente simbólica hasta 2001. Ese año, George Bush se retiró de tal acuerdo argumentando que el Protocolo es ineficiente e injusto al involucrar sólo a los países industrializados y excluir de las restricciones a algunos de los mayores emisores de gases en vías de desarrollo, en particular, China e India. Además del cumplimiento de las naciones signatarias en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, se promovió desde esa instancia internacional la generación de un desarrollo sostenible, de tal manera que se priorice también la utilización de energías no convencionales, alternativas.

No nos engañemos. Modificar el modo de producción capitalista y sus matrices energéticas, no será tarea fácil por la magnitud de intereses que hay en juego.

Detener la destrucción de nuestro planeta, evitar el calentamiento global, que ineluctablemente deberán soportar y padecer las futuras generaciones, es una titánica y gigantesca tarea que debemos alentar, propalar y sustanciar en particular los auténticos progresistas, ambientalistas y ecologistas desde nuestro entorno cotidiano, hasta llegar y conmover el propio seno de la principal potencia económica y militar del mundo. Su sociedad civil , que toma decisiones políticas cada cuatro años, debe sentir el alerta mundial para votar por un cambio de paradigma, con desarrollo sostenible. En este contexto, la nominación del ex presidente de Chile, Ricardo Lagos Escobar por parte del secretario general de Naciones Unidas como enviado para el cambio climático, constituye un aliento esperanzador para el continente que posee quizás las mayores reservas de agua y alimentos de la humanidad. Sólo una voz que le dijo NO a la guerra en Irak hace unos años posee el poder conceptual y credibilidad, junto a otras figuras de su talla, para evitar tamaña tragedia y ahuyentar la posible utilización de esta verdad inocultable con fines ajenos a lo que sea actuar con premura y resolución por hacer del mundo un lugar más confortable y seguro. *

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