La insólita tesis de la responsabilidad individual

L a temática de derechos humanos está tendiendo a enrarecerse sobre la base de las diferencias que se están verificando entre quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado o son familiares de quienes lo fueron, muchos de ellos que integran las trágicas y largas listas de desaparecidos. Especialmente en los últimos días, por las insólitas expresiones del comandante del Ejército, Jorge Rosales, que en un discurso mal pensado y mucho peor inspirado, trató de llevar agua al molino de quienes pretenden dar «vuelta la hoja», poniendo un punto final al difícil distanciamiento que vivimos los uruguayos, sosteniendo que el Ejército «como institución no quiere ser juzgado por eventuales acciones individuales incorrectas».

¿Cómo es eso?, ¿»acciones individuales incorrectas», las torturas masivas y sistemáticas en la mayoría de las unidades militares, las acciones armadas en contra de civiles, que determinaron – como en el caso de los ocho militantes comunistas en el Paso del Molino –una de las páginas más oscuras de la historia de nuestras fuerzas armadas? ¿O es que Rosales no recibió adoctrinamiento sobre la base de la controvertida Doctrina de la Seguridad Nacional, que era básica en los estudios militares en los institutos como la Escuela Militar? ¿O no tuvo conocimiento de lo hecho por algunos de estos militares que están procesados y detenidos en la cárcel especial? ¿Ni siquiera leyó los diarios para informarse del caso Soba-Mechoso?

¿Y, qué tiene que decir de los vuelos en que se traían detenidos desde la Argentina que eran entregados al Ejército, la mayoría de los cuales integran hoy las listas de desaparecidos, en aviones piloteados por hombres que ahora están en el comando de otra de las fuerzas o, de otro, que ya lo estuvo durante el gobierno anterior? ¿Es que cree que el Ejército uruguayo no ha tenido nada que ver con las acciones del Plan Cóndor, con su implementación? ¿Rosales cree que el escribano Miranda y Chaves Sosa, cuyos cadáveres fueron encontrados luego de pacientes excavaciones realizadas por orden del Poder Ejecito, murieron por la acción de algún delincuente común o de algún matón, extralimitado, que no cumplía con las órdenes recibidas y a quien se le «fue la mano?»

Las afirmaciones del comandante en jefe del Ejército son insólitas, parecen pronunciadas por un extraterrestre que llegara sin conocer para nada la historia de nuestro país. Y no es el caso de Rosales, que si bien es un hombre relativamente joven, de ninguna manera, por respeto intelectual a los uruguayos, a todos los luchadores que quieren esclarecer la verdad para que en el país resplandezca la justicia y realmente se pueda llegar a un «punto final», puede sostener que las aberraciones cometidas en el pasado por los terroristas de Estado se deben a extralimitaciones individuales y no, como es evidente, a una acción concertada, planificada y llevada adelante por las Fuerzas Armadas. Agregaríamos además sobre la base de la doctrina de la Seguridad Nacional y de acuerdo con el esquema trazado por el Departamento del Estado de EEUU, para la acción político militar en esta parte del continente.

Una acción sistemática, de aplicación de medidas tiránicas y persecuciones aberrantes a los ciudadanos por sus ideas. En el Uruguay, recordemos, se dividió a la población en tres categorías, persiguiendo de manera brutal a quienes tuvieron la desgracia de haber sido fichados por los agentes o informantes. Hasta limitaban el largo del pelo de los liceales varones y de las polleras de las mujeres, sobre la base de una moralina medieval y una visión cuartelera de la disciplina.

Un régimen que llevó al jefe de la vorágine de arbitrariedades y persecuciones, al general Gregorio Alvarez, a la Presidencia de la República. Hoy un amnésico militar, que nunca olvida cobrar su jubilación por un cargo que usurpó, pero que ha borrado de sus recuerdos su pasado y el del país, y cuando habla de algo, lo hace de una conjura del comunismo.

Es doloroso, cuando vivimos en una democracia plena, un hombre al que se le ha confiado nada menos que el comando del Ejército, tenga una visión tan corporativa de la realidad y sostenga en su discurso central del Día del Ejército una posición tan insólita, que no admite medias tintas, pronunciada además en un tono claramente confrontativo.

¡Lamentable! *

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