Escrito por: JULIO GUILLOT - Periodista
Como es de público conocimiento, un nutrido grupo político proveniente fundamentalmente del Partido Nacional e integrado al Espacio 609 se está viendo en dificultades para adoptar un nombre con el que identificarse.
Empezó como “Columna Blanca” pero el Honorable Directorio, ni corto ni perezoso (ni generoso ni tolerante, habría que agregar) se sobresaltó e interpuso un recurso sosteniendo que el adjetivo (también usado como sustantivo) blanco/a no podía ser usado por ningún grupo, sector o movimiento que no estuviera integrado orgánicamente al Partido Nacional o Blanco.
Bueno, en rigor, tiene su lógica. Y tiene antecedentes: en 1962 la Unión Nacional y Popular –de Erro y los socialistas– debió eliminar el segundo adjetivo de su lema; y en 1971, el Pancho Rodríguez Camusso al integrarse al Frente Amplio no pudo registrar su sublema Movimiento Blanco, Popular y Progresista, porque las autoridades nacionalistas de entonces no le permitieron usar el primer adjetivo de su denominación.
Confieso que a mí me rechina bastante esa apropiación de vocablos y estaría dispuesto a aceptar sin cacarear que un sector del Partido Nacional, por poner un ejemplo, decidiera llamarse “Movimiento oribista-bakuninista” o “Los blancos con Prudhon” o “Herrera y El Che, un solo corazón” o “Marxistas con la UBD”. Pero se ve que los distinguidos doctores que sesionan en la Plaza Matriz no piensan como yo. Y bueno, qué se le va a hacer: todas las opiniones están en el alma humana y no puedo pretender utópicas coincidencias.
Ante esta prohibición y con buen criterio, Jorge Saravia, Rubén Martínez Huelmo y otros notorios dirigentes del grupo de tránsfugas (como los llama la dirigencia nacionalista) acataron respetuosamente la interdicción de su ex partido y optaron por llamar a su sector “Participación Masoller”. Pues bien, aunque parezca increíble, tal denominación también mereció el veto del H. Directorio por considerar que el nombre de un paraje donde se libró la última batalla de la revolución saravista en la que halló la muerte el jefe revolucionario también estaba registrado a nombre de la colectividad de Oribe.
Confieso (segunda confesión en pocas líneas) que jamás imaginé que la toponimia uruguaya pudiera ser patrimonio de una colectividad política, y ahora, alarmado, me pregunto si también tienen registrado (como si fuera una marca comercial) el nombre de la ciudad de Paysandú… o si, llegado el caso, el Partido Colorado reivindicaría para sí el paso Quinteros.
En esa absurda angurria por acaparar lugares, personajes y hechos históricos, el Partido Nacional exhibe una falta de grandeza que me asombra y una mezquindad casi pueril que no le conocía. Reconozco que mi capacidad de asombro no estaba colmada y calculo que a partir de ahora, dispondrán militantes-inspectores que se turnen en el Registro Civil y que a cada pareja que vaya a inscribir a un hijo con el nombre de Leandro, Aparicio, Luis Alberto o Wilson, le exijan documentación probatoria de su inquebrantable fe nacionalista.
Para terminar, no me queda sino sugerir a mis buenos amigos del Espacio 609 que bauticen a su grupo Nívea Columna o Movimiento Popular Albeante o Participación Tupambaé (con probar no se pierde nada) o, directamente, Columna Nevex (el blanco más blanco). *
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