Nuestra verdad no está vacía de contenido

Domingo 20 de mayo de 2007 | 2:14
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“Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene”. Esta ambigua expresión, tan propia de Juan Carlos Onetti, tiene una vinculación muy directa con lo ocurrido en las últimas horas cuando desde distintos medios periodísticos se pretendió desmentir el titular de LA REPUBLICA, de que se reanudarían excavaciones en predios militares para intentar encontrar nuevas pruebas del genocidio llevado adelante por los esbirros de la dictadura, particularizando la búsqueda en la maestra Elena Quinteros, una de las víctimas de la atroz represión contra el pueblo uruguayo, quien fuera secuestrada de los jardines de la Embajada de Venezuela.

Porque tras los desmentidos, basados en afirmaciones algo fuera de lugar del antropólogo José López Mazz, que en lugar de aclarar el contenido de sus declaraciones ante la Justicia adjetivó inexplicamente la información de LA REPUBLICA que, por otra parte, por estas horas se está comenzando a confirmar, debió sentirse gratificado por la posición del Poder Ejecutivo, de recomenzar los trabajos. La verdad expresada por LA REPUBLICA no era como la descripta por Onetti, tenía un contenido implícito, y no se basaba en hechos vacíos.

Que se encuentren o no los restos especificados son harina de otro costal, porque los operativos para borrar las huellas y hacer desaparecer los cadáveres de las víctimas fueron varios y tuvieron distintos nombres, pero esos son velos que también se han comenzado a descorrer. Los trabajos ya realizados por los antropólogos encabezados por el propio López Mazz fueron intensos, específicos. Sólo por el método minucioso aplicado con sumo rigor se tuvieron algunos éxitos que sirvieron para confirmar lo que se había manejado en denuncias públicas e investigaciones realizadas por familiares y periodistas. No en investigaciones judiciales, porque las mismas habían sido paralizadas por la aplicación de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.

Los restos del escribano Fernando Miranda y del trabajador Ubagesner Chaves Sosa, muertos en la tortura, nos enfrentaron a todos ante una muy dura realidad que ahondó la convicción de la necesidad de seguir adelante para que a través de la verdad algún día resplandezca la justicia. Y en ello coincidió el Poder Ejecutivo, excluyendo del amparo de la Ley de Caducidad varios casos que comenzaron a investigarse en el ámbito judicial, los que siguen determinando responsabilidades y culminaron con el procesamiento de varios militares, del ex presidente motinero Juan María Bordeberry y de su canciller, el doctor Juan Carlos Blanco.

Las informaciones en manos del antropólogo López Mazz, las aportadas por familiares y por investigadores que han ido desentrañando paso a paso lo ocurrido plantean un serio problema ético a nuestra sociedad en que no tiene, creemos, mayor incidencia el odio, como se sostiene. El odio puede existir pero no es el ingrediente principal que impide el proceso hacia el “nunca más”. Cómo se puede tener el tupé de calificar de odio a la acción de los familiares de las víctimas de todo lo ocurrido, cuando se siguen denunciando hechos de una gravedad inusitada, como los traslados clandestinos de detenidos desde la Argentina, con asesinatos presumiblemente masivos en el Uruguay. Son informaciones que debieran confirmarse con una exhaustiva investigación oficial.

Es que algunos militares confunden el “nunca más” que plantea el gobierno del Presidente Vázquez con una especie de “punto final”, un dar vuelta la hoja definitivo y terminal.

Una disyuntiva ética que no está planteada, porque se sigue caminando, con mil dificultades pero a pasos cada vez más rápidos, hacia el objetivo de la verdad, a la que se llega por acercamientos sucesivos ante el silencio cómplice de muchos, y nadie aceptaría hoy una especie de desmovilización, dando vuelta la hoja de la historia y mirando hacia delante y tratando de dejar enterrado en el pasado lo ocurrido.

Nos parece que ya la gente ha resuelto y es bien claro que se aspira a la verdad, sabiendo que ella misma significa justicia, más allá de que muchas de las aberraciones cometidas en contra de los derechos humanos desde el punto de vista legal, por el tiempo transcurrido, ya no puedan ser perseguidas penalmente. *

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