El debate educativo, otra etapa

Escrito por: JORGE SCURO - Director del Cipes

Sábado 19 de mayo de 2007 | 2:37
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La presentación al presidente de la Asamblea General por parte de las autoridades de la educación, de la documentación producida por el Congreso Nacional reunido en el marco del debate educativo motivó la pregunta ¿y ahora cómo seguimos?

Se cumplió una etapa, muy importante, en este debate que nos llevará a la reformulación de la ley vigente y fundamentalmente encarar una nueva opción educativa para el país, teniendo en cuenta la nueva situación social y las necesidades educativas para el futuro país productivo y democrático que nos proponemos.

Esa primera etapa fue planteada como abierta al debate ciudadano y con aciertos y errores se motivó un debate generalizado que produjo una enorme cantidad de aportes que debidamente ordenados fueron presentados al Poder Legislativo.

Se mencionó, allí, la necesaria segunda y tercera etapa de este recorrido que logre un acuerdo amplio sobre el Sistema Nacional de Educación.

La segunda etapa será la de los técnicos y aquellos representantes de las voces ciudadanas que deben concurrir a reordenar y elaborar los grandes perfiles del objetivo que se busca. Luego, en la tercera etapa, el Parlamento, en su carácter de expresión representativa de la soberanía nacional, tomará las opciones que entienda adecuadas para la mejor realización del bien común, de acuerdo con estos recaudos y propuestas que se le presentan.

Son momentos distintos y necesarios para la resolución de problemas complejos y determinantes de largas instancias. No conviene retocar permanentemente los grandes objetivos nacionales en la educación. Los procesos pedagógicos tienen sus propios tiempos que no pueden acelerarse por más rectificaciones que se hagan sobre la marcha. Se necesita en este momento afinar la puntería.

Está el momento de la propuesta, el de la visión utópica como realizable con el ejercicio de la voluntad que se enciende en las discusiones y concentraciones.

Pero el día después, el de las concreciones, es inexorable y, sin perder el horizonte, respetando el entusiasmo del día anterior, es necesario elegir lo posible para acercarnos a lo realizable.

Decía Dietrich Bonhoeffer, desde la prisión de los nazis, en “Resistencia y sumisión”: “Es mucho más fácil perseverar en algo en el terreno de los principios que en la responsabilidad concreta. La joven generación intuirá siempre con la mayor seguridad si se ha actuado sólo por principios o a partir de una responsabilidad viva, pues lo que está en juego en ello es su propio futuro”.

En esta segunda etapa, la reflexión ponderada y la palabra medida deben surgir en los grupos heterogéneos de trabajo que vayan construyendo escenarios de posibles realizaciones y concreciones de los mejores anhelos. Si esta etapa no tiene la seriedad y responsabilidad necesaria, alejada de la demagogia y la vocinglería reductora, la historia del país nos lo demandará.

No hay voces despreciables, cada una valdrá de acuerdo con la fuerza de sus razones y la grandeza de las propuestas que aporte a la mejor educación posible, aun renunciando, por el bien común, a expectativas individuales o corporativas.

Cuanto más amplio el abanico de propuestas mejor, pero mejor aun cuanto más serias y fundadas sean esas propuestas. Una cosa es el discurso ante la muchedumbre, sin retorno, y otra la palabra pronunciada ante pares en actitud de escucha crítica, reflexiva y con deseo constructivo por una responsabilidad apremiante. *

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