Una adecuada decisión del Poder Ejecutivo

Sábado 19 de mayo de 2007 | 2:37
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E l presidente, Tabaré Vázquez, anunció ayer que dará la orden para que se reanuden los trabajos en dependencias militares, en busca de los restos de detenidos desaparecidos, quienes fueran asesinados y enterrados en lugares todavía a descubrir. Esta decisión presidencial, en base a la cual se ordenará que se permita al grupo de antropólogos que ya actuaron anteriormente retomar las excavaciones, está basada en la informaciones conocidas en las últimas horas sobre Elena Quinteros, uno de los casos más emblemáticos, en que esta maestra fue secuestrada en el año 1976 por integrantes de las Fuerzas Conjuntas de los jardines de la Embajada de Venezuela, a lo que se suman los datos también trascendidos sobre otros traslados de prisioneros políticos desde la Argentina, los que mayoritariamente habrían sido asesinados en el Uruguay.

Es que, como decíamos en trabajos anteriores, uno tras otro siguen cayendo los velos que encubrieron por tantas décadas la verdad a la que se está llegando hoy, creemos, a pasos agigantados a un ritmo desconocido anteriormente.

La Justicia, por su lado, se ha puesto las pilas y actúa con una celeridad desusada en el pasado, ya que se tiende a superar rémoras lamentables como el archivo del expediente del asesinato de la nuera del poeta argentino Juan Gelman. Un acto controvertido que, posiblemente, tenga hasta una condena internacional que pronunciaría la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, organismo de prestigio, que presumiblemente condene la enormidad concretada en su oportunidad. Objetivamente, el archivo del expediente decretando en favor de la impunidad de los autores de un crimen aberrante, que eriza la piel y que los propios militares que estuvieron envueltos en la represión dictatorial califican de “ilegítimo”, fuera de toda la “lógica de la guerra”. Guerra que ellos siguen reivindicando, fuera de contexto histórico, para justificar las enormes aberraciones cometidas.

La decisión del Poder Ejecutivo de ordenar la reanudación de las excavaciones es una consecuencia lógica del trabajo consecuente y esforzado de investigación que se ha realizado, en base al cual paso a paso se acelera el camino hacia la verdad, lo que no quiere decir, luego de pasados tantos años, que pueda finalmente resplandecer la justicia, por lo intrincado del contexto institucional en que estuvo sumergido el país durante las épocas de plomo.

Pero lo que surge con claridad es la responsabilidad manifiesta de las Fuerzas Armadas, que no sólo actuaron en contra de la Constitución de la República, que habían jurado defender, acompañando al presidente Juan María Bordaberry en su golpe de Estado, sino que, en sucesivos actos de soberbia, fueron aumentando la cuota de poder, colocando a sus propios hombres en los cargos más relevantes, hasta llegar al desiderátum de la locura tiránica que fue la de investir al líder motinero, fiel defensor e impulsor de la Doctrina de la Seguridad Nacional, al general Gregorio Alvarez, como Presidente de la República.

Han pasado muchos años de los crímenes, de los asesinatos, de las torturas sistemáticas y masivas, de los campos clandestinos de detención, de la Operación Cóndor, pero por más que se haya intentado borrar todos los hilos conductores hacia la verdad, han quedado huellas, algunas indelebles, imborrables, que nunca desaparecerán.

Pero además está la memoria que se mantiene, pasando de generación en generación, que sirve para que hijos, nietos y todavía algunas de las víctimas de lo ocurrido, estén en condiciones de seguir reclamando justicia.

Un valor supremo, necesario, para una sociedad que debe consolidar una democracia próspera y pujante, en paz. *

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