América Latina ha cambiado ¿Cómo cambia Uruguay?

Estamos en medio de un torbellino de temas, en sociedades cada día más complejas, en donde una acción que opera desde hace varias décadas ha procurado atomizarnos a todos en ambientes cada día más individualistas. Y en el avance de ese proceso, en contradicción, los países se agrupan en Estados continentales, las comunidades se abroquelan en sus etnias y religiones, los segmentos de actividad se enhebran y fusionan en grupos de intereses.

En este panorama genérico, en Uruguay muchos como yo apostamos al cambio y desde muchos sectores nos sumamos al rumbo del Frente Amplio (FA) desde 1971, y pusimos el hombro para el triunfo electoral de 2004.

Pero la historia quedó atrás, no sólo en los hechos, sino en las actitudes firmes contra la injusticia y al mismo tiempo cautelosas –en muchos casos muy cautelosas– de nuestra comunidad uruguaya. Todos sabíamos que los cambios serían «graduales y a la uruguaya». Es decir, no se llegaba con ritmo revolucionario y no se «importarían procesos de otras latitudes».

Dicho lo cual, la expectativa era y es vivir los cambios por los que la votación popular respaldó electoralmente al conjunto de fuerzas del FA, y al Programa que aprobó su Congreso previo a las elecciones. Un horizonte y rumbo claros. Yo digo, bien claro, para el Uruguay y respecto a la región por la que luchó Artigas.

 

Adentro: compromisos

Con gradualidad, y a la uruguaya, la agenda marcó prioridades para el interior del país: i) desarrollo productivo y trabajo, ii) superación de la enorme desigualdad social, y iii) saneamiento de la dolorosa memoria de la violación de los derechos humanos. Democráticamente y con paz interior «la mayoría de los uruguayos» suman a esos objetivos, excepto los tradicionales mercaderes que -desde que nació este país aislado y dependiente-, lucraron y amasaron fortunas con las riquezas extraídas de los latifundios, las fábricas y los negocios portuarios de Montevideo.

 

Afuera: señales de esperanza

.Pero fuera de fronteras el resto del mundo cercano y lejano se mueve con dinámicas propias, sin incidencia uruguaya. Nadie osaría exigir que nuestra «gradualidad y el estilo de cambios» sea uno de nuestros artículos de exportación. Y por lo mismo, a «nuestra región», América Latina, debemos admitirle y respetarle dinámicas y estilos propios de cambio, según las historias específicas de cada comunidad… Y ¡vaya si la geopolítica de nuestra América Latina ha cambiado en estos últimos años¡ Cada cual a su estilo y por orden alfabético nos dicen que no son lo mismo: Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Panamá, Venezuela ­con su revolución bolivariana-, además de vivir y luchar desde 1959 la Cuba revolucionaria, cargada de críticas, oprobios y méritos ejemplares, y de convivir democráticamente Chile, con su pueblo sufrido en sus espaldas por la dictadura atroz de Pinochet.

En nuestro compromiso con la región, actual y artiguista, esa gradualidad y la impronta uruguaya tienen necesariamente que acompasarse con la nueva dinámica de América Latina –superar las dificultades coyunturales– y sumarse al rumbo de la potencialidad por la unidad regional y su integración plena.

 

Afuera: señales de riesgo

Como siempre aconteció, sobre esta dinámica creciente de cambios en «nuestra región», la de Artigas, aletean las aves de rapiña de los viejos y los actuales imperios que han dejado heridas en México, Cuba, Panamá, Puerto Rico, Grenada, Rep. Dominicana, Chile de Allende, y todos los demás países en donde la injerencia externa gestó y sostuvo a las dictaduras militares. Así, también hoy, mediante política, economía, y por vía diplomática, la sombra del imperio se presenta como «jurado del bien» pretendiendo dividir aguas en la América Latina floreciente como la describió recientemente Frei Betto.

Tomando al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela como la «cabeza del iceberg» del mal, el mundo imperial y sus seguidores –y en Uruguay hay varios–blasfeman contra el presidente Chávez que detenta el 65% de adhesión popular en la opinión pública interna de su país, en nivel parecido al de nuestro Presidente Tabaré Vazquez-

Por otro lado, en la misma «onda» anti-Chávez –en busca de esa artificiosa «división de aguas»–, las miradas cautelosas eligen a Chile como «modelo referente», siendo que su imagen –viéndola desde nuestro país– padece de nuestros mismos males: un escenario de contradicción entre «buenos negocios y buenas exportaciones» y una mala distribución del ingreso, la peor de la región, con pobreza que sigue … (Vean en la separata de Brecha -11 de abril-, el enfoque de economistas y legisladores del gobierno de Chile).

 

Y entre nosotros, confusiones

El gobierno del FA encontró un país muy endeudado y con las miradas severas de los organismos financieros internacionales sobre el rumbo que daría a su economía. Y ese rumbo siguió y sigue la ortodoxia de esos «tutores». No todos lo compartimos, pero algunos lo explican por pragmatismo, pero lo cierto es que cuida la impronta financiera, fiscal y monetaria bajo las directivas del FMI y del Banco Mundial y apuesta a la solución de las inversiones extranjeras y un nuevo ¿o viejo? cuño de relacionamiento comercial ¿La explicación? ganar y cuidar la confianza del mundo financiero que esos organismos internacionales protegen… En fin, varias décadas oyendo lo mismo, prisioneros de la deuda y aumentando las cifras absolutas de la misma.

Y ante ese rumbo, lamentablemente, se aprecian notorias reticencias para «proceder activamente» en: i) trabajos constructivos por el Mercosur; ii) trabajos positivos hacia los acuerdos económicos, comerciales y sociales con Venezuela –que muchos pasos amistosos de avance ha dado hacia nuestro país–; y con Bolivia y con Paraguay, para estructurar –por ejemplo– una intervinculación humana que, entre los «menores del Mercosur» 1, oriente a la solución de las asimetrías con Brasil y Argentina; y iii) enfoques positivos para la intervinculación energética, los Acuerdos Populares de Cooperación, el Banco del Sur, y otros proyectos de significación que emergen, como ­por ejemplo- el ALBA. Creo que esta dicotomía ­día a día- la irá entendiendo con claridad toda la gente y no quedaremos encerrados en lo mismo de antes.

Porque, mientras, nace el Parlamento del Mercosur con voces de compromiso y esperanza, a pesar de los gritos sin sentido y antihistóricos de las viejas estructuras de los partidos tradicionales, para la región que visionó Artigas y que se fortalece, al par que en Uruguay se percibe mucha fuerza «de abajo». Por eso me sumo a la esperanza de los cambios en nuestro país y pienso que el gobierno del FA sin duda encontrará ­entre los vericuetos de funcionarios y tecnócratas- su rumbo programático auténtico. No dudo que Frei Betto nos incluirá en sus textos y dirá que ­como siempre- nuestro pueblo suma rosas de solidaridad en la América Latina florecida. *

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