El teniente general encapuchado

García Márquez escribió «El coronel no tiene quien le escriba». En Uruguay, con un sentido de oportunidad, habría que escribir «El teniente general no tiene quien le crea», pero de cualquier manera no podemos pasar por alto su nueva tomada de pelo. No sólo dirigida a sus mandos, los que hasta ahora hicieron mutis por el foro, sino a los que trabajamos para el cambio, que trabajosamente en algunas áreas se están realizando y, a esta altura, no estamos dispuestos a aguantar mentiras grotescas y burlescas.

Los lectores se estarán preguntando por qué las cosas se están dando así y tan evidentemente así , por que la ciudadanía tiene la percepción de que estamos cada vez más lejos de la verdad cada vez que un militar vinculado a la represión en la dictadura sale a mentirnos y divagar.

De cualquier manera, por grande que sea el esfuerzo que ponga el gobierno para superar dificultades, por el otro lado se siguen aplicando prácticas, no aceptables primero porque son mentirosas y segundo porque impiden resolver en profundidad el problema de los desaparecidos. Más le valdría a algunos, de una buena vez, respetar de forma inequívoca la voluntad de la gran mayoría que es la fuerza que gobierna y de todos los uruguayos, para afirmar sólidamente el sistema constitucional que tanto nos costó rescatar.

Tengo la seguridad de que en todo esto hay un problema de desobediencia institucional, que los poderes Legislativo y Ejecutivo tienen que resolver, reclamando a sus soldados que cumplan la orden no sólo de compadecer ante la Justicia sino de decir la verdad. Para esto se requiere coraje, el que sabemos que le sobra a este gobierno pero del que carece el teniente general.

Hay cosas que vamos a cobrarles a los responsables y si lo vamos a hacer lo haremos con tranquilidad de espíritu y durmiendo tranquilos, no dándole la espalda a muchos para proteger a tan pocos.

No pensemos en las Fuerzas Armadas como factor de poder, tenemos que referirnos a lo que significan como parte de la Nación pues no está afuera, ni por encima ni enfrentada, sino que dentro de nuestro sistema democrático.

Es bueno recordar que unos paisanos ayudaron a crear el país y a esos se les puso uniforme y se les confió la defensa de sus fronteras y de sus leyes. Y como todas las instituciones nacionales, no son de nadie, ni nuestras, ni de sus integrantes, sino de la Nación , entendemos que no puede inferírsele agravios por las conductas individuales de algunos.

Las declaraciones del teniente general Alvarez nos demuestran que hay en determinados sectores de poder un exceso de arrogancia. Es la contracara de la cobardía que utilizaron para traer a los detenidos encapuchados en avión.

Quiero creer que este gobierno está preocupado y empeñado en introducir todo lo que pueda de serenidad, prudencia, justicia y sobre todo de firmeza en una situación que requiere pulso firme y cabeza fría, teniendo en cuenta que las mentiras del teniente general tienen patas cortas y la paciencia también tiene límites. *

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