El neoliberalismo y sus dogmas en tela de juicio

Independientemente de la posición que los diversos sectores que integran el Frente Amplio hayan asumido respecto de la reformulación o actualización ideológica propuesta por su presidente, creemos pertinente destacar una faceta altamente positiva del comienzo de los talleres.

Como se recordará, la invitación formulada a personalidades no frentistas ajenas a la izquierda suscitó respuestas disímiles de los distintos grupos. Hubo quienes entendieron que la presencia de figuras vinculadas a las anteriores administraciones –y concretamente la del ex ministro de Economía del primer gobierno de Sanguinetti, contador Ricardo Zerbino– resultaba paradojal y constituía una incoherencia inoportuna.

En esta tesitura se alinearon partidos, sectores y grupos de la llamada izquierda radical como el PCU o el PVP.

Como decimos al comienzo, no pretendemos terciar en el debate ni tomar partido por una u otra de las posiciones expresadas en la interna frentista. No nos corresponde ni es nuestro interés hacerlo. Cabría preguntarse si la invitación es una muestra de tolerancia, de convivencia civilizada o una señal de un aggiornamiento largamente anunciado. ¿Habrá que verla como una señal de respeto por los adversarios, o como un intento por mejorar una imagen de la izquierda que la derecha se ocupa con tesón de ensuciar? Algo de todo eso hay sin duda en la invitación a políticos blancos y colorados.

Pero lo que nos interesa hoy es la exposición del ex canciller de la administración Lacalle, el doctor Héctor Gros Espiell.

Y nos resulta imposible abstenernos de comentar lo expresado por este último en la sesión inaugural de los talleres, compartiendo la mesa que presidió la sesión con dirigentes frentistas y con el obispo de Melo, monseñor Del Castillo.

La exposición del doctor Gros está conceptualmente emparentada con la mejor tradición blanca sustentada desde la época del gobierno del Cerrito. Una clara postura nacionalista y antiimperialista que supo nutrirse luego de las ideas progresistas del radicalismo blanco de Carnelli y que tuvieron su expresión más cabal en el más reciente wilsonismo.

Luego de definirse como un liberal en política pero contrario al neoliberalismo económico que radica la libertad exclusivamente en la economía y desprecia el humanismo («no me considero un conservador ni hombre de derecha»), el ex canciller se refirió al fenómeno de la globalización como el resultado del desarrollo espectacular de las comunicaciones, advirtiendo que la mundialización es ya un dato de la realidad. No obstante, entiende que el progreso científico y tecnológico «en un altísimo porcentaje está destinado a asegurar la preeminencia de los países ricos, de las potencias, y dentro de los Estados, la predominancia de determinados grupos económicos».

Es ni más ni menos que el reconocimiento explícito de algo que se ha venido afirmando desde filas progresistas: que el mercado no cumple un papel verdaderamente regulador pues hasta ahora la distribución de la riqueza proveniente del crecimiento sigue siendo de una injusticia sublevante.

Y más adelante señala Gros: «(la pretensión de debilitar el papel del Estado) es una de las estupideces más grandes; la debilidad del Estado no es el fortalecimiento de la libertad personal, ni de la igualdad, ni de la justicia».

Hay que reconocer que semejantes afirmaciones, por provenir de un integrante de uno de los partidos conservadores, no sólo habrán sorprendido a más de uno, sino que, además, demuestran que los dogmas y premisas del neoliberalismo están despojados del aura con que algunos todavía intentan presentarlos.

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