Sobre encuestas y encuestadores
H a provocado polémicas la aparición de algunas encuestas que, más allá de la capacitación técnica de quienes las realizan porque la trayectoria ética indispensable en los responsables de esa difícil profesión estadística es innegable, se convierten en una lectura de la realidad que es de utilidad infinita para diversas actividades en una sociedad moderna.
Por supuesto que alguna de ellas, por no gustarle a un sector político el resultado del análisis de opinión pública, sufrió en más de una oportunidad los rayos y las centellas de las diatribas en contra del mensajero, como si la información de los números manejados pudiera torcerse con total impunidad, sin riesgo de perder estas empresas su fundamental sustento: la credibilidad.
En el pasado hemos asistido en infinidad de ocasiones, especialmente durante los períodos preelectorales, a absurdas defenestraciones de encuestadoras cuando las cifras no coinciden con las expresiones de deseo de caudillos políticos que miden la realidad de manera subjetiva, sin ningún método científico ni tratando de auscultar la opinión de los distintos sectores de población sobre la base de muestreos armados con medianía técnica.
Ahora, desde tiendas blancas, criticaron duramente al director de la empresa Cifra, un destacado politólogo, Luis Eduardo González, a quien parece no perdonársele que haya determinado en su trabajo que la opinión pública tiene buena opinión sobre el Presidente de la República. Concretamente se le acusó de estar a «sueldo del gobierno», lo que motivó una aclaración del director de informativos de Canal 12, que precisó públicamente que la encuesta antedicha había sido encargada, en forma exclusiva, por esa empresa periodística.
Los que, como en el caso que relatamos, se lesionan por el resultado de compulsas, no advierten que si las encuestas son el fiel reflejo de la realidad, el camino que les queda es actuar sobre la sociedad para intentar cambiar su visión y no tratar de cambiar el lente que la muestra, porque ese camino es inútil. Lo peor que le puede ocurrir a un grupo político es utilizar a una encuestadora venal, que le haga el juego al líder del grupo, lo coloque en los números como el triunfador de unos comicios o de lo que se trate el trabajo de consulta, cuando en la realidad, en el momento del voto, ello no ocurrirá, porque la realidad en la sociedad será otra y el resultado final invariablemente será el real y no el ficticio, armado a gusto y medida del que pagó.
Pagar a una empresa encuestadora venal será dinero mal gastado, tirado a la calle, que sólo apuntalará los deseos puntuales de algún personaje pero en definitiva no resolverá ninguno de sus problemas de fondo.
Hay otro perfil para analizar el tema. Cuando la inflación, en razón del evidente «recalentamiento» de la economía, ha pegado un salto inesperado a lo que contribuyó también el crecimiento del precio de frutas y hortalizas, y torrenciales lluvias hicieran abandonar sus viviendas a nada menos que once mil compatriotas, muchos de los cuales han perdido todo, que algunos dirigentes políticos, basándose en las afirmaciones de encuestas, comiencen a especular con lo que puede ocurrir en octubre del 2009, es por lo menos una evidente carencia de oportunidad.
Por ello hace bien el Presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez, en llamar a la cordura, a pedir a los que tienen responsabilidades que se dediquen a gobernar el país, resolviendo la problemática acuciante que vive la gente, dejando de lado todas las especulaciones que puedan perfilar candidaturas, reelecciones, etc.
Sin embargo, más allá de eso, nos parece que se debe quebrar una lanza por el trabajo de las empresas que miden el estado de la opinión pública, que tratan de estampar tendencias, indicando cuáles son las preocupaciones centrales de la gente.
Los uruguayos, según los datos proporcionados por la empresa Equipos Consultores, reclaman en primer lugar soluciones para la problemática del trabajo, es el tema que más inquieta y, por supuesto, manifiestan que tienen una buena opinión del gobierno, pero el centro de las preocupaciones son todas de carácter social, y no político electoral.
Por eso nos parece que es tiempo de gobernar y no de hacer política electoral. *
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