¡Atención!: los blancos tienen juventud y son 50 mil

En política se pueden cometer aciertos o errores, pero esos aciertos o errores tienen un significado mayor si están vinculados o no a la participación de la gente.

El pasado sábado, 50 mil muchachos que se sienten nacionalistas y blancos fueron a las urnas para designar a sus autoridades de la nueva Juventud del Partido Nacional.

No es poca cosa, cuando las encuestas dicen que la mayoría de los liceales creen que su futuro está vinculado a la suerte en la lotería o ser descubiertos como estrellas del fútbol o del espectáculo. A pesar de ello, hay decenas de miles de muchachos que apuestan a la política, a la participación, porque creen que hay posibilidades de construir desde la política una nueva realidad, aunque sus fines puedan ser altruistas o no.

Con esta elección el Partido Nacional ha dado un paso de gigante, profundamente democrático, que le hace bien a esa colectividad política pero mucho más bien le hace a la democracia.

Mientras esto ocurre, en el Frente Amplio se discute si un candidato a la Presidencia de la República puede serlo o no, de acuerdo con sus tiempos biológicos y como hay dudas se busca un vicepresidente un poquitito más joven.

Hace pocos días, en otra columna de LA REPUBLICA, escribí que el FA debía ir a una rebaja sustancial de la edad de su dirigencia, con la propuesta de llevar su edad promedio a los 50 años de edad. Toda una propuesta conservadora, pero gradualmente progresista.

Unos días después tuve la desgracia de ver la foto de la Mesa Política del FA que fue a entrevistarse con el presidente Tabaré Vázquez, en la cual los más jóvenes eran Manuel Laguarda y Julio Pérez, que supongo arañan los 60 años (años más, años menos). Los demás superaban esa edad y supongo que su mayor entretenimiento es llevar a sus nietos a pasear por el parque viendo los partidos de la B mientras leen a Lenin o a algún pelotudo que explica lo inexplicable.

Esa imagen es la representación de lo decrépito, de lo antiguo, de lo que ya fue, sin la valentía para dar un paso al costado, más cuando ya están jubilados.

Si la izquierda, que se cree el verso de que los jóvenes están de su lado no reacciona, no sufre el julepe que debió sufrir ante tan impacto, va a quedar sin posibilidades de futuro.

Para la izquierda ha llegado la hora de convocar a los muchachos, no para hacer pegatinas y tareas físicas, sino para que propongan, reclamen y aspiren a tomar el poder porque llegó la hora de tirar todos los días a un viejo por la ventana, por más que sea flor de tipo.

Los muchachos están cansados de tantas canas, de tanto discutir sobre los textos sagrados de la izquierda, a la vez que se sienten frustrados –en el acierto o en el error– porque los dioses de la izquierda, los dioses de sus padres, no le cumplieron con el 4,5% del PBI para la enseñanza.

Otra historia, por cierto más dramática, es para el Partido Colorado que no logra salir de la capa geológica de las zeolitas, que no tiene ninguna iniciativa, ninguna propuesta de futuro, sin conmover a nadie, mientras no puede lograr el quórum para que su Convención pueda sesionar, aunque más no sea para resolver si van a expulsar o no a Mengano y a Sultana porque primó el bolsillo sobre las buenas ideas del liberalismo.

El Partido Nacional, con la reciente elección para construir su juventud, ha ganado la primera gran batalla. Lo dice alguien que ya está fuera de las batallas por el poder, porque en mis hombros van 57 años de edad. Y pesan. Aceptar la realidad o reventar. Si me dan a elegir, acepto la realidad, porque no me gusta imaginarme reventando. Esta es mi forma de sentir del lado izquierdo y no decir que todo va bien. ¿Tá? *

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