Integración y Parlamento Regional del siglo XXI
Podría resultar este un título bastante ambicioso para destacar algunos objetivos estratégicos que se vislumbran en el horizonte continental, a la luz de las últimas cumbres de Jefes de Estado en Córdoba, Cochabamba o la más reciente de Isla Margarita. Esté o no presente en dichas reuniones cimeras el vital asunto político ligado a la matriz energética, parece cada vez más evidente señalar que para profundizar en su consideración o en la coordinación de políticas regionales es menester incorporar niveles de supranacionalidad en la viabilidad de soluciones concretas para materias que atañen a la inclusión social, obras de infraestructura y conectividad, educación y desarrollo de proyectos científico tecnológicos en el campo de una unidad latinoamericana sin excluidos a priori.
Debe valorarse en ese aspecto el esfuerzo del Presidente Chávez en el sentido de no rehuir a sus posiciones ideológicas y justificación histórica de su gobierno, en el desafío de construir para su patria bolivariana y junto a su pueblo, lo que él mismo ha dado en llamar el socialismo de este nuevo siglo.
Es muy gratificante también comprobar que existe intención de no mercantilizar el tema energético y, por el contrario, ligarlo a un proyecto de unidad continental de futuro y posible, cimentado en una comunidad de valores en los que el ánimo de lucro capitalista y la mezquindad no deben prevalecer entre naciones hermanas.
En Bolivia surgen con fuerza nunca antes expresada con tal magnitud en la faz política grupos sociales indigenistas y campesinos, los mineros explotados, quienes son el sustento del Presidente y ex líder cocalero Evo Morales, en contradicción con la Bolivia santacruceña patricia y rica, detentadora del poder económico desde siempre. En el extremo sur de América, Chile y la impronta de una implacable transformación económica gestada ya a sangre y fuego a fines del gobierno militar de la mano de Buchi y los «laboratoristas» sociales de Chicago, ahora presidido por una médica socialista que gobierna en concertación con los otrora adversarios acérrimos de Salvador Allende y la «vía chilena al socialismo».
Lo hace luego de 17 exitosos años de gobiernos democráticos con más y mejor distribución de la riqueza y embarcada en profundas reformas vinculadas a la previsión social, la educación y la participación de la mujer como nunca antes en todas las manifestaciones de expresión y poder ciudadano.
En este fugaz recorrido por sólo tres realidades tan disímiles, ¿cómo es posible homogeneizar objetivos estratégicos, sino haciéndolo políticamente a través de un Parlamento que represente fielmente el multicolor despliegue de sensibilidades y proyectos, mancomunando una voluntad política de transformación y progreso social?
Costaría imaginar, para quienes nos identificamos con la igualdad, la justicia social o la plena vigencia de los derechos humanos y solidaridad entre pueblos nacidos ayer a la vida independiente, que una tarea tan fecunda y de futuro quedara hoy, en esta coyuntura histórica, a la vera del camino. *
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