El índice de inflación en el centro de la atención
C on la reducción de algunas tarifas públicas el gobierno estima que la población comenzará a sentir anticipadamente algunos beneficios de la tan discutida reforma impositiva, y el trago amargo que significa el comienzo de su puesta en marcha, a partir del 1º de julio, será algo más digerible para los alarmados contribuyentes.
Claro, en estos momentos el país se encuentra en el centro de una polémica, y las normas que comenzarán a tener vigencia dentro de cuarenta y tantos días es de esperar que tengan los efectos positivos que anuncia el ministro de Economía, Danilo Astori y que, de alguna manera contribuyan a un reordenamiento impositivo que, evidentemente, hacia falta en el país.
Sin embargo, existen incógnitas difíciles de discernir para los analistas: por ejemplo cómo afectará favorablemente a los consumidores la caída del IVA de un 1% que establece la norma, y la desaparición del Cofis, en el momento en que vive un proceso inflacionario que, según el Informe de Coyuntura del Instituto de Economía de la Universidad de la República se aplacará y el flagelo se mantendrá finalmente dentro de las coordenadas esperadas, pero que en las góndolas de los supermercados está mostrando ahora la desagradable realidad de que los precios se multiplican semana a semana a un ritmo desusado.
Por supuesto que el repunte de la inflación fue previo a los problemas climáticos que luego provocaron que las hortalizas subieran a niveles insólitos y en momentos fuera de toda posibilidad de ser comercializados en el mercado uruguayo. Las presiones inflacionarias que comenzaron a mover los precios se dijo fueron como consecuencia del claro «recalentamiento» de la economía, agobiada por un potente crecimiento del consumo y la incapacidad de los productores nacionales de cubrir la demanda agregada al haberse completado, en algunos sectores, la capacidad ociosa instalada, lo que pareció indicar que los empresarios nacionales son reacios a invertir en máquinas y herramientas que posibilitaran un crecimiento acorde de la producción.
La inflación se produce automáticamente cuando la demanda es mayor que la oferta, fenómeno que se verifica en momentos en que la gente tiene más dinero, como ocurrió en el comienzo del proceso, o cuando se produce una reducción drástica de la oferta, producto de hechos no previstos, como las lluvias permanentes en la zona granjera, que incidieron también para movilizar el índice al alza.
Quizás la suma de factores exógenos fue la que restó efectividad a las acciones antiinflacionarias del Banco Central, que aumentaron el retiro de circulante desde el mes de marzo, luego de la reunión del Copom, cuando se tomó conciencia del recalentamiento de la economía.
Sin embargo, el equipo económico confía en que al cierre del año se cumplirán las metas inflacionarias fijadas y que pese a las presiones existentes no se excederá el 6,5 % estimado. En este misma línea se encuentra la opinión del Instituto de Economía de la Udelar, que sostiene que el flagelo alcista se mantendrá dentro de lo estimado, sin que haya un derrumbe de la política económica en su conjunto, que podría producirse si el cómputo sobrepasara los dos dígitos.
Esperemos los acontecimientos en que habrá que valorar, como decíamos al principio, la puesta en marcha de la reforma impositiva.
Si bien no nos parece que la reducción de ese punto de IVA y la desaparición del Cofis incidirá en una baja de los precios, porque los empresarios tratan de compensar el ajuste salarial de mediados de año, pero como en las zonas inundadas, las aguas volverán a su cauce y, de alguna manera de mantenerse la favorable coyuntura exterior Uruguay comenzará otro período, el de 2008, que será de crecimiento.
Y, lo que resta del año, lo pasaremos sin nuevas convulsiones, mientras las mismas no provengan de hechos inesperados. *
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