Escrito por: H. GERARDO GIUDICE
Viendo en una entrevista televisiva al señor Eduardo Rubio, la sensación que trasuntó fue la de estar frente a un “infantilista de izquierda”, especie de guerrillero en extinción, que parecía caducado a nivel de toda la izquierda universal. Su oposición irracional al gobierno lo lleva a justificar acciones que aplicadas cuarenta años atrás, más que caminos de política parecen hoy rutas demenciales. En su singular modo de barruntar y fomentar una violencia inusitada, hace recordar, por sólo mencionar un hecho entre tantos, al error del “Coco” Peredo en Bolivia cuando en 1970 y en pleno gobierno de Juan José Torres que había volteado a Ovando Candia (represor de Ernesto Guevara) le instaló un foco guerrillero en la zona de Teoponte. Torres, promotor de la creación de primordios de “soviets” en todo el país, debió enfrentar un levantamiento armado que en esencia actuaba en contra de los cambios que se iban promoviendo. Lo de Peredo fue un acto oportunista y antirrevolucionario, pues sabía que un gobierno de izquierda iba a ser benévolo en su represión y, en su miopía, sólo jugó para la derecha. La oposición radical de la “pseudoizquierda” terminó favoreciendo el golpe de Estado de Hugo Bánzer, de ultraderecha, que terminó persiguiendo a dirigentes sindicales, estudiantiles y representantes de los diferentes partidos políticos. Torres, considerado de singular peligro para el imperialismo y sus cipayos, culminó siendo víctima del Plan Cóndor y asesinado salvajemente en Buenos Aires. ¿Quién era el revolucionario? ¿El “Coco” Peredo con su urgencia inentendible o Juan José Torres con su plan gradualista de cambios profundos en un país históricamente saqueado por su oligarquía y el imperialismo? El primero no es una entidad política recordable, a no ser que era hermano del “Inti” y del “Chato” Peredo. El segundo es un mártir latinoamericano que pagó con su vida por luchar por la redención del pueblo boliviano. En sus declaraciones, Eduardo Rubio hace recordar al “Coco” Peredo.
Para ser opositor radical, y a la vez constructor de un ideal posible de lograr, la tarea no es sencilla ni de corto plazo. Eso sí, requiere consistencia ideológica y visión de estadista y no oportunismo ante un gobierno que sabe que no lo reprime. Por ejemplo, Emilio Frugoni fue enérgico y duro con sus adversarios, pero supo ganarse el respeto de éstos y de sus compañeros de ideas. Y lo fue cuando, de hecho, él solo constituía la oposición. No claudicó jamás en su forma de pensar siendo íntegramente socialista y renunciando a todo lo que pudiera apartarlo de su camino correcto. Fue un verdadero fiscal de la oposición, un celoso guardián de los dineros públicos y un guerrero inclaudicable para que éstos fueran destinados a las necesidades de los menos poseídos. Y en ese campo no midió consecuencias. Su enemistad personal con José Batlle y Ordóñez emergió como resultado de una severa crítica que Frugoni le realizara al Presidente de la República respecto al manejo de esos dineros.
Y como muestra de su arrojo en la defensa de sus convicciones recordemos que en la tarde del 18 de mayo de 1934, solo, Emilio Frugoni se enfrentó al dictador Terra, en la propia Asamblea General, cuando éste inauguraba la que gustaba llamar “Tercera República”, a la que don Emilio llamaba irónicamente la “República de tercera”. Cuando Terra va a hacer el juramento de fidelidad en el Palacio Legislativo en un acto preparado por sus sirvientes, firmemente comenzó a gritarle al usurpador del poder: “¡Viva la democracia!”, grito que se repetía ante el solemne paso del dictador. Los palcos estaban completos, allí estaba ubicado el cuerpo diplomático y el hemiciclo estaba desbordante de diputados y senadores, acompañados de decenas de policías de particular, varios de los cuales se arrojarán sobre él salvajemente posteriormente. El dictador comienza a leer su juramento: “Yo, Gabriel Terra, juro por mi honor…”, siendo interrumpido por la voz de trueno de Frugoni, que sin tener en cuenta el peligro que corría expresó: “¡Ese juramento no es válido porque usted ha demostrado que no cumple lo que jura!” Inmediatamente la represión se abalanzó sobre él y con inusual saña lo golpea, dejándole sangrando el rostro. Pero Frugoni ha librado su primera batalla contra la dictadura de la cual se volverá el más temible enemigo.
Pero de su energía y dureza contra sus adversarios sobran manifestaciones. Recordemos alguno a vía de ejemplo. Así, un diálogo en la Constituyente. El diputado Narancio había hecho alusiones directas y agresivas contra las bancadas socialistas, amén de haberlo ratificado en un artículo del diario El Día. Frugoni, con la vehemencia implacable al servicio de sus convicciones, respondió enérgicamente en el mismo diario y expresó en el Plenario palabras alusivas a los párrafos escritos por Narancio.
Frugoni: “Estos párrafos reflejan de entrada y de golpe todo el proceso psicológico del gesto efectista y “pour la galerie” del señor constituyente Narancio …). Un viejo refrán popular dice que es más fácil atrapar a un embustero que a un cojo. Y el señor Narancio es un gran embustero”. Presidente: “Me permito indicar al señor constituyente que trate de evitar los personalismos”. Frugoni: “Acaso lo único que pueda decirse en su descargo es que este es un vicio que le viene desde muy joven”.
Y como muestra ratificadora Frugoni no rehuyó en aceptar un reto a duelo (prohibido por los reglamentos partidarios socialistas) cuando en plena Cámara, y como diputado, puso alto a la actitud agresiva del diputado Pelayo. Frugoni trató a Pelayo de “matón orillero al que no le permitiría llevarlo a ponchazos”. Pelayo le guardaba viejo rencor a Frugoni, por una salida hilarante y punzante de Frugoni que lo había dejado muy mal parado y ridiculizado ante sus pares. Es que en discusión anterior, Pelayo pretendió minimizar una argumentación de Frugoni y expresó: “El diputado Frugoni pega más en la herradura que en el clavo”. Rápido como un relámpago, replicó don Emilio: “Es que no es mi culpa que el señor diputado se mueva tanto”.
Apenas estos recuerdos de la inagotable figura del fundador de la izquierda nacional. De su valor e intransigencia cuando de defender principios se tratare. Y es este el momento en que el país necesita de todos aquellos militantes con intención de construir salidas justas y solidarias para los más necesitados, incluido el señor Eduardo Rubio.
Pero así como Frugoni construyó pacientemente, poniendo ladrillo sobre ladrillo el templo de la redención popular, no es justo que otros se valgan de esos ladrillos para lanzarlos contra las esperanzas generales, atentando y simulando atentados que sólo favorecen a la derecha. *
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