La doctrina inspiradora del Presupuesto quinquenal
Ramón Legnani
Hay una nueva fase del desarrollo de la economía mundial imperialista llamada «de globalización», dice Olesker, que permite el alza de la tasa de ganancia mundialmente, por la combinación de formas de plusvalía relativa y absoluta (tecnología que aumenta la producción per cápita y el deterioro de las condiciones laborales).
El discurso de los centros de poder contiene alusiones permanentes al libre comercio, que en los hechos es mejorar las condiciones de inversión y movilidad de las grandes transnacionales que se han convertido en la unidad básica de la economía mundial.
En las naciones dependientes se reemplaza la política reguladora y de control sobre la inversión por una política que promueve la inversión extranjera, con amplia libertad para la actuación de las transnacionales, que en los hechos deja en mejores condiciones de competitivdad a las empresas extranjeras que a las empresas locales.
La reforma del Estado (su achicamiento) es precedida por su mal manejo de parte de las jerarquías responsables, que no asumen la defensa del patrimonio común y generan desánimo, descreimiento y confusión entre sus dependientes.
Los gobernantes, prescindentes, contemplan inpertérritos las mayores injusticias a las que enfrentan con su eterna cantinela: «el mercado resolverá», y el mercado –templo de mercaderes– reconoce por única regulación la relación de poder, donde los chicos son sacrificados en el altar de los grandes.
Organo y función que no se ejercitan, se debilitan y atrofian. La pérdida de funciones de las estructuras estatales generan un vacío que es ocupado por una actividad privada sin controles, subsidiada y en su mayoría motivada por el interés privado que raramente busca el bien público.
El deterioso de las condiciones de trabajo (deterioso del salario base, aumento de la jornada de trabajo, pérdida de compensaciones salariales, etc.) va acompañado de la difusión de mensajes que promueven la idea de que la situación de los trabajadores depende de ellos mismos.
Al mismo tiempo que el discurso oficial publicita el conocimiento como elemento imprescindible para acceder a mayores oportunidades y mejores condiciones de trabajo, aumentan las dificultades para acceder al conocimiento «in-formador» de la personalidad y se promueve que la mayoría sólo acceda a un «adiestramiento» para operar instrumentos.
Hay desempleo y subempleo y ausencia de derechos sindicales en un contexto de debilitamiento de las organizaciones obreras.
De este modo el Siglo XXI se inicia con la concreción de los modelos preconizados desde mediados del Siglo XX por la Misión Eisenhower y por los voceros de Mont Pellerin.
No hay diferencia evidenciable entre la producción colonial orientada hacia su metrópoli y la situación actual, en la cual se le indica a los países de economías dependientes que produzcan «competitivamente» para encontrar un «nicho» en el mercado mundial. O cuando a tavés de la política crediticia y financiera de organismos internacionales, se decide el uso del suelo: por ejemplo que de agrícola ganadero se pase a monocultivos de eucaliptos.
Este neocolonialismo se reafirma constantemente a través del mensaje ideológico de los medios de comunicación.
Si consideramos que los países de economía dependiente están gobernados por élites que emulan las condiciones de vida de las elites de los países desarrollados mientras el conjunto de la población se sumerge progresivamene en la pobreza y en la pérdida de conocimientos y de capacidad crítica, ambos sectores se torman más vulnerables a los mensajes ideológicos adecuadamente edulcorados; unos por imitación y otros por incapacidad de análisis y respuesta.
Desde décadas atrás, las inversiones priorizadas desde el gobierno se concentran en un estecho margen territorial, al sur del país, creándose un círculo perverso: las inversiones y los proyectos se concentran en las zonas de mayor densidad de población; y, a su vez, las migraciones internas se dirigen hacia donde hay mayor inversión en proyectos generadores de mano de obra. La acentuación de la tradicional despoblación de la campaña y las fronteras solitarias entrañan un real peligro.
La distribución geográfica de la inversión del Estado se establece de acuerdo a la visión del país que tengan los gobernantes.
Los actuales ideólogos del Presupuesto Quinquenal en trámite han apostado tanto al «achique», que pueden llegar a oscurecer aun más el mencionado problema de la desigual distribución productiva y demográfica del país.
* Representante del EP-FA por Canelones
Compartí tu opinión con toda la comunidad