Un 1º de Mayo más, pero distinto
Supongo que descontados los años de la dictadura y los muy tempranos de mi niñez, he participado de unos 40 actos por el 1º de Mayo.
Tenía 4 o 5 años cuando comenzó a llevarme mi padre, llevé a mis hijos cuando pude y el año pasado fui con mis nietos.
Concurrí cuando éramos 5 y otras veces no llegaban a 10 los participantes. Estuve en varias concentraciones en Montevideo, la más emocionante fue la del 83.
Recuerdo otra, en San José, que se hizo en la plaza Arriaga. El doctor Augusto García levantó bien alto una pancarta por Roslik. Había mucha gente.
Este año, en el Día de los Trabajadores, frente a la sede de AEBU, nos concentramos un puñado de personas. Había más gente que otras veces, aunque siempre menos de los que me parece que tendrían que concurrir. Había más banderas de diferentes gremios, porque del Pletrama participan más sindicatos.
Para los trabajadores se vive otro clima. Hay mejores condiciones para la actividad sindical y más posibilidades de diálogo, de organización, de protesta y de lucha.
En el gobierno, donde antes estaban sentados los representantes de las cámaras empresariales, hoy hay ex dirigentes sindicales, asesores de sindicatos, defensores de los derechos humanos.
Este año faltaron muchos de los que van siempre y otros porque ya no están.
Fuimos varios «patrones», aunque no estaban los que trabajan con nosotros.
En San José, el 1º de Mayo es un día muy importante… para el turf. Es un día que no todos lo sentimos de la misma forma.
Este año, en Montevideo se intentó dividir al movimiento obrero entre los que «apoyan» al gobierno y «los que luchan». Y le llaman lucha de clases a romper alguna vidriera… Los que «apoyan» al gobierno lo criticaron duramente. El movimiento obrero uruguayo sigue siendo un ejemplo.
Lo cierto es que se debate y el movimiento sindical dijo algunas cosas que tenía que decir: no se ha hecho lo suficiente, los cambios vienen muy lentos, hay que anular la Ley de Caducidad.
También se hicieron planteos de ese tenor a nivel local y eso no gustó a una parte de la concurrencia. Yo no sé si el tono fue el más adecuado siempre, porque no sé si hay un tono «adecuado». No sé si todos los reclamos fueron justos, porque no se cuánta justicia se puede reclamar «razonablemente».
Vivimos en una sociedad injusta, insolidaria e intolerante. Pero hay un gobierno distinto, muy distinto. Las posibilidades de construir un futuro distinto, son también otras.
Con otras palabras, en otro marco histórico, las viejas consignas que escuché en mis primeros de mayo, ya lejanos, siguen presentes.
Estamos discutiendo la «inserción internacional», «el país productivo» y las «políticas sociales». Antes levantamos las banderas de la nacionalización de la banca y el comercio exterior, la reforma agraria y el no pago de la deuda externa. ¿Ha cambiado tanto la esencia de los problemas?
En América quizá esté naciendo el socialismo del siglo XXI, en ancas de la recuperación de los recursos naturales (Bolivia y Venezuela), de la lucha por la decencia y la independencia (Ecuador). Es la América indígena que se agita para sacarse el yugo de más de 500 años de dominación, a la que se suma la voluntad de cambios de una izquierda dispuesta a revisar todo… menos sus sueños.
Allí vamos nosotros, uruguayísimos, prudentes y vacilantes, por el camino del medio.
Quizá sea el mejor.
«Es fácil ser radical con un patrón de izquierda», dijo «El Pepe». Lo difícil es empecinadamente construir en común, negarse a dejar al débil por el camino y aceptar algún sacrificio cuando nos toca. Difícil es no perder de vista los objetivos, no creer que el camino es nuestro destino, luchar por hacer posible lo que parecía (y se consideraba) imposible. Mantenernos radicalmente convencidos de que justicia y capitalismo son términos irreconciliables.
El Día de los Trabajadores es una oportunidad adecuada para pensar en estas cosas.
Todos los días son adecuados para mantenernos fieles a nosotros mismos. *
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