7 de mayo: se instala el Parlamento del Mercosur
Si siempre es difícil intentar sintetizar en pocas palabras -o poco espacio- temas coyunturales, se podrán imaginar cuánto más lo es cuando se pretende abordar un tema tan complejo, con tantas aristas y de carácter estructural como el de la inserción comercial y diplomática de Uruguay en el mundo. Supongo que es por esas razones que muchos planteos se desdibujan en un absurdo reductivismo, como si los matices no existieran o no fueran válidos; como si todo fuera una cuestión de blanco o negro.
¿A qué viene todo esto? A que este 7 de mayo se llevará a cabo finalmente- la sesión inaugural del Parlamento del Mercosur, cuya sede se encontrará en Montevideo; con todo lo que ello significará en materia de impacto comercial y turístico para la ciudad, y más específicamente para la zona donde se instale la sede física del mismo.
¿Por qué un Parlamento del Mercosur?
Para aquellos que dicen que el Parlamento del Mercosur sería un problema adicional dentro de un proceso ya complicado y donde ha costado coordinar políticas económicas; yo les respondo que, precisamente, las dificultades de coordinación política, de legitimación social y popular de la integración, y las conductas individualistas de los socios; son a causa de la baja calidad institucional del mismo.
El proceso de integración ha sido víctima del propio paradigma, de la propia ideología que le dio vida. El Mercosur, como toda construcción humana, fue un «hijo de su tiempo» y de la ideología de sus impulsores: Collor de Mello, Menem, Rodríguez y Lacalle. Surgió como un proyecto que se limitaba a ser el de una unión aduanera, que impulsara el libre comercio entre los países miembro. La concepción política pasaba exclusivamente por la integración económica, no había un proyecto político, ni social, ni cultural, ni de ningún otro tipo que no fuera meramente comercial.
Se ha tratado de un proceso elitista y cupular, que no ha permitido a la gente «apropiarse» del mismo, vivirlo y sentirlo como propio.
¿Qué podría hacer el Parlamento del Mercosur en ese sentido?: la Ciencia Política describe cuatro funciones básicas de los parlamentos: 1) Representación; 2) Legislación; 3) Contralor; 4) Legitimación.
Este Parlamento serviría claramente en este caso, para cumplir dos de esas funciones: la de representación y sobre todo- la de brindar legitimidad al proyecto de integración regional, al permitir el involucramiento más activo de los ciudadanos, al habilitarse un proceso participativo.
Desde nuestra perspectiva, tenemos al menos cuatro excelentes razones para haber votado afirmativamente la creación de este nuevo instrumento institucional:
Por coherencia: en nuestra campaña electoral y en el programa de gobierno insistimos con la propuesta de una integración abierta y amplia, que fuera mucho más allá de los aspectos estrictamente comerciales; y profundizara los aspectos sociales, culturales y políticos del proceso de integración. La izquierda y el progresismo en general han tenido una fuerte impronta y compromiso latinoamericanista desde sus más remotos orígenes en el país.
Por ello, sostenemos que la institucionalidad no es para nosotros un fin en si mismo; la integración si lo es. La institucionalidad es una herramienta que consideramos útil, valiosa y eficaz para ayudarnos a cumplir ese objetivo que nos hemos trazado: MÁS y MEJOR Mercosur.
La validez del instrumento: siguiendo el razonamiento previo, y tomando al Parlamento del Mercosur como una herramienta institucional, nosotros, si bien compartimos el diagnóstico de las dificultades por las que actualmente pasa el proceso de integración regional, creemos a diferencia de la oposición- que esas dificultades se dan precisamente a causa de la endeble calidad institucional del Mercosur.
Nosotros consideramos que mejorar la calidad institucional del bloque nos brindará un nuevo ámbito donde poder discutir y solucionar las asimetrías y problemas de la integración; pero también un espacio donde se puedan exponer los acuerdos, los puntos en común, los consensos ya existentes o que se puedan forjar.
Visión de largo plazo: al mejorar la calidad institucional, estamos haciendo también una apuesta a una estrategia de integración a largo plazo, mirando por encima de aspectos coyunturales concretos, que muchas veces nos distraen del panorama general y nos concentran en cosas muy concretas.
Voy a repetirlo otra vez para que quede claro: no se trata de ser tan necio como para pretender ignorar los problemas del Mercosur; pero también debemos tener la suficiente claridad mental y capacidad analítica como para ver más allá de las situaciones puntuales que nos afectan, y rescatar las cosas positivas que indudablemente las hay- a lo largo de este proceso que ya lleva 15 años y se dirige raudo hacia su mayoría de edad.
El Mercosur, es además enormemente valorado y considerado afuera de la región; y no podemos ni debemos olvidar que pese a todas las dificultades, sigue siendo el destino de más del 20% de nuestras exportaciones, que el 75% de los turistas que nos visitan son de la región, y que también la mayoría de las inversiones y del abastecimiento energético tienen su origen en países integrantes del bloque.
Ideología: seamos sinceros, todas estas razones están vinculadas y se unen en una visión ideológica que tenemos sobre la integración y como se debe llevar a cabo.
Y no me refiero a ideología en el sentido más cargado y peyorativo del término, si no, a la ideología como un sistema de ideas que nos brinda una explicación plausible de la realidad. Como tal, todos los seres humanos, individual y colectivamente tenemos una ideología; ya que individuos y organizaciones poseen un conjunto de ideas fundamentales mediante la cual construyen su relación con el entorno.
Actualmente, se está dando una interesante lucha que busca cambiar el viejo paradigma fundacional de competencia en la región, por otro de mayor complementariedad y solidaridad. *
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