El impuesto inflacionario es el más oneroso de todos

Sábado 05 de mayo de 2007 | 4:38
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L a actualización de las políticas para lograr el desarrollo homogéneo del país ha determinado que los ingresos obtenidos por el crecimiento exponencial de las exportaciones que van a sectores de la economía que, en general, son reacios a reinvertir en el desarrollo y la modernización de su actividad, casi nunca pudieron ser redirigidos hacia la producción.

Esa es una de las constantes históricas que tiene el Uruguay y como resultado aparecen los bajos niveles de inversión productiva, en donde la industria al llegar a un tope su capacidad ociosa, ha tenido un párate que es otra de las caras del mismo fenómeno, sin que la inversión externa ­ fuera del caso de Botnia ­ haya aumentado de manera significativa.

Por ello los preocupantes niveles de inflación que el gobierno quiere acotar con medidas monetaristas aplicadas por el Banco Central, sacando de plaza por varios medios el dinero que tiene en sus bolsillos la gente en razón de la mejoría de los salarios, fenómeno que fue el que provocó un importante crecimiento en la demanda.

Mientras la oferta de bienes sea menor que la demanda siempre se verificará el proceso inflacionario que, de acuerdo con lo establecido por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se ubicó en abril en el impensado 1,22%, cifra alarmante pues los analistas privados estimaban que no pasaría del 0,62%.

El Banco Central ha tratado de influir significativamente en este sentido controlando la masa monetaria y, por lo tanto, afectando las tasas de interés a la alza, medidas que de acuerdo a la teoría económica reduce el crecimiento en la tasa monetaria, la que es una forma tradicional de combatir la inflación.

El lado negativo de esta política es que puede estancar el crecimiento en la economía y promover el desempleo. Además, recordemos, que desde el 1º de julio habrá otro elemento que provocará un efecto en la misma dirección, el comienzo de la aplicación de la reforma impositiva, que sacará más dinero de la plaza, lo que podría ser otro freno al consumo.

Según los datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en lo que va del año, el aumento de precios fue de 4,58%, levemente por encima del piso de la meta del BCU. En los últimos 12 meses cerrados al 30 de abril, la suba de precios fue de 8,11%, es decir 1,6 puntos porcentuales por encima del techo establecido por el BCU y correspondió al registro más alto desde diciembre de 2004.

En enero, el Indice de Precios al Consumo (IPC) había sido de 1,77%; en febrero 0,61%; y en marzo 0,90%. La fuerte suba de precios de abril afectará el poder de compra de los sueldos, pues los aumentos salariales pueden ser menores al alza de precios en ese mes.

El incremento de precios en abril se explicó principalmente por la suba de los alimentos y bebidas (2,90%) y de vestimenta y calzado (2,52%). En el caso de alimentos, las verduras, legumbres y tubérculos aumentaron 35,27%, destacándose la suba en zanahorias (151,18%), morrones (93,69%), tomates (38,69%), lechugas (37,37%) y papas (33,18%).

Por supuesto que en la medición de abril hubo elementos imponderables, como el mal tiempo, que en buena medida afectó la producción de granja determinando que las hortalizas llegaran a niveles siderales. Sin embargo, los síntomas son también de recalentamiento de la economía, por haber llegado a su fin la capacidad ociosa de la industria que trabaja para el mercado interno y que no compite con ruinosas exportaciones, sin que en el rubro máquinas y herramientas haya habido inversiones significativas que puedan movilizar un aumento de la producción.

Veremos lo que ocurre en las próximas semanas, cuando se ha desatado una evidente puja por el ingreso por parte de los trabajadores de la administración pública que, de obtener sus objetivos, seguramente los dejarán por el camino cuando comiencen a pagar el empobrecedor impuesto inflacionario. *

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