De nuevo la violencia irracional

D e nuevo hechos de violencia inusitados e irracionales ensombrecieron una movilización popular, que debió ser una conmemoración seria en la cual los trabajadores, en coincidencia con la tradicional fecha del 1º de Mayo, plantearan sus reivindicaciones.

Una muy mala señal que está mostrando cómo en el seno del movimiento popular anidan grupúsculos «ultras», capaces de cualquier cosa, y que tienen como forma de expresión la violencia irracional en contra de todas las expresiones constituidas del funcionamiento de la sociedad.

Esta vez fueron una dependencia militar, una comisaría, algunos bancos, comercios y taxis, a lo que se debe sumar la agresión a algunos trabajadores del volante que trataron de defenderse de esa irracionalidad concretada por grupos de personas que ni siquiera dan la cara, porque la encubren con gorros pasamontañas o pañuelos, con el fin de mantenerse en la más absoluta impunidad.

El país está viviendo dentro del marco de una estricta democracia, con plena vigencia del estado de derecho, conviviendo con varios problemas no resueltos que integraron, por supuesto, las plataformas reivindicativas de los dos actos que se realizaron en conmemoración del día de los trabajadores.

En el acto central, organizado por el PIT-CNT, hubo planteos claramente discrepantes con la política económica del gobierno, con la reforma impositiva, se reclamó la derogación de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, etc. El otro acto, organizado por los sectores llamados radicales, tuvo un tono altamente crítico para el gobierno y para el propio PIT-CNT, reiterando también planteos reivindicativos, muchos de ellos similares a los del acto a que nos referimos anteriormente.

Sin embargo, en medio de ambas conmemoraciones, aparecieron los grupos violentistas, azuzados en sus acciones por la carencia de operativos policiales de prevención, y desataron el destrozo. ¿Es que el Ministerio del Interior de nuevo optó por la estrategia del mal menor?

Si fue así, este 1º de Mayo se evidenció que esa estrategia no tiene la más mínima efectividad, porque no resguarda ni los bienes, ni la integridad de las personas, ni las entidades públicas, ni a la propia Policía, por cuanto una comisaría fue también agredida.

Por otra parte, parece evidente que de seguir este in crescendo de violencia en cualquier momento se va a lamentar una víctima que luego lloraremos todos y cuyas responsabilidades no le podremos asignar sólo a los violentos sino también a quienes debieron prevenir los hechos y no lo hicieron.

Quizás se tema que la acción policial sea desmedida, que los agentes del orden se conviertan en los que provoquen el mayor «desorden», como ocurriera en la localidad argentina de Neuquén cuando por una acción policial murió un maestro. Es que la Policía en ocasiones no sabe reprimir el delito, sino «arrasar» a unos y otros sin medir consecuencias.

Pero, si ese es el concepto, lo que falta es entrenamiento, elementos claros de cómo actuar en casos como el que se planteó el pasado martes en el centro de Montevideo que, nunca más, ante la presunción de la acción de estos grupos de «salvajes» debe quedar desprotegida. De lo contrario, ¿qué se pretende? ¿Que los vecinos deban defenderse a sí mismos de esos inadaptados, que los taxistas deban salir armados para intentar que no les destruyan con hierros los vidrios de su medio de trabajo?

Sabemos que son situaciones difíciles las que se plantean pero este tipo de violencia irreflexiva que arrasa con todo tiene que ser acotada, especialmente cuando ni siquiera algunos dirigentes sindicales, de la concentración sindical de corte radical que se reunió en la Plaza 1º de Mayo, cuestionaron esas acciones vandálicas e incluso, en algunos casos, las justificaron. *

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