Un 1º de Mayo con caminos encontrados

E l 1º de Mayo se celebró prácticamente en todo el mundo el Día de los Trabajadores para conmemorar históricamente así los hechos acaecidos en Estados Unidos en 1886 donde se lograron importantes derechos para los trabajadores.

En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV Congreso de la American Federation of Labor, en el que se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada de 8 horas y, si no, se iría a la huelga.

En Uruguay también la conmemoración del Día de los Trabajadores ha sido tradicional constante sólo interrumpida en alguna etapa siniestra del país, por la dictadura, pero que hasta hoy ha reunido con una militante religiosidad a los sectores del trabajo que, de alguna manera, plantean en su acto central las reivindicaciones que impulsarán su lucha en la coyuntura.

Una jornada, la de ayer, llena de reclamos y de perfiles políticos que difieren con algunos que lleva adelante el gobierno progresista, en especial, los referidos con su política económica que, en general, fue cuestionada en el acto central organizado por el PIT-CNT y en el del grupo disidente, que quiso marcar su perfil distinto, pero del que sus participantes, mayoritariamente, engrosaron posteriormente la demostración convocada por la central obrera, como una forma de demostrar que las disidencias coyunturales no alcanzan para separar los caminos de manera terminante.

Ya, durante la visita del presidente de EEUU, George W. Bush, los caminos de cuestionamiento a la misma determinaron dos demostraciones diferentes. Claro, en aquella ocasión los actos no fueron organizados por sectores claramente sindicales, pero sí vinculados con organizaciones políticas que hoy se expresan en una y otra tendencia del movimiento sindical. La existencia de dos actos de 1ro de Mayo en la jornada de ayer fue una contingencia nueva, extraña en la tradición unitaria uruguaya, pero un tema a analizar con especial preocupación porque este fenómeno se verifica cuando se encuentra en el poder un gobierno popular y progresista, integrado por la izquierda uruguaya que por primera vez en la historia desalojó del poder del gobierno a los llamados partidos tradicionales.

En 1886, el presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Como esta ley no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. Llegada la fecha, los obreros se organizaron y paralizaron el país productivo con más de cinco mil huelgas.

El 1 de mayo de 1886, en los Estados Unidos se declararon 5.000 movimientos laborales. Alrededor de 190.000 trabajadores secundarlos la convocatoria de huelga y cerca de 150.000 obtuvieron su demanda con amenaza de paro.

El hecho más dramático ocurrió días después del 1 de mayo, en Chicago, en una manifestación en protesta por la represión por policial durante una de las huelgas un artefacto explosivo provocó la muerte de varios policías. Aunque no se descubrió el responsable, cuatro líderes anarquistas fueron acusados, juzgados sumariamente y ejecutados.

En julio de 1889, la Segunda Internacional instituyó el «Día Internacional del Trabajador» para perpetuar la memoria de los hechos de mayo de 1886 en Chicago. Esta reivindicación fue emprendida por obreros norteamericanos e, inmediatamente, adoptada y promovida por la Asociación Internacional de los Trabajadores, que la convirtió en demanda común de la clase obrera de todo el mundo.

Aquella demostración histórica tuvo un ingrediente central que fue la unidad, tras las cual los trabajadores, lograron imponer su sentida reivindicación. Mártires que año a año se siguen recordando en el mundo entero en cada una de las expresiones unitarias.

La demostración dividida de ayer, pese a que una de ellas fue casi simbólica y la central mostró la contundente fuerza del movimiento obrero, no parece un hecho positivo para el conjunto de los trabajadores y, en definitiva, para el país, ya que por más que se tengan visiones distintas, la ruptura de la unidad hace que la capacidad de negociación de resiente.

Sin embargo es difícil modificar los procesos cuando las diferencias son profundas en las palabras, pero quizás no tanto en los objetivos a lograr. *

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