Gernika – 70 años
Durante miles de años los jefes tribales de un pueblo libre y soberano, el vasco, se reunieron en torno a un viejo roble a legislarse democráticamente. Sus orígenes, perdidos en la nebulosa de los tiempos, pueden remontarse, según geólogos e historiadores connotados, a más de 30.000 años de antigüedad. No centurias, sino ¡milenios! Exageración o no, nada tiene que ver con las demás naciones del entorno europeo.
Su hábitat montañoso y en gran parte gélido los aisló y, presumiblemente, los protegió en sus culturas, costumbres, incluido el idioma, el cual no tiene relación o referencia con ninguno conocido.
Ese árbol añoso, dentro de ese marco, representó y representa emblemáticamente el más puro sentimiento libertario de una raza que hasta su propio y exclusivo tipo de sangre, ORH negativo, tiene y le impone una personalidad democrática de respeto a las soberanías ajenas como a la propia.
Nunca tuvieron ambiciones imperiales de conquista y sus descendientes, incluso en nuestra América, han sido cabeza de movimientos revolucionarios de independencias en las tierras patrias que han ayudado o construido cultural y laboralmente.
Gernika con su árbol era un pequeño poblado de no más de 6.000 habitantes en el que, un 26 de abril de 1937, los hombres estaban en el frente de batalla y sólo lo ocupaban mujeres, niños y ancianos, al mediodía de feria semanal cuando más gente hay, y la población se surtía para subsistir en las montañas, fue arrasado por un bombardeo sorpresivo y criminal de la Legión «Cóndor» alemana, por obvia orden de España, socia de los nazis.
Los germanos mal podían conocer una pequeña población no mayor que nuestra Isla Patrulla o Caraguatá, carente de todo interés militar imaginable. No había fábricas de armas, ni bases militares o pistas de aterrizaje, ni siquiera fuerzas armadas acantonadas circunstanciales que representaran amenaza alguna.
La única razón era su roble, sagrado para los vascos, signo de dignidad libertaria que España odiaba, como imperio constituido. Quedaron sus calles sembradas de cadáveres de inocentes que regaron con su sangre de mártires esa tierra que fuera y seguirá siendo, con su roble, emblema de independencia libertaria democrática.
Paradójicamente, entre los escombros y cadáveres, intacto quedó en pie su roble, con sus ramas elevadas al cielo, como brazos indignados clamando por piedad y misericordia que el imperio cobarde ni siquiera tuvo el coraje de dar la cara mandando a otros a cometer el genocidio, se animó a responsabilizarse.
Si habrán sido culpables de la infamia, que hasta hoy se niega que la famosa obra del genial Picasso, creada en homenaje a sus víctimas, -que ha sido llevada y prestada por todo el mundo-, a ser expuesta por el gobierno imperial madrileño, justamente en el País Vasco.
Se le ha tildado a ese noble pueblo eskaldun de tremendista y terrorista, ¿y no fueron precisamente bandas armadas las que arrasaron la inerme Gernika? Cuando se asuela Palestina, Irak, Afganistán, etc., para quedarse con el petróleo que es propiedad de los árabes, al que incluso en su momento se anotaron los «godos» con Aznar a la cabeza, ¿no es acaso TERRORISMO con mayúscula? ¿Qué fue lo que hizo España en nuestra América exterminando al pueblo azteca, al inca, los araucanos y esclavizando a las restantes poblaciones indígenas, con sus exquisitas culturas rapiñando sus riquezas y producciones sin que nunca hubiesen devuelto la más miserable «peseta»?, ¿terrorismo vasco acaso?
Es muy cierto que los vascos tal vez han cometido excesos en sus luchas libertarias por la soberanía e independencia, producto de toda guerra, revolución o guerrilla ante la disparidad notoria de fuerzas. Pero ¿qué razones pudieron tener los franceses en el Bien Vien Phu o en Argelia e Indochina en general, sin olvidar las más recientes españolas en la campaña africana del Generalísimo Franco y su propia Guerra Civil que sufriera en carne viva la propia Euskadi y no sólo con Gernika?
Ni tampoco pasemos por alto la que preparan los yankis contra Irán, para terminar con sus amados «socios» de apoderarse del petróleo del mundo, eternizando su voracidad de poder. El mundo nada dice de estos criminales terroristas, y distintos gobernantes, incluyendo algunos nuestros que se fotografían con la Condoleezza o dándoles el «saludo» manual, solícitos, humildes y entregados en forma humillante al primer genocida actual del mundo, señor George Bush, Presidente del imperio, con sonrisas de «oreja a oreja». ¡Y llaman a los vascos terroristas! ¡En Gernika jamás se pergeñó un solo genocidio ni depredaciones imperiales!
Los vascos han sabido y aún por cierto lo saben, morir luchando de pie enterrados en la cárcel de Carabanchel y demás mazmorras inmundas españolas y francesas donde son torturados salvajemente los que pueden subsistir. Pero, no obstante, manteniendo la vista fija siempre en su noble y añoso roble, signos de independencia, libertad y justicia social, que ni la muerte ni las torturas les han podido hacer negar. ¡Gora Gernika! ¡Gora euskadi askatasuna! (Viva Euskadi independiente). *
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