Cultura de gobierno
Se trata de la manera en que deben enfrentar los representantes de los distintos partidos políticos cuando ganan las elecciones para ejercer un período de gobierno. Lo importante es que en ese momento se tiene la oportunidad de poner en práctica la filosofía que siempre se consideró adecuada a las convicciones defendidas por el sector político al que se pertenece.
Por supuesto que Uruguay ha transitado todo un período de más de 150 años en los que sólo se conocieron ideas de los dos partidos conservadores, es decir manteniendo aquellos criterios llamados de derecha, que conformaban a muchos compatriotas, mediante el otorgamiento de privilegios o beneficios a un grupo de ellos, pero que perjudicaban injustamente al resto de la población.
Es así que se llegó a conformar una costumbre de gobierno que, ejercida por unos pocos privilegiados, encadenaba al grueso del pueblo. Tanto colorados como blancos sabían muy bien cuál era el camino que les permitía estar siempre en la cresta de la ola. Se estableció que las Oficinas Públicas se convirtieran en Agencias de Colocaciones y de esa manera otorgando puestos se lograban votos para ganar los comicios. Hasta que se agotó la fuente de recursos, por un lado y por el otro la gente se fue convenciendo del daño que se le estaba causando al país y se formalizo un fuerte reclamo por cada hombre o mujer, que no encontraban soluciones con ese tipo de gobernantes. Empezó a tener más incidencia la izquierda en el concierto nacional, hasta que ganó Montevideo primero y luego el gobierno nacional.
Cuando comprobamos las dificultades que ha tenido el Frente Amplio para ejercer la dirección del actual período, debemos reflexionar y analizar las causas de las diferencias existentes entre algunos frenteamplistas.
Este intento lo hago en base a la experiencia que tuve como legislador departamental por Montevideo en el período en el que el doctor Tabaré Vázquez ejerció como intendente capitalino. Fue un hecho catalogado como histórico, ya que fue la primera vez que un gobierno de izquierda iba a dirigir los destinos de la principal comuna uruguaya.
Durante cinco años afrontamos alternativas nunca conocidas que se oponían al resultado que pretendíamos. En principio hay que dejar bien claro que ocupar un lugar para legislar no es lo mismo que sentarse semanalmente en un Comité de Base para acordar lo que indica el programa frenteamplista.
Conocíamos nuestro objetivo, pero para llegar a él, había que cumplir con las exigencias democráticas reglamentarias. Había que luchar con las mayorías requeridas o con los controles antojadizos y permanentes del Tribunal de Cuentas o la Corte Electoral. El Cuerpo se integra con 31 miembros, de los cuales 16 era nuestra mayoría, pero había 15 personas de la oposición, con las cuales se debía convivir todos los días de esos cinco años. El panorama había que darlo vuelta por completo, ya que se venía de una costumbre histórica que estaba cumpliendo un plan muy diferente al nuestro.
Es así que encontramos un camino plagado de dificultades que nos costó mucho trabajo resolver, estaba el tema de la venta ambulante, o el de los clasificadores de residuos, o la concesión de terrenos para las Cooperativas de Viviendas, incluyendo muchos reclamos de los funcionarios municipales que planteaban increíbles historias.
El trato diario con todos los ediles era imprescindible, no sólo con los compañeros, sino también con la oposición, y lograr el mejor resultado y si fuera posible por unanimidad. Como presidente de las comisiones de Presupuesto y Hacienda tuve que resolver de la mejor manera tal responsabilidad, y así se recibían las distintas representaciones, tanto de Adeom como de las gremiales de Casinos o clasificadores, o ambulantes. Fue una lucha titánica que esos 16 primeros compañeros lograron imponer, ya que existía una costumbre de organizar los Congresos de Ediles para hacer soberbias comilonas, bailes y viajes de recreación. Cuando fuimos a Tacuarembó en el primer año y llevamos la cantidad de iniciativas que teníamos, la oposición se miraba asombrada ya que ellos habían ido para otra cosa. Lo mismo ocurría en los Congresos Internacionales, que se aprovechaban para bagayear libremente. Recuerdo cuando fuimos a Asunción que pude observar en el aeropuerto a un curul conservador del interior de nuestro país que se venía con 16 bultos. Eso había que destruirlo y solo se podía hacer mediante la aplicación de nuestra cultura de gobierno.
La diaria intimidad nos permitía descubrir también la ironía que soportábamos cuando escuchábamos las declaraciones públicas de los ediles derechistas que distaban muchísimo de la realidad que habíamos comprobado juntos sobre determinado caso, pero ellos nos explicaban que debían cambiar todo lo visto, ya que si no los sacaban del lugar que ocupaban. Esa realidad había que transformarla y hasta el día de hoy la sufrimos cuando escuchamos ciertos comentarios de la derecha o soportamos la ola de interpelaciones ministeriales sin motivos valederos.
Podemos comprobar que se está utilizando a la Junta Departamental para difundir ciertas irregularidades municipales, pero conviene aclarar que el Cuerpo es el Legislativo montevideano y que no tiene poder de decisión ante cualquier reclamo de fraude y que para ello está el Poder Judicial, donde se deben hacer las denuncias pertinentes.
Al transitar la mitad del camino y al hacer un vistazo a lo transcurrido, es muy provechoso recordarle a muchos lo que ya se hizo y que también hay mucho todavía por hacer, aunque hay que hacerles entender que para lograr los objetivos, hay que tener paciencia y sobre todo unir criterios entre todos para llegar al mejor resultado. *
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