Del neoliberalismo al progresismo
El dirigente indígena ecuatoriano Humberto Cholango dijo: «Triunfaremos los millones de conciencias pobres que necesitamos el cambio y no los millones de dólares pro imperialistas». «Cómo es posible interrogó- que sólo 173 personas sean dueñas de 3 millones de hectáreas de tierra en este país y tengan concentrada la mayor parte del agua de nuestros páramos. Es hora de levantarnos para que esta injusticia termine. El petróleo y el agua deben ser para todos».
Ecuador está en pleno proceso para cambiar sus instituciones. La pelea es por establecer normas constitucionales que permitan encaminar ese país en la senda de la construcción socialista. Es una pelea por ganar conciencias, apoyo y organización que dé sustento al futuro. El domingo, una mayoría aplastante de los ecuatorianos votó «sí» a la instalación de una Asamblea Constituyente.
Bolivia vive un proceso similar y en ambos países las comunidades indígenas son fuertes protagonistas. Luego de más de 500 años de sometimiento ¿han dicho basta y echado a andar?
En Venezuela hay un proceso social, político y económico que busca desde hace ya más tiempo- transitar similares caminos. Y quizá la heroica Nicaragua siga senderos similares.
Desde la isla de Cuba, aunque viejo y enfermo, un líder americano observa lúcido y alienta estos procesos. Aporta sobre todo en el plano ideológico, pero la solidaridad concreta, el ejemplo están allí siempre presentes. La «operación milagro» o la escuela de medicina, la participación de profesionales cubanos en misiones de salud, alfabetización y desarrollo están como ejemplo. La isla empobrecida por casi 60 años de bloqueo que costó a su economía (según Fidel) 800 mil millones de dólares, tiene siempre disponible un gesto generoso hacia afuera. Para los pueblos todos, sin cálculos menores. No importa si es en Bolivia pobre, o en la rica Venezuela; en la Angola lejana, o en los mismos EEUU tan cercanos.
Y en la región otros pueblos transitan otras sendas. Quizá confluyentes. Brasil, Chile y Uruguay tienen gobiernos progresistas. La construcción del socialismo no está en su agenda aunque ideológicamente Lula, Bachelet y Vázquez sí lo son. Definidamente socialistas tejieron, para llegar al gobierno, amplias alianzas que los condicionan.
Reunidos hace pocos días en Chile Bachelet dijo que es necesario «crecer para incluir e incluir para seguir creciendo» (…) «en nuestro proyecto político crecimiento económico sostenido, política fiscal responsable y garantía de ciertos mínimos sociales a los ciudadano es en esencia la tríada progresista». Y Vázquez señaló como desafío «crecer económicamente con justicia social. Generar más riqueza pero también más igualdad, generar más oportunidades para la gente». (…) «igualdad ante la ley, pero sobre todo igualdad ante la vida».
Como no basta «querer» sino que es necesario «poder», parece injusto analizar las diferentes visiones sin tomar en cuenta la realidad de cada país en sus diferentes dimensiones. La economía, los factores culturales, el grado de dependencia, la fortaleza de cada uno para librar duras batallas, realidades distintas para cada líder. Fuerzas políticas distintas también.
Matices de diferencia más o menos importantes ¿impedirán concretar el sueño de una América Latina unida? ¿Y el de una patria grande y socialista?
En algunos países las condiciones para superar la herencia neoliberal, con profundos cambios institucionales que apuntan a conformar un poder popular alternativo, parece posible. En otros del neoliberalismo se transita hacia un «progresismo» que promueve en lo inmediato mejoras lentas, paulatinas, prudentes… el reino de la «responsabilidad».
Quizá no hay condiciones para luchar más batallas, o no hay convicciones para eso.
Las mejoras en el nivel de vida de la gente no han sido espectaculares con ninguno de los dos «modelos», porque las fuerzas de la derecha conservadora y del poder económico trasnacional es por ahora dominante.
Mientras que, más allá de los discursos, las convicciones estén firmes, el rumbo será claro y todos irán en el mismo sentido. Porque el sistema capitalista es reproductor de injusticias, destructor de la naturaleza y prescindente de las condiciones de vida de la gente. Esa es su esencia.
Cuando Astori afirma: «El camino chileno tiene virtudes innegables, que están revelando no sólo que es posible compatibilizar un política económica seria con la búsqueda de la justicia, sino que se está demostrando que la política económica seria es condición para que haya justicia», confieso que no alcanzo a calibrar el sentido exacto de sus dichos.
Morales o Correa, cuando pretenden cambiar la Constitución de sus países y entre otras modificaciones incluyen recuperar los recursos naturales ¿son serios, o no son serios?
Lamento, estimado lector, no poder aclararle qué es «serio» en materia económica y qué no.
Dejé aparte la Argentina y el peronismo. Me parece un país que tiene gestos «revolucionarios» pero no mucha gente de izquierda. Quizá porque el peronismo de derecha mató a muchos peronistas de izquierda, demasiados. El peronismo es Menem, Kitchner y todo lo que cabe al medio.
El debate recién comienza. No hay que temer ser políticamente incorrecto, sólo es necesario ser intelectualmente libre. *
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