El levantamiento del gueto de Varsovia
El 19 de abril de 1943 se levantó en armas el gueto judío de Varsovia. No eran guerrilleros, eran simplemente familias, con madres, padres, hijos, abuelos, novias y esposas, habitantes simples, pero creo que en ese instante se transformaron en «los combatientes».
En plena ocupación europea por el nazismo, con la maquinaria terrorífica alemana, el Gueto de Varsovia (barrio judío obligatorio) finalmente se alzó en rebelión.
Los guerrilleros y patriotas polacos colaboraron con 50 revólveres y 50 granadas, pero el comandante judío del gueto, J. Lewartowski, de origen comunista, que había venido del gueto de Bialistok con Dryer y Meretyk para preparar el alzamiento, cayó con sus compañeros antes del mismo. Un nuevo líder surgió, un simple joven perteneciente a un movimiento juvenil, Hashomer Hatzair, grupo socialista y sionista, luego pionero del movimiento de comunas (kibutzim) en la tierra de Israel. Su nombre era Mordejai Anilevich.
De los 500.000 judíos de Varsovia, sólo quedaban en el gueto 50.000, nadie podría creer lo que pasaba; ¿un holocausto, buscando la exterminación del pueblo judío?
Desde otro gueto llega una consigna: «Créanme, nos están exterminando, levantaos en armas Javerím (compañeros), ellos nos están engañando».
En plena Europa del 43 ocupada por los nazis, donde el ejército rojo había recién obtenido su primera victoria de Stalingrado y Francia seguía ocupada por los alemanes, al igual que una docena de países del viejo continente. En ese entorno surge una noticia al mundo: «En el centro de Europa ocupada, un grupo humano de judíos combatientes, en el gueto de Varsovia se enfrenta directamente a la maquinaria nazi». No era una táctica guerrillera, querían defender la dignidad de su pueblo, sabiendo que iban a morir. Ellos lanzaron la consigna hacia adentro y afuera del gueto: » Nosotros, los judíos polacos, luchamos por nuestra y vuestra libertad. Hermanos, luchad hasta la última gota de sangre, el fascismo no pasará, ¡Viva el pueblo judío!».
Ya tres meses antes, en enero hubo una lucha abierta de tres días, pero en abril con la una unidad política interna se organizaron 50 grupos combatientes, casi sin armas, desde los niños hasta mujeres y ancianos, todos se alzaron bajo la dirección de Anilevich.
Entra el ejército nazi y sorprendentemente es rechazado el 19 de abril del 43, así sucesivamente por tres semanas. En la calle Mila 18, el comando es impenetrable; el gran ejército nazi no puede con un puñado hambriento y maltrecho de judíos.
Se recurre a tanques y a la aviación, las bajas de los combatientes se cuentan por miles, pero no logran tomar el gueto. Resuelven tomar manzana por manzana, pero la resistencia a muerte los lleva a incendiar cada manzana y tirar gases sobre las ruinas, a los 5 meses cae la resistencia, los alemanes tuvieron que pedir ayuda a un segundo ejército. En los cinco meses siguientes, ocurren resistencias aisladas.
Mordejai Anilevich y el comando supremo de la resistencia se hallaban en el búnker de la calle Mila 18. Caen por los incendios y los gases, escapa por las cloacas sólo un puñado de doce combatientes. Los otros se suicidan antes de caer prisioneros.
«Dos semanas antes de su heroico fin, Mordejai había escrito a su lugarteniente, Antek Tzukerman, quien se hallaba en el lado «ario» de Varsovia: «El sueño de mi vida se ha cumplido, la autodefensa judía en el gueto es un hecho, la resistencia judía armada es una realidad. Soy testigo del heroísmo de los sublevados judíos. ¡Esa fue y esa es la victoria!».
Pido silencio, silencio: este es el himno de los partisanos judíos:
Nunca digas que esta senda es la final, el gris y plomo cubrió el cielo celestial.
El momento tan ansiado llegará y el sonar de nuestra marcha retumbará.
No es un canto alegre, es el canto de fusil, no es tampoco un canto de pájaro en libertad, es canción de un pueblo obligado a sufrir, que con sangre y plomo su verso lo escribirá.
A estas estrofas cargadas de grandeza, heroísmo y muerte se le sumaron luego otros 17 guetos, que se levantaron y se registran más de 650 actos de arrojo y resistencia judía.
Hago un homenaje como decía un escritor «A mis Gloriosos hermanos», pero este grito es mucho más que un grito de judíos oprimidos, es el grito que parte desde Espartaco a Vietnam, desde Gandi hasta Artigas, es Guillén con la poesía La muralla, son los compañeros, nuestros torturados y asesinados en la dictadura. Los 50.000.000 de muertos que costó la segunda guerra mundial, 6.000.000 de ellos fueron judíos (un millón de niños). El escritor Bialik, sin referirse a holocausto en una poesía, dice: «Dios nos ha traído una matanza y una primavera. Mi compañero Rufo, observante, frente a nuestra pregunta ¿y Dios? él responde «Dios estuvo ausente, no estuvo». Con Bialik podríamos reinterpretar un holocausto y la reconstrucción del Estado de Israel.
Por eso NUNCA MAS, no olvidar, no perdonar y no a la impunidad. *
PD: Contra el terrorismo fundamentalista islámico y contra los halconesisraelíes, sólo por el hombre.
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