Lenguaje y discriminación

Tuvo lugar el pasado jueves 19 en la sede del Ministerio de Educación y Cultura una mesa redonda y posterior debate sobre el tema «Hacia un uso no discriminatorio del lenguaje».

El acto fue organizado por la Dirección de Derechos Humanos de dicha cartera de Estado, en el marco de una campaña que viene desarrollándose con intensidad para combatir un mal social del cual la mayoría de la población no tiene plena conciencia. Fuerza es reconocer que son varios los organismos estatales desde los cuales se denuncian prácticas discriminatorias y se diseñan políticas destinadas a combatirlas y erradicarlas; en el Parlamento, en las Juntas Departamentales, en las intendencias hay comisiones, direcciones, áreas, departamentos, etcétera, que se ocupan específicamente del asunto con entusiasmo parecido.

Si vamos al diccionario, encontramos que el verbo discriminar significa, en su segunda acepción: «dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etcétera». Habría que incluir, en ese «etcétera» con que finaliza la definición del diccionario de la RAE, la discriminación de que son víctimas las mujeres y también la que afecta a las personas cuya opción sexual se aparta de los cánones normalmente admitidos.

La mayoría de los uruguayos tal vez crea, de buena fe, que en nuestro país no existe discriminación alguna desde el momento en que la misma está proscripta en numerosos textos legales. Sin embargo, el mero hecho de que las mencionadas reparticiones estatales deban continuar ocupándose del asunto y en la medida en que el tema es motivo de debate y de reflexión entre los parlamentarios también, debemos colegir que esas bonitas declaraciones igualizadoras y antidiscriminatorias muchas veces quedan en el papel y en las buenas intenciones de los redactores de leyes, y que la vida cotidiana desmiente esa visión idílica que tenemos de nuestra propia sociedad a la que atribuimos una imagen integradora y solidaria que la realidad se ocupa de poner en tela de juicio.

El lenguaje, como herramienta de comunicación entre los miembros de una sociedad, refleja las pautas culturales que ésta se ha dado, sus estereotipos, sus valores, sus fobias; es por tanto una de las formas más nítidas de descubrir los rasgos salientes de la mentalidad media predominante en la comunidad. Es así que los uruguayos empleamos a diario un sinfín de vocablos, expresiones, refranes, frases hechas, que denotan claramente prejuicios o menosprecio hacia determinados miembros de la sociedad.

La fuerte impronta machista de nuestra comunidad se manifiesta en un lenguaje sexista que soslaya la presencia de las mujeres al atribuir universalidad al género masculino lo cual hace que las mujeres (más de la mitad de la población) deban incluirse en los plurales masculinos.

El racismo también está presente en nuestra habla cotidiana por medio de locuciones que denigran a las personas afrodescendientes al brindar de ellas una imagen estereotipada que las hace aparecer como ignorantes, indolentes e intelectualmente inferiores.

En fin, queda mucho camino por recorrer, pero debemos saludar la plausible acción desplegada por la Dirección de Derechos Humanos del MEC tendiente a modificar o desterrar ciertas pautas lingüísticas que promueven la discriminación. *

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