La responsabilidad en el encuentro de Madrid

A pocas horas de que las delegaciones de Argentina y Uruguay se encuentren en Madrid para comenzar un diálogo con agenda abierta a fin de encontrar una salida al largo y absurdo conflicto por la construcción de la planta de la empresa finlandesa Botnia en Fray Bentos, es hora de poner nuevamente las cosas en su lugar y, de alguna manera, mucho más allá de las pequeñeces de algunos pocos, revalorizar los lazos indisolubles que unen a los dos pueblos.

Desde el fondo de nuestra historia argentinos y uruguayos hemos tenido destinos comunes, construido una cultura llena de elementos que acercan a las dos orillas y que, objetivamente, han revalorizado creaciones de uruguayos que de lo contrario no tendrían hoy la difusión que han logrado en el mundo entero.

En la música, en el teatro, en las artes plásticas, en el dolor y la muerte, en la solidaridad, en la lucha en contra las dictaduras, etc., los pueblos de los dos países se han unido en realizaciones comunes y hoy mismo, cuando los dos gobiernos, de manera poco clara, se encuentras enfrentados en un conflicto que si no se reducen las pretensiones de unos y de otros, cediéndose mutuamente, la situación planteada no tendrá salidas, es que la legislatura porteña le otorga a un destacado uruguayo, que hace gala siempre de su condición y que además se ha manifestado favorable a la posición uruguaya en este conflicto puntual, el título de «ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires» Nos referimos a Víctor Hugo Morales, un profesional del periodismo, nacido en Cardona que hizo el grueso de su carrera en Buenos Aires.

Y podríamos adentrarnos en la historia misma de las dos culturas. En las obras de Juan Manuel Blanes diseminadas y admiradas, siendo algunas de ellas motivo de peregrinación, en distintas zonas de las provincias de Entre Ríos y Corrientes. De Florencio Sánchez, el gran dramaturgo, que triunfó por el espaldarazo teatral dado en la vecina orilla que lo adoptó como un autor suyo y estrenó una tras otras todas sus obras. De Horacio Quiroga, de Francisco Canaro, el músico maragato, que enmudeció la noche porteña con una orquesta que durante un buen tiempo estuvo en los primeros lugares y, todavía, es recordada por muchos de los memoriosos del tango.

Hace pocas horas el ministro de Turismo, Héctor Lescano, presentó al tango La Cumparsita, como una especie de sello musical que identifica a los uruguayos y que se hizo famoso, debemos reconocerlo, por las versiones inolvidables de algunas orquestas argentinas, que valorizaron la obra de Matos Rodríguez y la pusieron en consideración del mundo.

Los dramas también nos hermanaron. Ayer mismo por una radio bonaerense el hijo de Jacobo Timerman, el fundador y director del paradigmático diario La Opinión, cuando se cumplía otro aniversario de su secuestro por parte de la dictadura argentina, que lo vejó y torturó, al recordar a su padre también lo hacía con otra gente del diario que había seguido la misma o peor suerte, como Zelmar Michelini, que trabajaba en él como periodista y uno de sus brillantes secretarios de redacción, Fernando Toja, que también debió pagar a sangre y fuego su concepción democrática del periodismo y de la sociedad.

Podríamos seguir adelante con infinidad de elementos que demuestran la unidad fraterna de los dos pueblos, los lazos comunes que nos hacen distintos, pero iguales en muchos aspectos, y siempre con relaciones fraternas.

Por ello entendemos, por todo este bagaje cultural y político mutuo, es un peso para tener en cuenta en esta ocasión y, que el miércoles en Madrid las dos delegaciones deben tratar de acordar salidas dentro de la lógica, sin intentar de imponer absurdos y que imperen los personalismos sobre las necesidades comunes de los pueblos.

Argentinos y uruguayos estaremos vigilantes, reclamándolo. *

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