La última ola
Raúl Legnani
A diario la izquierda pierde la batalla ideológica en nuestro país. Este 2000 parece ser la contracara de la década de los ’60 en materia de debates y de difusión del pensamiento. La ofensiva está en manos de los intelectuales orgánicos de los partidos tradicionales.
Si bien el sector académico vota mayoritariamente al Encuentro Progresista, su influencia en la política es cada vez menor. Los intelectuales progresistas de hoy, que aún no se recuperan de su hemiplejia por la crisis del pensamiento marxista y de izquierda a nivel mundial y nacional, parecen no querer volver a cometer el error de opinar sobre todo dando respuestas para todo. Pero en ese despegue de aquel pasado se atrincheran en su academia y hasta que no tienen productos terminados, no los hacen públicos ni los ponen a consideración de su potencial auditorio. Mucho menos intentan dialogarlos con el político, que por lo general desconfía de ellos.
Entre las universidades privadas y los distintos seminarios, foros y encuentros que se realizan en nuestro país –sólo alcanza con leer la agenda de uno de los principales hoteles que brinda espacios a esos eventos–, se puede afirmar que hay más de diez actividades diarias en Montevideo, donde se difunde y se construye ideología y propuestas para la sociedad, por intelectuales que no se salen del esquema de las privatizaciones, el rol del mercado, la libertad de enseñanza, los capitales de riesgo, el papel de la banca financiera y otras aseveraciones.
Mientras esto ocurre son muy pocos los espacios que ha sabido crear la izquierda, espacios y escenarios de reflexión o de participación en los ya creados por la propia sociedad, particularmente joven.
En este marco el doctor Tabaré Vázquez ha impulsado la creación de talleres para analizar y reflexionar sobre la actualización ideológica del progresismo. Una idea que surgió «desde arriba» y no «de abajo» , en tanto que no se escucharon reclamos de sus bases en ese sentido, seguramente porque las olas renovadoras en la izquierda se fueron produciendo de a una y desarmadas también de a una por los sectores más ortodoxos y las inercias mentales.
Ahora Vázquez no tiene al «ejército» completo y ordenado de la actualización –como pudo haberlo tenido si todas las renovaciones hubieran coincidido en el tiempo– , pero sabe que se ha dibujado en el horizonte una nueva realidad con la asunción de Manuel Laguarda como secretario general del PS y la consolidación del inagotable pensamiento removedor de José Mujica. Dos factores que pueden llegar a despertar a otros sectores más proclives al libre pensamiento, como la Vertiente Artiguista, Asamblea Uruguay, la Corriente Popular y la Alianza Progresista.
Lo interesante, además, es que a ese debate no lo encierra en los textos sagrados de la izquierda, sino que los hace coparticipar con otros pensamientos y otros actores, al invitar a la reflexión a personalidades de otras fuerzas políticas.
Da la impresión de que Vázquez, un dirigente con amplia capacidad para manejar los tiempos, ha comprendido que es en los próximos 18 meses que se debe lograr una nueva cultura de izquierda, para poder competir con éxito en las elecciones nacionales de 2004. Es que el tema de las mayorías nacionales –ese 50% más uno necesario con balotaje o sin él– no es sólo un problema de voluntad y de astucia política, sino que tiene que ver con que la izquierda comience a influir de igual a igual con la derecha en el plano ideológico, a la vez que se construye una identidad renovada.
Habrá que ver si Vázquez puede llegar hasta la otra orilla y con cuántos, en esta materia de la actualización. Lo cierto es que ya se tiró al agua y comenzó a nadar en la última ola de la renovación de la izquierda. Pocos metros más adelante ya se auguran algunas tormentas. Veremos.
* Periodista
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