La necesidad de políticas anticíclicas
El Uruguay es un país con modos de producción todavía vetustos que determinan los escandalosos vaivenes de precios en las góndolas de los supermercados, como está ocurriendo con las hortalizas, en razón de estructuras productivas perimidas, las que siempre dependen de las alternativas del clima.
Pero ello no sólo pasa en la granja, también ocurre en la producción agropecuaria, cuando la falta de pozos suficientes para conservar el agua de una estación a otra determina que no se puedan sortear con niveles de seguridad los vaivenes estacionales y el ganado, producto de exportación que hoy se encuentra en el primer lugar de las ventas al exterior, siempre esté atado a las situaciones ajenas a la voluntad del hombre y a las necesidades productivas del país.
En el mundo hay muchas regiones que han podido superar estas situaciones, convirtiendo desiertos inhóspitos en vergeles, y otros que han logrado una alta estabilidad en la producción pecuaria simplemente porque han llevado adelante políticas anticíclicas inteligentes, de invertir en pozos artesianos, regadío, mejoras de todo tipo, como refugios para la producción intensiva de hortalizas, y no en otras lindezas, cuando la corriente económica es favorable. Sabemos, que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca tiene la cosas claras y busca tecnificar la producción, dejando atrás muchos métodos totalmente perimidos que han determinado en estas semanas que lluvias abundantes y desusadas para la época provoquen una reducción en la producción de algunos elementos de la canasta familiar y las amas de casa se alarmen cuando se enfrentan a los precios, como el de las zanahorias, que han llegado a la friolera de 80 pesos el kilo.
Los resultados de nuestra producción agropecuaria siempre son azarosos, vinculados a contingencias ajenas a la producción misma y, menos aun, a las necesidades del país. Actualmente el mundo vive una situación positiva en materia de comercialización de comodities, cuyos precios se han ido incrementando, por la presencia en el mercado mundial de dos colosos que siguen creciendo y que tienen todavía zonas importantes que abastecer: China e India. También el país tiene una situación muy positiva con la venta de carne al exterior, que es lo que todos sabemos, producto de una serie de factores internacionales que se fueron dando y que han posibilitado que nuestra producción –a lo que se debe sumar el esfuerzo del gobierno– se coloque a muy buen precio. Sin embargo, los uruguayos tenemos experiencia en habernos montado en estas olas positivas, llenando de divisas el país pero, como vislumbramos ahora, sin tomar recaudos para las épocas de reflujo que, de acuerdo con la teoría económica, pueden mitigarse y hacerse menos dramáticas si se llevan adelante inteligentes políticas anticíclicas, pero de ninguna manera evitarse.
Esta frase no es producto de una elucubración nuestra ni de una fantasiosa visión de la realidad, sino producto de la experiencia acumulada estampada en la teoría económica que afirma que la crisis siempre es la continuación de los períodos de auge y en esto, seria de buena conducta adoptar las providencias necesarias, para hacer menos doloroso el futuro. De lo contrario, ¿qué va a hacer el país quedando indefenso ante esos vaivenes del mercado mundial y atado a su suerte, por carecer de una metodología productiva moderna, intensiva que lo ponga a resguardo de las contingencias naturales?
Un buen ejemplo odioso de lo que nos ocurre año a año es lo que tiene que ver con la producción de energía, que sigue dependiendo de una producción en ocasiones insuficiente (en los períodos de sequía), y cuando ocurren precipitaciones pluviales con altos guarismos, el exceso de agua también es imposible de almacenar en toda su magnitud en los embalses de las represas. ¿No falta previsión? ¿Cómo no se han buscado caminos para la producción energética, que sin contribuir a la afectación de la capa de ozono solucione los problemas energéticos? Porque no es una solución permanente ni valida ser dependiente en materia de energía, cuando el mundo se dirige hacia la producción limpia, de bajo costo, con la que algunos teóricos de la energía no concuerdan, quizás, porque el precio del peaje energético es un gran negocio para algunas empresas.
Esperemos que estas reflexiones no sean en vano y que entre todos veamos cómo sustentar el modelo económico. El camino que queda por delante es la inversión en capacidad instalada que, obviamente, dejará atrás una vieja costumbre uruguaya: las políticas pro cíclicas. *
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