¿Cabeza de ratón o cola de león?

La crisis financiera de 1982, el salto de la «tablita», para nuestros militares fueron las «Malvinas uruguayas». El principio del fin de la cara militar del proceso. Es claro que, en el 83, la verdad de la milanesa, no fueron los militares los que salieron, sino los civiles los que entraron al Club Naval, haciéndose cargo de la continuidad de la política económica del proceso.

Luego, ya en plena carrera electoral, en aquellas elecciones rengas, con presos y proscriptos políticos, vimos con horror comprometerse ante cámaras de TV a los tres presidenciables a mantener la política económica pagando un «seguro de vida del proceso», un tributo «San Mercado», para que los dejaran ir al botadero.

La crisis de 2002 terminó con la coalición rosa, que diera consenso democrático a las políticas económicas del proceso. En 1994 el pueblo oriental desborda el corralito electoral del balotaje, ideado para mantenerlo en el redil. ¿Logramos zafar al fin, o nos pialaron nuevamente a la salida?

El 1º de marzo no pudimos ver al presidente uruguayo, debido al mal tiempo, en cambio sí vimos al presidente argentino hacer su presentación anual ante el Congreso de la República Argentina. Y nos dimos cuenta de algunas cosas:

a) Que en la Argentina «el proceso» ha terminado definitivamente. La profunda crisis sirvió para poner fin a la política económica impuesta a sangre y fuego por liberales del proceso.

Argentina, con el auxilio de Brasil y Venezuela, se libera totalmente del Fondo y sus recetas siniestras, que la sumieran durante medio siglo en crisis recurrentes, especie de «paludismo económico», que llevó en 2001 al país al borde de su disolución política.

b) Que en Uruguay la «clase política» sigue manteniendo el mismo diseño económico inaugurado bajo el proceso cívico militar: monetarismo importador, un sistema financiero orientado a la importación de bienes de consumo, dilapidando las divisas del país en bienes suntuarios importados, origen del crónico déficit en las balanzas de pagos, y no en la reactivación industrial interna. Mantienen al país encorsetado monetariamente, con el cuco de la inflación.

En cambio, nuestros vecinos argentinos rápidamente han recuperado su capacidad industrial ociosa, ganando su industria espacios en su mercado interno y regional, gracias a una correcta política monetaria que defiende su competitividad. Mantienen una moderada inflación que obliga a la inversión productiva, reactivando el mercado interno.

c) Los dirigentes orientales siguen llorando el proteccionismo de los países industriales. Añoranzas de viejos cipayos del imperio inglés, y su división internacional entre países proveedores e industriales.

Este gobierno argentino protege a los suyos. Reinvierte los excedentes de precios por medio de detracciones a la exportación, defendiendo su trabajo e industria. Exporta sus materias primas en forma de productos industriales procesados: el 80% de los granos argentinos son exportados en forma de aceites o de harinas. En cambio Uruguay arruina su industria molinera exportando a granel.

d) Argentina se integra plenamente al Mercosur. Va camino a una complementación agroindustrial con Brasil, a la integración energética regional con Bolivia y Venezuela. Argentina diversifica su mercado exterior de productos industriales.

Uruguay coquetea con Estados Unidos, tras un régimen de exportación de «commodities», o sea productos de bajísimo valor integrado, reptando políticamente en busca de acuerdos mercantiles que le permitan que nuestros productores agropecuarios sigan subsidiando a los «farmers» norteamericanos. ¡Nuestras exportaciones de carne ayudan al Estado estadounidense en la captación de recursos para la defensa de sus productores!

e) Argentina ha logrado, tal vez por primera vez, integrar los diversos intereses internos, del trabajo y del capital, con claro sentido nacional.

En Uruguay la clase mercantil aspira a ser «zona franca» de la industria asiática o plaza financiera de los cacos de la región. Un proyecto de país ramplón, Montevideo «la Bruselas del Plata», del delirio del último Batlle.

Verde estancia del forestal Lacalle, que seguirá expulsando a su gente joven. Apostando a mejorar el superávit fiscal, contando con las podas que las inexorables parcas hacen entre los jubilados.

Hace medio siglo que avanza triunfante en el país la cultura de la negación de la vida: 35 mil nacimientos no alcanzan a cubrir las bajas de esta «guerra interna» no declarada. La maternidad se suicida en 32 mil abortos anuales. De los mejores, jóvenes sobrevivientes, emigran no menos de 16 mil por año…y aún sobra un millón de pobres. ¡No hay lugar para todos en el Gibraltar del Plata!

Hay que elegir entre ser «cabeza de ratón», pequeña republiqueta oligárquica, propuesta de país que «desocupado se vende o alquila». O «cola de león», del jaguar americano que despierta en lo profundo de nuestra América. *

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