Un imperativo, cuando la humanidad se juega su destino

No es un tema menor el del calentamiento global del planeta y no es justo que, graciosamente, en nuestro país algunas empresas sigan pensando en poner en marcha centrales de producción de energía en base a combustibles altamente contaminantes, cuando a cada paso, en cada sector, en cada grupo humano deberíamos comenzar a estudiar soluciones que impidan que a mediano plazo el planeta Tierra sea inhabitable para el ser humano.

Para Uruguay el futuro del planeta, aunque hoy suene como un tema lejano, es un desafío. La humanidad está claramente en peligro y es evidente que cada cada país, empresa o lugar, y cada persona tiene que hacer consciencia sobre lo que significa el calentamiento global, cómo está actuando el hombre en contra de sí mismo, quebrando el equilibrio de la naturaleza, propiciando un cataclismo que esta comenzando a verificarse.

Hace pocos días expertos en clima de todo el mundo publicaron en Bruselas un alarmante diagnóstico de los graves efectos del calentamiento global, tras una noche de discusiones en la que diplomáticos de varios países ­principalmente Estados Unidos y China­ cuestionaron las conclusiones alcanzadas por los científicos, quienes alertaron sobre los devastadores efectos de sequías, inundaciones, pérdidas de cosechas, huracanes y enfermedades tropicales.

El informe, realizado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), advierte que América Latina podría perder el 50% de sus tierras agrícolas hacia 2050, lo que constituye una grave amenaza para la seguridad alimentaria de la región.

En su estudio, el IPCC destaca también otros alarmantes fenómenos a escala mundial: nadie escapará al calentamiento global, que golpeará sobre todo a los más pobres, y si la temperatura aumenta más de 2 o 3 grados con relación a 1990, entonces habrá «impactos negativos en todas las regiones» del mundo, lo que conllevará la extinción de entre 20% y 30% de las especies animales y vegetales.

Antes del año 2080, estiman los expertos en su informe de 1.400 páginas, hasta 3.200 millones de seres humanos estarán expuestos a una severa escasez de agua y 600 millones al hambre debido a las sequías, la degradación y la salinización del suelo. Cada año, entre dos y siete millones de personas sufrirán el azote de las inundaciones, principalmente en las costas donde la presión demográfica se acentúa y en los grandes deltas de Africa occidental, de Asia o del río Mississippi.

Paradójicamente, las «poblaciones pobres», incluso en sociedades prósperas, son las más vulnerables al cambio climático, subrayaron los expertos en la rueda de prensa. Los países ricos son los que más contribuyen a la degradación de la ecología, pero a su vez son los que más recaudos toman para hacer frente a los más que posibles cambios climáticos violentos.

En ese sentido, América Latina podría perder el 50% de sus tierras agrícolas en los próximos 40 años. Para 2050, la mitad de las zonas cultivables podrían verse afectadas, afirman los autores, con un grado «elevado» de certeza, exponiendo a «decenas de millones» de personas al hambre y a entre 60 millones y 150 millones a la reducción del acceso al agua (hasta 400 millones en 2080).

Al mismo tiempo, el aumento del nivel del mar amenaza a numerosas ciudades. La degradación continua de cinturones de manglares y arrecifes de coral tendrá consecuencias negativas para la pesca así como para el turismo. Los investigadores esperan que se reduzca la pesca en los grandes mares. Y podríamos seguir reseñando aspectos del informe de este tema capital para la humanidad, que empaña y reduce casi todos los demás. Es hora de tomar conciencia del cataclismo a que la humanidad está expuesta, que está comenzando a verificarse (tsunamis, sequías, inundaciones, cambios climáticos, desaparición de especies vegetales y animales, etcétera). Brutales contingencias producto, todas ellas, de la acción del hombre, del brutal ataque a la capa de ozono, de la tala indiscriminada de los grandes bosques, de la creciente quema de los derivados del petróleo y del carbón, en definitiva, de las costumbres impuestas por una forma de vida hoy globalizada en la que el consumo es rey y el lucro no tiene en cuenta ni siquiera los límites naturales.

Quizá para Uruguay, por su pequeñez, sea demasiado tarde. Pero igualmente sería correcto dar un ejemplo de cordura adoptando medidas ejemplares, tratando de producir de manera limpia, evitando la polución, buscando soluciones para el gasto desmedido de combustibles fósiles y contaminantes, etcétera.

Es un imperativo, porque la humanidad se juega su destino. *

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